jueves, 16 de agosto de 2012

RESUMEN DE HISTORIA -- LA JOYERÍA EN EL MUNDO



 




HISTORIA DE LA JOYERÍA



Con la Edad de Bronce y el descubrimiento del metal, cambió radicalmente la tecnología y con ella, las técnicas de extracción de gemas y de joyería.
Usaron los minerales como sus primeras herramientas y sus primeras armas, pero enseguida, diferenció algunas piedras, bien como talismanes o como simples adornos para diferenciarse de sus semejantes, es decir como joyas.






Sus alhajas primero fueron huesos dientes, conchas, caracoles, objetos muy fáciles de encontrar, pero pronto comenzó a buscar las más escasas piedras preciosas, debajo de la superficie de la tierra o en los lechos de los ríos.






Incluso llegó a explotar minas para extraer piedras preciosas, se conocen minas de extracción de gemas con más de 6000 años de antigüedad, como el complejo minero prehistórico de Gava (Cataluña).






Después, seleccionó las piedras de mayor dureza, como el pedernal y la obsidiana para fabricar herramientas, por sus características de corte y durabilidad, capaces de cortar otros materiales y separó las piedras preciosas de color o con un brillo especial, para joyas de ornamento o como amuletos.







Las Joyas en la Edad de Bronce



Con la Edad de Bronce y el descubrimiento del metal, cambió radicalmente la tecnología y con ella, las técnicas de extracción de gemas y de joyería.







Las armas y herramientas pasaron a ser de metal con el descubrimiento del cobre y luego en la Edad de Hierro, con el desarrollo de la tecnología de este material, las piedras fueron relegadas como armas o herramientas y quedaron fundamentalmente para su función de joya y de talismán, manteniendo hasta hoy día esas características.





Se desarrollan las primeras técnicas de orfebrería, entre ellas el repujado, el granulado y la filigrana de metales como el oro o la plata.
Los metales y piedras preciosas más apreciadas como joyas fueron siempre las más escasas, su posesión confería valores simbólicos de status social, nobleza o riqueza a su poseedor.






En la figura podemos apreciar algunas joyas de colgantes Iberas de los siglos III y IV antes de Cristo.
Las piedras preciosas se usaban generalmente junto con el oro o plata en brazaletes, pendientes, collares, aros, colgantes, anillos, figuras de todo tipo, y otros objetos, bien como joya o gema, o con atribuciones espirituales acuñadas en el tiempo por las creencias populares.
En las excavaciones arqueológicas de esta época se han encontrado valiosos tesoros, ajuares de joyas de los personajes más poderosos con una multitud de alhajas de oro, plata y bellas piedras preciosas.


 





Las joyas en la antigua roma








La joyería tiene una gran importancia en el mundo romano, en todas sus épocas, los llamados ornamenta o productos de embellecimiento personal, peines, agujas de pelo, pendientes, anillos, collares, recipientes para el perfume, en hueso, marfil, bronce, cerámica etc. se usan por todas las clases sociales romanas.






El peinado, y las joyas para el pelo, eran un exponente de la posición social, cuanto más complicado o llamativo, indicaba un mayor nivel social.
Usaban en joyería el oro, la plata, la pasta vítrea, piedras preciosas, perlas etc.
Los anillos se fabricaban de bronce y de pasta vítrea, los collares y brazaletes de oro y pasta vítrea.






Los collares de oro usaban cuentas de granates, variscitas, esmeraldas, amatistas o perlas.
Los Anillos de oro se acompañaban de piedras preciosas de cornalina calcedonia, crisolita, azabache, ágatas o pasta vítrea y otras gemas.






En la antigua Roma encontramos al anillo, precursor de la actual sortija de compromiso que fue un sencillo aro de hierro, que en la antigua tradición romana, se entregaba como símbolo del ciclo de la vida y de la eternidad y constituía una promesa pública de que el contrato matrimonial entre un hombre y una mujer sería respetado en el transcurso del tiempo.






