sábado, 4 de febrero de 2012

CUIDADOS PARA SU DIAMANTE


Los diamantes necesitan ciertos cuidados si se quiere 

mantener al máximo su brillo. Un diamante limpio no 

sólo reflejará mejor la luz, sino que incluso parece más 

grande que otro que haya sido “apagado” por aceites 

corporales, jabón, cosméticos o grasa de la cocina. Los 

diamantes tienen una cierta afición por la grasa y deben 

limpiarse una vez al mes para que continúen brillando lo 

máximo posible.


EL BAÑO DE DETERGENTE: 

Prepare en un pequeño recipiente una mezcla de agua 

jabonosa con cualquier detergente líquido suave. Cepille 

las piezas delicadamente con un cepillo de dientes 

mientras se encuentran en el líquido. Páselas a un 

colador y aclárelas bajo el grifo con agua templada. 

Seque con un trapo suave y sin pelusa dándoles 

golpecitos.


EL REMOJO EN AGUA FRIA: 

Prepare en una taza una solución al 50% de agua y 

amoniaco(llamamos este líquido "TUFO"). Deje el 

diamante en remojo 30 minutos. 

Sáquelo y golpee ligeramente alrededor de las partes 

posterior y frontal del engaste con un cepillo pequeño. 

Vuélvalos a sumergir en la solución y escúrralos sobre un 

papel. No necesita secarlos.


EL METODO DEL BAÑO RAPIDO: 

Compre uno de los líquidos utilizados por los joyeros para

 la limpieza de joyas y siga las instrucciones.


ALGUNOS CONSEJOS PARA UNA CORRECTA CONNSERVACION: 

El diamante no debe entrar en contacto con lejía (agua Jane) mientras se hacen las tareas domésticas. La lejía no dañará el diamante, pero puede picar o decolorar el engaste. 
No se debe llevar puesto el diamante mientras se hace algún tipo de trabajo duro o se friegan los platos. 
Aunque los diamantes son resistentes, pueden astillarse si reciben un golpe fuerte en su veta. 

No se deben guardar las piezas que lleven diamantes juntas en un cajón o un joyero, ya que los diamantes pueden arañarse entre ellos o incluso rallar otras joyas. 

Lleve sus diamantes por lo menos una vez al año al joyero para que él los revise, así podrá comprobar si la sortija tiene el engaste flojo o si presenta muestras de desgaste. 
Además, podrá aprovechar esa visita para que le limpie los diamantes de una forma profesional.

DIAMANTES DE COLORES

DIAMANTES DE COLORES: También hay un reducido 

número de diamantes que presentan unas coloraciones 

especiales, de intensidad variable, gran belleza y 

elevada cotización. Estos diamantes se conocen con el 

nombre de diamantes de “ olor fantasía” o “fancies”: 

amarillos intensos, anaranjados, marrones rojizos, 

verdes, rosas, malvas, azules, etc.


Diamantes amarillos:


Los diamantes con coloración amarillenta son 

extremadamente corrientes, variando la intensidad de un

tono muy pálido, difícil de percibir, hasta un intenso 

color amarillo paja.


Diamantes marrones:


Posiblemente esta sea la coloración más corriente. Al 

igual que los amarillos varían de tonos muy pálidos a 

oscuros intensos. Algunos pocos muestran una coloración 

anaranjada o rojiza fantasía, de gran belleza y elevado 

precio.


Diamantes verdes:




Se trata de diamantes excepcionales que presentan 

tonos muy pálidos y poco uniformes. Son rarísimos los 

que muestran un grado de intensidad media y no existen 

con coloración intensa.


Diamantes azules:




Son también rarísimos, especialmente los que presentan 

coloraciones intensas.


Diamantes rosas y malvas:

Con el descubrimiento del yacimiento australiano Argyle 

comienzan a proliferar los diamantes rosados, hasta este 

momento muy raros. El color de estos diamantes 

australianos suele estar mezclado con tonos marrones 

pálidos o una coloración malva, púrpura, violácea o 

rojiza.


El diamante rojo es casi inexistente.





Diamantes de otros colores:


Los diamantes grisáceos son bastante corrientes, no así 

los diamantes de color negro que se caracterizan por su 

escasez y suelen ofrecerse a los coleccionistas.