En la época de Plinio (del 23 al 79 después de Cristo) el anillo se fabricaba de hierro, el anillo de oro fue introducido más tarde, en el siglo II Después de Cristo.
Los cristianos adoptaron la costumbre romana, convirtiendo al anillo en una parte de la ceremonia matrimonial.


 





La joyeria en las culturas precolombinas







Los antiguos pobladores de los países del sur de América, descubiertos por los españoles ya conocían y trabajaban los metales nobles, particularmente el oro y la plata que fueron profusamente explotados y utilizados por las culturas precolombinas.
Además, tenían gran aprecio por muchas piedras preciosas, como la esmeralda, muy abundante en los territorios correspondientes a los actuales países de Brasil y Colombia.







Los yacimientos arqueológicos de ciudades y tumbas de las civilizaciones precolombinas, demuestran una utilización muy extendida del oro y de piedras preciosas en ornamentos de sus jefes y en los objetos sagrados de sus sacerdotes, que fabricaban con oro, cristal de roca y piedras preciosas.






Los habitantes de Méjico, Centro América y Colombia creaban joyas y figuritas de jade, turquesa y esmeralda y collares, brazaletes y pendientes trabajados en turquesa, jade, lapislázuli, etc.


 





La joyería de los fenicios en la península Ibérica








En el siglo VII y hasta el II Antes de Cristo, los fenicios, fundamentalmente comerciantes establecieron colonias en diversas partes de la península Ibérica, incluida la isla de Ibiza, donde se han encontrado numerosas sepulturas con ajuares de joyeria de la época.






En estos se incluyen numerosas joyas entre las cuales se encuentran amuletos de pasta vítrea, alhajas de oro y plata además de objetos como navajas de afeitar, espejos de bronce y huevos de avestruz pintados.
Los colonos Fenicios desarrollaron nuevos conceptos y una nueva tecnología de joyeria basada en la soldadura del oro, creaban cadenas de oro y plata para joyas muy flexibles, sustituyeron las joyas de oro macizas de la edad de bronce por otras huecas rellenas de resinas, arenas o cobre.





Se desarrollan nuevas técnicas de repujado o estampilla del oro, de la filigrana y el granulado.
Crean nuevos sistemas de cierre para joyas de collares o brazaletes de oro o plata usando ganchos, pestañas, charnelas y remaches.
Fabrican arracadas, diademas, con extremos triangulares y cinturones de oro.






Explotaron minas en Andalucía trabajaron el cobre, oro, estaño y la plata, extraían el oro de los ríos auríferos que desembocan en el Atlántico.
El estilo de sus diseños de joyería fue orientalizante.
Fabricaron joyas de colgantes de cornalina, anillos de sello de oro, porta amuletos, amuletos de piedra
Crean nuevos objetos de joyería no vistos hasta entonces en el mundo Mediterráneo, tales como los llamados candelabros de Lebrija: piezas de oro macizo de asignación divina.
Especialmente importante, por la cantidad y calidad de las joyas encontradas, es el denominado tesoro del Carambolo. 


 


Alhajas de la Edad media







Durante la Edad Media, las caravanas comerciales provenientes de Oriente, traían a Europa piedras preciosas y semipreciosas, tanto para su uso en la joyería de reyes y nobles como para la joyería eclesiástica.






Una técnica importante de la joyería medieval fue la colocación de finas capas de granate en los alvéolos realizados en el oro o la plata, por ejemplo, en hebillas y broches o como en una joya única: la corona incrustada con granates y cabujones del rey visigodo Recesvinto.
A partir del siglo XI, se impone un nuevo tipo de alhaja: el broche, en general de forma circular, que fue una de las joyas más utilizadas.






En Francia no se permitió (por ley) a los ciudadanos, usar fajas o guirnaldas hechas de perlas, de piedras preciosas, de oro o de plata, otras leyes similares existieron en Inglaterra, esto retrasó el avance de la joyería de la época.
En los siglos de la edad media Europea, las joyas eran usadas exclusivamente por los ricos comerciantes, caballeros nobles, los religiosos, miembros de la familia real y los nobles, por lo que la joya era un privilegio fundamentalmente de la aristocracia.







En estos tiempos la joya representaba el poder, la autoridad y durante mucho tiempo alternó este símbolo con el poder de curar enfermedades o de realizar hechizos, mucho después las piedras preciosas se utilizaron como regalo para simbolizar el amor cortesano.







Las joyas del Renacimiento








El Renacimiento supuso una revolución cultural muy profunda, que alcanzó a todas las artes y también a las joyas y a las técnicas de joyería.
En el Renacimiento, la tecnología de las joyas permitió tallar piedras preciosas de mayor dureza, y realizar adornos en arquitectura, iglesias y palacios, templos y mezquitas utilizando columnas y elementos de piedras semipreciosas como la malaquita, el alabastro, lapislázuli y otras piedras de valor, tanto en Europa como en el medio Oriente.






El Renacimiento destaca por un rico colorido, se desarrolla la moda y el diseño en el vestir y en joyería, en la Pintura, la escultura y Arquitectura se sustituyen los temas religiosos por otros clásicos y naturalistas.
En la joyería, se extiende el uso del colgante combinado con perlas irregulares (barrocas), esmaltes y gemas y se ponen de moda broches con un retrato en miniatura, cadenas, colgantes y cinturones con gemas incrustadas.






En el siglo XV las joyas adquieren una gran importancia en la moda, los trajes de terciopelo y de seda (en ambos sexos), son bordados junto con perlas y piedras preciosas.
Los artistas eran multidisciplinares, lo que produjo una relación entre la pintura, arquitectura y escultura que se extiende a la joyería.







Pintores y escultores geniales realizan diseño de joyas, los cuales se difundían por toda Europa, creando un estilo internacional de diseño de gemas.
Al comienzo del siglo XVI, España fue el más importante centro joyero, por la cantidad de oro, plata y piedras preciosas procedentes de las colonias americanas y el comercio de gemas con el resto de Europa.


 






Alhajas entre los siglos XVII y XIX





Al comienzo del siglo XVII se desarrollan nuevas técnicas para la talla de las piedras preciosas duras, el diamante fue la piedra más deseada, de modo que las joyas se separan en dos categorías, la de joyas de diseño con diamantes y gemas de menor categoría que seguían los dictámenes de la moda del vestir y de la joyeria.






Se ponen en marcha nuevas técnicas de producción industrial de gemas que permiten fabricar cantidades de joyas con materiales inferiores y menor precio, imitaciones de las piedras preciosas más valoradas.
Se comercializaban alhajas de tiaras de diamantes, anillos y broches de piedras preciosas de diseño naturalista, de alto poder adquisitivo, junto a una bisutería de gusto neoclásico pompeyano, gótico, renacentista y egipcio.






Se utilizaba el oro y las piedras preciosas además de piedras semipreciosas y aleaciones, pasta (para imitar gemas), acero, hierro fundido y nuevas técnicas como el estampado y la talla mecánica de motivos y monturas para joyas de menos valor.
Aparece un nuevo elemento en la joyería y en la bisutería: el aderezo, conjunto de joyas formado por collar, pendientes, broche y, a veces, también de tiara o anillo, todo a juego, en las mujeres y botones, hebillas de zapato, empuñadura del sable e insignia de la orden de caballería en los hombres.






Los reyes europeos acumularon, durante estos siglos, colecciones de aderezos de coronación, joyas oficiales y fabulosas piedras preciosas como la colección de alhajas de la torre de Londres, el tesoro de gemas de Viena y el de joyas del Kremlin de Moscú.
Otros elementos de joyería puestos de moda en el siglo XVII fueron relojes, tabaqueras y sellos con piedras preciosas.