Diamantes famosos de color fantasía:


Entre los numerosos diamantes amarillo los más conocido 

son:


TIFFANY: Descubierto en una de las principales minas 

sudafricanas de la zona de Kimberly hacia 1877. Su peso 

alcanza los 128.51 ct., pertenece a la compañía que le 

dio nombre y desde hace muchas décadas se le puede 

ver expuesto en la famosa joyería con sede en Nueva 

York.



HORTENSIA: Esta piedra de color anaranjado rosa 

depende de la luz  es de 20.53 ct. 

de peso tomó el nombre de su poseedora, Hortense de 

Beauharnais, Reina de Holanda, hija de Josefina e 

hijastra de Napoleón Bonaparte. El Hortensia fue 

comprado por el Rey Luis XIV. En la actualidad se exhibe 

en el Louvre de París.




GRAN CRISANTEMO: Es uno de los diamantes de color 

marrón más conocidos. Tallado en perilla y con 104.15 

ct.de peso se descubrió en 1963 en Sudáfrica y se montó 

como centro de un collar de diamantes. Su color es 

especial, pues presenta varias tonalidades: marrones, 

rojizas, doradas, etc.




VERDE DE DRESDEN: Presenta una coloración verde 

uniforme y tiene un tamaño de 40 ct. Está montado en un

broche que se exhibe en el museo de la ciudad alemana 

de Dresden.




NUR-UL-AIN: Famoso diamante de color rosa de talla oval 

y de unos 60 ct. aproximadamente. Fue montado en 

1958 en el centro de una tiara por el entonces Sha de 

Persia.




WILLIAMSON: Otro famoso diamante rosa, encontrado en 

1947 en la mina Mwadui de Tanzania. En ese mismo año 

fue regalado a la entonces Princesa Isabel con motivo de 

su boda. Tallado en brillante pesa 23.60 ct. En 1953, año 

de su coronación, fue montado por Cartier en un broche 

en forma de flor.




HOPE: Sin duda el diamante de color fantasía más famoso 

es el HOPE, diamante de color azul intenso, algo 

metálico, en talla oval de 44.50 ct. En un tiempo 

perteneció a Luis XIV y recibió el nombre de “el 

diamante azul de la corona”. El HOPE fue robado durante
 
la Revolución Francesa y reapareció en Londres en 1830, 

cuando lo adquirió Henry Philip Hope, de quien recibe su 

nombre actual.




SIMBOLO DEL AMOR ETERNO

Un símbolo perdurable del amor hasta el siglo XV sólo los 

reyes eran dignos de llevar diamantes como símbolo de 

su  fuerza, valor e invencibilidad. Sin embargo, a través 

de los siglos el diamante adquirió su condición de regalo 

esencialmente identificado con el amor. De hecho, se ha 

llegado a decir que las flechas de Cupido estaban 

rematadas por diamantes, lo cual les dota de una magia 

inigualable.


Desde tiempos remotos, los diamantes han sido asociados 

con el romance y la leyenda. La misma palabra 

“diamante” proviene del griego “adamas” que significa 

inconquistable y hace referencia a la eternidad del amor. 

Los griegos también creyeron que el fuego del diamante 

reflejaba la constante llama del amor.

Para millones de personas en todo el mundo, ese fuego, misterio y magia, la belleza y el romance que se desprenden del brillo de un simple solitario expresa todo lo que el corazón siente pero las palabras no pueden manifestar. La tradición de las sortijas de compromiso con diamantes no nació hasta el año 1477, cuando el Archiduque Maximiliano de Austria le regaló a María de Borgoña una sortija de diamantes. 

La razón por la que las mujeres los llevan en el dedo anular de la mano izquierda data del tiempo de los egipcios, ya que estos creían que la “vena amoris”, vena del amor, iba directamente desde el corazón hasta la punta del dedo anular de esa mano. 

La costumbre de regalar alianzas de aniversario o eternidad, la sortija de diamantes que sugiere la frase: “mi amor acabará allí donde acabe el círculo”, está creciendo entre jóvenes parejas durante los primeros años de su matrimonio, constituyendo un símbolo único de reafirmación de su amor. Dicha costumbre está más en auge ahora que nunca. Así mismo, las bodas de plata es la ocasión que ha inspirado la creatividad de los diseñadores y subraya la brillantez de la felicidad al existir un matrimonio lleno de amor.

POR QUE TAN CAROS


Todo lo extremadamente escaso se convierte en valioso. 

Los diamantes, formados hace millones de años, lo son 

porque muy pocos sobrevivieron a lo largo del viaje 

desde las profundidades de la tierra hasta su superficie. 