En Francia en la época del Segundo Imperio, diezmada la nobleza, se impuso un estilo ostentoso, donde imperaba la exhibición piedras preciosas, perlas y diamantes de gran valor, rebajando la calidad de las joyas.
En el siglo XIX, resurgió la orfebrería con grandes diseñadores de joyas y accesorios como empuñaduras de bastones, abanicos o marcos de cuadros con abundancia de colores y nuevos materiales combinando el oro, esmalte y las piedras preciosas.



 




La joya hoy en día








Los avances tecnológicos en joyería, los nuevos métodos de talla de piedras preciosas y los nuevos métodos de tratamientos de las gemas han propiciado que el comercio de las joyas haya aumentado espectacularmente, de modo que personas de cualquier status social puedan tener acceso a las joyas más bellas.







Por otro lado el simbolismo de las gemas se ha mantenido entre la sociedad, aunque las creencias en la influencia de las piedras preciosas y semipreciosas en la vida de las personas han disminuido, se mantiene su simbología y su influencia en la suerte y en la salud.






Todo tipo de joyas: anillos, collares, colgantes, pulseras, brazaletes, pendientes, con todo tipo de piedras preciosas o semipreciosas, diamantes, rubís, zafiros, esmeraldas, granates, amatistas, aguamarinas.. y engarzados en los más bellos metales preciosos: oro, plata, platino, rodio... y con los más variados y bellos diseños de gemas, todo se comercializa hoy al alcance del consumidor medio.
En definitiva hoy la joyería está socialmente más extendida que nunca y las joyas y piedras preciosas son admiradas por mayor número de personas que nunca.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

NUEVOS DISEÑADORES PARA NUESTRAS JOYAS










Inmary Jo nace en el otoño del 2011, cuando sus dos creadoras, Inma y Maria José realizan un viaje. De ese viaje, estas dos enamoradas de la decoración y diseño, deciden embarcarse en un apasionante proyecto dedicado al mundo de la Joyería, Bisutería y Moda.


Dos de las pulseras de la colección de joyas de Vanesa Romero 




A lo largo de sus diferentes viajes, Inma, descubre el enriquecimiento de cada país, destino y sensaciones a la vez que María José se recrea en la mezcla de colores y materiales con los que se crean las colecciones de Inmary Jo.


Collar multicolor con flores de la colección de joyas de Vanesa Romero 



Cada pieza creada y montada es para Inmary Jo una obra de arte, y verlas en otras personas produce una sensación increíble al ser piezas únicas y dedicadas en cuerpo y alma.


Collar trenzado de la colección de joyas de Vanesa Romero 



Inmary Jo, utiliza piedras como cuarzo rosa, gris, ahumado, ónix, cristal de roca, ágatas y turquesas , algodón y sedas... todos naturales y de calidad, los cuales con mucha delicadeza conseguimos transformar, dándole nueva vida, y así, transmitirte con cada pieza realizada sensaciones y emociones únicas.


Detalle de uno de los collares de la nueva colección de joyas de Vanesa Romero


Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

HISTORIAS DE LAS JOYAS DE LA REALEZA







JOYAS DE LA REALEZA DE DINAMARCA


En la época de mayor poderío de la nobleza eran los miembros del Consejo de Estado los encargados de coronar al rey y de hacerle entrega de los símbolos del poder real: el cetro, el orbe la espada. 






En 1596 Christian IV, el monarca absolutista por excelencia de Dinamarca, quiso que su coronación se celebrara con todo fasto y esplendor. 
Las viejas regalías no le parecían bastante y decidió no tener sólo una nueva corona, sino también un nuevo cetro y orbe. 





Estos dos últimos no se conservan, pero sí la corona, que está en la Cámara del Tesoro del palacio de Rosenborg, en Copenhague. 
El orfebre Dirich Fyring, al servicio del padre del rey, Federico II, desde 1581, fue el encargado de realizarla. Fyring, formado en el norte de Alemania, elaboró una corona magnífica de una ligereza y elegancia propias de un encaje.





La corona del doce


La corona es de oro y está esmaltada en muchos colores y adornada con diamantes y perlas. Mide 17,8 cm. de alto por 20,8 cm. de diámetro, y pesa 2,895 kg. 
Tiene doce puntas, y el número doce se repite en toda su estructura. 
Este número nos remite al Antiguo Testamento, a las doce tribus de Israel, a las doce puertas de Jerusalén, a los doce Apóstoles, etc. 





En los picos altos aparecen figuras esmaltadas que simbolizan las virtudes y que debe poseer un buen monarca.
Por la parte de delante, sobre la frente del rey, se ve un pelícano que se pica en el pecho para alimentar a sus crías con su sangre. 






Originalmente era un símbolo del sacrificio de Cristo, pero aquí se trata de un símbolo del deber del rey de alimentar a su pueblo aun a costa de su propia sangre. 
El pelícano aparece un total de tres veces.

 




Sobre el lado derecho del rey aparece la Fortaleza, una mujer que cabalga sobre un león. Lleva una columna, símbolo de fuerza, y algo que parece una espada, símbolo del valor, pero podría tratarse de dos columnas.





 
La Fortaleza simboliza al rey como guerrero. 
En el lado izquierdo aparece el símbolo de la Justicia, una mujer con la balanza y la espada; es el rey como juez supremo.






Empeñada en Hamburgo


Por detrás, sobre la nuca del rey, se ve a la Caridad, una madre que amamanta a su hijo. 
Es el símbolo de la misericordia y del rey como cabeza de la Iglesia, de su amor a Dios y a sus súbditos. 






La corona también es un monumento político. 
En los picos interiores se ven los escudos de armas de cada una de las provincias pertenecientes a los territorios del monarca.
La forma abierta de la corona es poco frecuente para su época. 





Al elegir este modelo de corona, que era el utilizado por los reyes de la unión nórdica, es posible que Christian IV pretendiera destacar su papel de heredero de la Escandinavia unificada. 
Esa fue la corona empleada en la coronación de Christian IV en la catedral de Nuestra Señora de Copenhague el 29 de agosto de 1596. 






El monarca contaba entonces veinte años. Tras la derrota en la Guerra de los Treinta Años se vio obligado a conseguir dinero para poder reunir nuevas fuerzas para combatir. 





Comenzó entonces a empeñar las regalías; al principio sólo las más antiguas, pero después incluso su propio orbe, que más tarde recuperaría. 
También mandó fundir muchos muebles de plata. 
A su muerte, las salas del palacio de Copenhague estaban vacías.


   




No se sabe con certeza cuándo empeñó la corona, pero sí dónde, en la casa comercial alemana A.B.Berns y Leohn. Marselis de Hamburgo por 15.000 rigsdaler; por aquel entonces un cerdo entero costaba dos rigsdaler.
A la muerte de Christian IV su corona continuaba empeñada en Hamburgo y en Dinamarca no quedaban regalías. 






Había que coronar a Federico III y el nuevo rey las necesitaba. Al frente de la corte se encontraba el yerno de Christian IV, Corfitz Ulfeldt, que se había casado con Leonora Cristina, la princesa cautiva hija del difunto monarca. 






Él fue el encargado de rescatar la corona, que había sido reempeñada y ahora estaba en manos de Peter Overbek, de Hamburgo. 
Ulfeldt desempeñó la corona y se comprometió por su honor a pagar los 15.000 rigsdaler con un seis por ciento de interés, empeñando para ello todos sus bienes y propiedades. 







El 23 de noviembre de 1640 Federico III fue coronado con la corona de su padre, a la que añadieron para la ocasión, siguiendo la moda de la época, una abrazadera de seis arcos para convertirla en una corona cerrada. 
Ese cierre se ha perdido.