De hecho, aunque su producción ha aumentado en los 

últimos años, sorprende conocer que a lo largo de la 

historia sólo se han conseguido extraer unas 500 

toneladas. 


Y de esa cifra, sólo la mitad se considera 

calidad de gema, y aún menos son lo suficientemente 

grandes para que merezca la pena tallarlos. 

Como referencia podríamos decir que rara vez los 

elegidos para ser tallados alcanzan un tamaño superior a 

la cabeza de una cerilla.

Obtener una cantidad relativamente pequeña de gemas de calidad así como diamantes industriales no es fácil, incluso con la sofisticada tecnología actual. Hay que extraer y procesar aproximadamente unas 250 toneladas de mineral de una chimenea de kimberlita para obtener un diamante con la calidad de gema.

COMO SE FORMA UN DIAMANTE

Los antiguos griegos creían que los diamantes eran 

fragmentos de estrellas. 

Algunos incluso decían que eran las lágrimas de lo dioses. 

Otra leyenda hablaba de un valle inaccesible en Asia 

Central alfombrado con diamantes, del que se decía que 

estaba protegido por aves de rapiña en el cielo y por 

serpientes venenosas en la tierra. 



Sin embargo, la verdad es que el origen exacto de los 

diamantes todavía es un misterio incluso para científicos 

y gemólogos.


El diamante es la gema más dura conocida por el hombre 

y, sin embargo, la más simple en su composición, tanto 

como el grafito de un lápiz, es decir, carbón común. 

Pero no se rompe tan fácilmente. Su punto de fusión es 

dos veces y media más alto que el acero, hacen falta 

aproximadamente 4.000 grados centígrados para fundir 

un diamante.


Hace millones de años, dos fuerzas elementales como el 

calor y la presión, transformaron milagrosamente el 

carbón en diamante dentro de la calderas de magma 

hirviendo que se encuentran a grandes profundidades 

bajo la superficie terrestre. 

Esa nueva masa volcánica en donde tuvo lugar la 

cristalización empujó hasta romper la superficie de la 

tierra para acabar enfriándose y formar  chimeneas de 

kimberlita o conductos de lamproita, el lugar donde en la 

actualidad se encuentran la mayoría de los diamantes.

DISEÑAMOS SU JOYA

El diseño de joyas para dar forma a las ideas esbozadas por su imaginación es nuestra actividad más gratificante. 


Trabajamos junto a ti para hacer realidad tus sueños; el objetivo será siempre obtener un resultado formal acorde a la metodología del diseño de joyas.


Un dibujo, una fotografía, el color de tus ojos o un vestido para una ocasión especial, puede ser también un elemento de referencia en el diseño de joyas; el usar objetos del mundo real y convertirlos en joyas es una actividad tan antigua como el propio diseño original de las mismas. convertirlos en joyas


El enlace matrimonial es un día especial para hombres y mujeres; el diseño de joyas específicamente concebidas para este evento -las alianzas de boda o anillos de matrimonio- tiene una importancia especial cuando los contrayentes desean una comunión total entre los trajes y los complementos.  

En Kaia Joyas, complementamos las joyas realizadas con un obsequio: la grabación y un precioso almohadoncito para llevar las alianzas, con los nombres y las fechas pintados.

DIAMANTES NEGROS

Realmente, podemos decir y confirmar que los diamantes negros son una excepción -o una rareza- en nuestro planeta y un rompecabezas para la ciencia. 
Los diamantes negros son una anomalía y una incoherencia para científicos y gemólogos.  
Ratifica dicha conclusión su escasez y que únicamente se hallan en dos puntos muy concretos de nuestro planeta, a diferencia de los diamantes convencionales, que sí pueden extraerse o conseguirse en diversas áreas geográficas y en mayor cantidad.
Los diamantes negros o diamantes carbonatados (también llamados diamantes carbonados, que sería un anglicismo) únicamente podemos encontrarlos en Brasil y en la República Centroafricana.
Esencialmente, los diamantes negros son agregados policristalinos de pequeñísimos diamantes, altamente porosos, con inclusiones radioactivas y con una luminiscencia muy peculiar.  Todo ello hace que este tipo de diamantes sea especialmente mitificado.  A día de hoy, su origen sigue siendo una hipótesis que genera controversias, además de la atracción de su originalidad y espectacularidad.