El broche trágico


Este broche forma parte del aderezo de brillantes de las Joyas de la Corona. 
Los broches en forma de ramillete se pusieron de moda en Europa a mediados del siglo XVIII. 
El que nos ocupa lo hicieron para Carolina Amalia, esposa de Christian VIII, en 1840.






Es un gracioso ramillete con un armazón de oro y un total de 543 diamantes con un peso de 83 quilates. 
Un lazo une las flores y, para conferirle color y contraste, cinco de los diamantes son algo más grandes y de color amarillo. 
Los numerosos diamantes pequeños están muy cerca unos de otros. 
Para dotarlo de mayor refinamiento, la gran flor central descansa sobre un resorte y oscila al menor movimiento. La reina Carolina Amalia lo llevaba el día de su consagración con el rey.



Una historia de intrigas y pasiones


El broche oculta una dramática historia, algunos de cuyos ingredientes son intrigas, pasiones y falta de dinero. 
Pero también un destino desdichado y una nieta que quiso expiar la culpa de su abuela. 
El broche está directamente relacionado con los trágicos acontecimientos que setenta años antes conmocionaron a la monarquía danesa y culminaron con el destierro de una reina y la decapitación de su amante.
La desdichada reina era la abuela de Carolina Amalia, la reina Carolina Matilde. 






Y el amante era el médico personal y más tarde ministro del rey, J.F. Struensee. 
Una de las muchas historias protagonizadas por esta reina gira precisamente en torno a un broche en forma de ramillete. 
No se trataba del broche que la reina Margarita llevaba en sus bodas de plata, sino de su predecesor, una suntuosa joya realizada para la reina Sofía Magdalena en 1764, un ramillete con un total de 1.091 diamantes y un peso de casi 200 quilates. 
Su autor fue el joyero Jean-François Fistaine, afincado en Copenhague desde 1753 y suministrador de la corte desde hacía quince años.






Carolina Matilde llegó a Dinamarca en 1766 a la edad de quince años; era hermana del rey inglés Jorge III. Su padre, Federico Luis de Gales, y la madre de Christian VII (el rey demente), la reina Luisa, eran hermanos. 
La antigua reina, Sofia Magdalena se encariñó con la joven y le regaló algunas de sus joyas; entre las joyas de Sofía Magdalena que acabarían en poder de Carolina Matilde estaba también la de más valor de todas, el precioso ramillete de diamantes, que Christian VII le regaló en 1768 cuando ella dio a luz un hijo, el que sería Federico VI. 
Poco a poco el cariño de la anciana por la joven Carolina Matilde se fue desvaneciendo a medida que ésta comenzaba a llevar una vida desordenada y licenciosa. 
En una ocasión paseó a caballo por todo Copenhague vestida de hombre. 
Pero lo peor fue que en 1770 inició una relación amorosa con el médico real, Struensee, que no ocultó. 
Cuando Sofía Magdalena murió en 1770, sus relaciones con Carolina Matilde estaban en su peor momento.





Doña Sofía ha elegido la diadema Cartier de la reina Ena, de inspiración art-decò y está orlada con brillantes y perlas sobre una base de platino, y el collar de Chatones de la reina Victoria Eugenia


   

La princesa heredera de Suecia ha elegido la Tiara de las Rosas, que perteneció al fundador de la dinastía de los Bernadotte, Carlos XIV Johan y se distingue por sus seis diamantes en forma de flor o botón

    

Doña Letizia llevó como complementos un soberbio aderezo de brillantes y rubíes compuesto por pendientes y broches, que eran de la Condesa de Barcelona

  

Carolina de Mónaco coronó su elegante vestido en tono oscuro con una impresionante pieza de platino y brillantes que perteneció a la duquesa Victoria Luisa, la abuela de su esposo, el príncipe Ernesto de Hannover
 

La esposa del príncipe Eduardo de Inglaterra lució un moño italiano y dos originales broches de diamantes en forma de herradura



La orden de Matilde



Poco después los reyes pasaron un verano junto con Struensee y una pequeña comitiva en Holstein. 

La difunta reina Sofía Magdalena había fundado en 1732 la orden de l’Union parfaite en memoria de su feliz matrimonio con Christian VI. 
Carolina Matilde y Struensee pensaron hacer lo mismo para celebrar su feliz verano de amor y llamar a su orden la orden de Matilde. 
La condición para recibir la nueva orden sería devolver la orden antigua. 
Era una dulce venganza con la que pretendían borrar su memoria. Pero la cosa no quedó ahí. 
La difunta reina sería quien costearía la nueva orden con sus joyas. 
El ramillete original se vendió en 10.000 rigsdaler, con lo que la humillación a Sofía Magdalena era completa, ya que estaba valorado en 43.244. 
El 29 de enero de 1771, día del cumpleaños de Christian VII, el rey, la reina viuda Juliana María, el príncipe heredero Federico y otras nueve personas del círculo más próximo a la Reina y Struensee fueron condecorados con la orden de Matilde. 
Fue la única vez que se dispensó la orden.






Descubierta la relación entre la reina y Struensee, el 28 de abril de 1772 a él se le cortó la mano en las calles de Copenhague y poco después la cabeza. 

Después se despedazó su cuerpo y mano y cabeza se exhibieron ante el pueblo. 
La reina fue desterrada a Hannover y no pudo volver a sus hijos, Federico VI y Luisa Augusta, hija de Struensee. Murió en 1775 de escarlatina.
Siete décadas más tarde, en 1839 su nieta Carolina Amalia, hija de Luisa Augusta, se convertía en reina de Dinamarca al ser la segunda esposa de Christian VIII. Conmovida por el desdichado destino de su abuela, y conocedora de la historia de cómo ésta y Struensee habían vendido el broche original, pensó en redimir las faltas de Carolina Matilde y mandó hacer un broche similar que ella misma llevó el día de su consagración. 


Se trata del broche que hoy en día conocemos y que forma parte de las joyas de la Corona. 
La reina Ingrid se lo puso alguna vez y la reina Margarita sólo lo ha llevado en la celebración de sus bodas de plata en 1992.
Quien desee conocer mejor la historia de amor de Carolina Matilde con Struensee puede hacerlo a través de la magnífica novela histórica del escritor sueco Per Olov Enquist La visita del médico de cámara, de Ediciones Destino.






La pulsera de la reina Margarita


Cuando la reina Ingrid tenía cinco años, su madre, la princesa Margarita le regaló una pulsera de oro. 
Cinco años después, su madre falleció, y aquel día, la reina cambió para siempre.
En prueba de la estrecha relación madre-hijas, la reina Ingrid regaló una copia de su pulsera a sus hijas cuando cumplieron los cinco años. 
Y esta tradición ha permanecido, por lo que todas las mujeres de la familia tienen una de estas pulseras.






La reina Margarita, la princesa Benedikte, la princesa Alexandra, la princesa Nathalie, la reina Ana Marie, la princesa Alexía, la señora de Morales Quintana, la princesa Teodora y la princesa Mary, todas son propietarias de una pulsera que ha sido copiada, a la perfección, del modelo original.




Las margaritas de la reina Margarita



El joyero danés Georg Jensen creó estas joyas en forma de margarita y la reina suele ponérselas a menudo, dado que se llama como la flor, igual que su abuela sueca. 

Estas joyas son populares en Dinamarca y pueden comprarse en casi todas las joyerías danesas.



  


La novia eligió para el día más importante de su vida una espectacular tiara, regalo de la reina Margarita de Dinamarca; y unos pendientes de platino, diamantes y perlas de los Mares del Sur, que fueron diseñados para la ocasión por la diseñadora de joyas Marianne Dulong
  

La reina Margarita de Dinamarca luce la Tiara Tocado Floral y el Broche Trágico, un ramillete compuesto de 1.091 diamantes, para cerrar su abrigo.
  