HIPÓTESIS SOBRE EL ORIGEN DE LOS DIAMANTES NEGROS

Existen varias hipótesis sobre la naturaleza y origen de los diamantes negros; hemos descartado las descabezadas o las que no tienen ninguna base científica.  
Vamos a explicar las tres que, hasta hace escasas fechas, gozaban de una cierto crédito, aunque ya han sido desbancadas por una cuarta y última que parece ser la más acertada y que es la que, actualmente, apoya la comunidad científica y geológica internacional.

Hipótesis nº 1:

Hasta hace unos años, se pensaba que la formación de los diamantes negros era debida a las diferentes conversiones del carbón sometido a altas temperaturas y altas presiones, como ocurre en el interior de nuestro planeta con los diamantes convencionales.

Hipótesis nº 2:

Los diamantes negros provienen del impacto de meteoritos contra nuestro planeta.

Hipótesis nº 3:

Su formación es debida a la radiación ejercida y provocada por la fisión espontánea de uranio y torio.

Estas hipótesis, que han quedado relegadas y descartadas por una cuarta, presentan varios y serios problemas a sus avaladores:
El hecho de que únicamente se puedan encontrar en lugares muy concretos de América del Sur y del centro de África, desploman y desvirtúan la primera de ellas, ya que, si nos ceñimos a su explicación, podríamos localizar los diamantes negros en cualquier punto de nuestro planeta en el que se hallan los yacimientos que ya conocemos.  
Además, estos yacimientos están asociados a rocas volcánicas llamadas Kimberlitas y, precisamente, allí donde podemos encontrar diamantes negros no se ha encontrado ninguna Kimberlita.
La segunda hipótesis, propuesta por Joseph Smith, de la Universidad de Chicago, y por J. Barry Dawson, de la Universidad de Sheffield, en Inglaterra, y basada en que el origen de los diamantes negros en nuestro planeta era el resultado del shock provocado por los impactos de meteoritos contra la Tierra en la Era Precámbrica, ha sido invalidada por dos razones de peso: una es que los diamantes negros o carbonatados no presentan ninguna estructura hexagonal como la lonsdaleita, que es un poliformo hexagonal de carbono que únicamente se puede encontrar en meteoritos y es de una forma muy semejante al diamante.  
Además, no se ha localizado ni cráter, ni huella alguna de posibles impactos de meteoritos en las dos únicas zonas donde podemos encontrar los diamantes negros.
Por último, se ha demostrado que la tercera hipótesis es de escasa probabilidad, ya que la energía necesaria para la formación de ínfimos cristales de diamantes (estamos hablando de un tamaño de 500 micras) sería muchísimo mayor que la que se puede obtener mediante fisión espontánea.
Por ello, la hipótesis que ha desbancado a todas las demás y que parece ser que es la más acertada es... que los diamantes negros provienen del espacio.
Suena raro, pero es así.  Los diamantes negros se habrían formado fuera de nuestro planeta, en el espacio exterior, debido a la explosión de una supernova, y, posteriormente, después de viajar quién sabe durante cuanto tiempo por el espacio interestelar, habrían colisionado con la Tierra.
Después de la estupefacción, pasemos a explicar detalladamente esta hipótesis:
Varios científicos atrapados en resolver el misterio del origen de los diamantes negros, una vez descartadas las hipótesis que hemos explicado anteriormente por ese colectivo y por los geólogos, buscaron alternativas y soluciones al enigma de los diamantes negros.  Todo empezó en la Universidad Internacional de Florida, en Miami.  Su rector, Stephen Haggerty, es co-autor de la hipótesis que sostiene que los diamantes negros provienen del espacio estelar a causa de la explosión de una supernova.  
A mediados de los noventa, expusieron a la comunidad científica internacional sus conclusiones y parece ser que la gran mayoría la ha aceptado como la mejor hipótesis sobre el origen y naturaleza de los diamantes negros. 
La primera cuestión a resolver por el equipo de Haggerty fue averiguar el motivo de que los diamantes negros o carbonatados solamente se puedan encontrar en dos ubicaciones de nuestro planeta.  
La conclusión alcanzada fue que éstos llegaron a la Tierra hace más de mil millones de años.  
Recordemos que, en esa época, tanto nuestro planeta como la Luna era bombardeados constantemente por rocas, meteoritos, etc., del espacio exterior.  
La datación en la que se basa Haggerty para esta conclusión es que los diamantes negros tienen una antigüedad de entre dos mil seiscientos y tres mil ochocientos millones de años.
Entonces, pasamos a la segunda explicación de la localización de los diamantes negros basándonos en su datación: en esa época, África y América del Sur constituían un único continente, lo que explicaría que sólo se encuentren diamantes negros en esas ubicaciones.
Una de las bases científicas en las que se apoya la hipótesis de la Universidad Internacional de Florida y de Haggerty y su equipo es que, al analizar los diamantes negros o carbonatados a través de un sincrotrón (para ser más exactos, el sincrotrón de infrarrojos del Laboratorio Nacional de Brookhaven, en Nueva York; para este estudio, a Haggerty se le unieron Jozsef Garai, también miembro de la Universidad Internacional de Florida, Sandeep Rekhi y Mark Chance, de la Universidad Case Western Reserve), descubrieron que los picos de los diamantes negros son substancialmente ricos en hidrógeno y nitrógeno, hecho que fue considerado como una evidencia de su proveniencia del espacio (el espacio exterior o interestelar es altamente rico en hidrógeno y nitrógeno).  
Las medidas espectrales muestran una extraordinaria similitud entre las obtenidas a partir de los diamantes negros y las obtenidas a partir de los diamantes encontrados en meteoritos o en los observados fuera de nuestro planeta.
Por todo esto, Haggerty asevera que el polvo de diamante se pudo convertir en parte de una nube de gas y de polvo, pasando a condensarse posteriormente en el viaje hasta nuestro Sistema Solar.  
En definitiva, Haggerty viene a decir que los diamantes negros ni se han creado en las entrañas de la Tierra, ni proceden de los impactos de meteoritos, sino que se habrían originado a partir de su formación en nubes interestelares, en las que residen altas concentraciones de carbono y de hidrógeno.  
Estas nubes interestelares se ven frecuentemente sometidas a las terribles ondas de choque de las explosiones de las supernovas y, consecuentemente, a altísimas temperaturas y elevadas presiones con capacidad suficiente para poder crear diamantes negros de pequeñas y grandes dimensiones -como un asteroide- que, después de vagar por el espacio interestelar, habrían acabado colisionando y fragmentándose sobre nuestro planeta en la era primigenia.
 
Descubrimientos recientes parecen dar la razón a Haggerty.  Científicos de la Academia Sínica, en la Universidad de Taiwán, han descubierto “nanodiamantes” viajando en el espacio, además de haber localizado, por primera vez, un resplandor de color rojizo (bastante difícil de localizar anteriormente por su baja intensidad) nominado como “ERE”, Emisión Roja Extendida.  
Según los científicos, este resplandor indica que, cuando los fotones de enorme energía prenden un material semiconductor (por ejemplo, los diamantes), emiten y generan una luz roja fotoluminiscente.  
Este tipo de resplandor se ha localizado en nebulosas planetarias de reflexión y emisión; también, en nuestro Sistema Solar, en nubes de polvo y en el interior del gas interestelar de nuestra propia Vía Láctea.  
Este hecho, además de ratificar la hipótesis de Haggerty, también explicaría la peculiar luminiscencia de los diamantes negros, que proviene de los halos radiactivos presentes en las inclusiones de los mismos.
 
Las conclusiones finales de Haggerty y Garai podemos encontrarlas en el artículo que se publicó en la revista de divulgación científica The Astrophysical Journal Letters, 653, L153 (2006), el 20 de diciembre del 2006.  
En resumen, Haggerty y Garai concluyen que el origen de los diamantes negros es extraterrestre.  
Además de las conclusiones, bases científicas y experimentos realizados con ellos, también nos propone que la alta porosidad de los diamantes negros sería muy difícil de explicar en las condiciones en las que el carbón, sometido a la altas temperaturas y presiones, se convierte en diamante en las profundidades de nuestro planeta, como ocurre con los diamantes convencionales que podemos encontrar en los yacimientos conocidos.  
En la fase en la que el carbón queda atrapado -en su forma gaseosa- en rocas y en profundidades de más de ciento ochenta kilómetros por debajo de la corteza terrestre, ninguno de ellos presenta la característica porosidad de los diamantes negros.
En la fotografía podemos observar un diamante negro en bruto. La imagen pertenece a:  www.nsf.gov, National Science Foundation, de USA.

Diamantes negros | porosidad del diamante negro en bruto | La imagen pertenece a www.nsf.gov National Science Foundation