Alejandra de Dinamarca ha lucido la tiara de las lágrimas, la misma que llevó el día de su enlace con el príncipe Joaquín
 

Doña Elena eligió la tiara con base de platino que le regaló su suegra, María Concepción Saénz de Tejada, condesa viuda de Ripalda, y que llevó también el día de sus nupcias
  

La infanta Cristina eligió para su boda con Iñaqui Urdangarín la Tiara Floral de Diamantes, con la que ha acudido hoy al matrimonio danés.
  

La reina Silvia completó su elegante traje de dos piezas con una tiara de amatistas y diamantes que perteneció a la reina Josefina
  

La princesa Magdalena lució una diadema sencilla con dos bandas muy finas de diamantes unidas entre sí en el centro por una gran aguamarina ovalada. En el cuello llevaba la tiara Baden, que se puede convertir en collar
 

Máxima Zorreguieta llevó la pieza por excelencia de todas las Reinas, una tiara de diamantes histórica denominada la Tiara de las Estrellas, ya que de la estructura de oro blanco con incrustaciones de diamantes salen cinco flores con forma de estrella



El broche de la reina Ingrid




Cuando la reina Ingrid se casó con el rey Federico, su padre le regaló un broche con forma de margarita, elaborado en oro blanco y diamantes. 

El padre de la reina Ingrid lo encargó para que la reina Ingrid recordara a su madre, cuyo nombre era Margarita.
En el sexagésimo cumpleaños de la reina Margarita, la reina Ingrid le hizo a su hija un regalo impresionante: llevó consigo su amado broche en forma de margarita y se lo dio a su hija justo antes del almuerzo en el castillo de Amalienborg. 

Desde la muerte de la reina Ingrid, sus tres hijas han lucido broches de flores doradas similares. 
El broche fue regalado a la reina Margarita, la princesa Benedikte y la reina Ana María por su madre, para que pudieran llevarlos al igual que las pulseras de oro. 
El broche asemeja una flor en oro rojo y luce un diamante en el medio.






Broche de Federico IX



Este broche de oro y rubíes con forma de herradura fue un regalo del rey Federico IX a su hija el día que se produjo el cambio en el acta de la Sucesión al Trono Danés, que implicó que las mujeres podían acceder al trono, por lo que Margarita acabaría siendo la reina de Dinamarca. 

El día de su coronación, la reina Margarita llevó el broche en la parte delantera del vestido.





La princesa Marta Luisa ha lucido en el enlace de Federico unos pendientes largos y una fina gargantilla a juego y, como joya principal, su tiara preferida: una joya de diamantes y perlas, conocida como la tiara del rey Olav


Matilde ha optado por la tiara del Laurel, con corona de diamantes que también puede usarse a modo de collar


Ana María de Grecia ha lucido en la boda del príncipe Federico y la princesa Mary una tiara de esmeraldas de cabuchón, conocida como la Diadema de la reina Olga


La condesa de Wessex ha querido lucir en Copenhague la misma diadema de diamantes que la soberana inglesa le ofreció como regalo de boda. La joya, formada por tres volutas montadas al aire, fue diseñada y remodelada por el joyero de la corona, David Thomas en Asprey y Garrard, de la prestigiosa firma joyera Garrad's


Marina Doria de Saboya, esposa de Vittorio Emanuele, acudió a Copenhague con una amplia corona de diamantes y perlas que perteneció a la Reina Margarita


La futura reina de los noruegos llevaba una joya formada por diamantes, platino y oro blanco que se agrupan para formar 23 margaritas, con un diamante en el centro de cada una y todas ellas sobre una base de oro y platino


La princesa Marie-Chantal Miller llevaba una diadema de diamantes a juego con unos largos pendientes, también de diamantes y una gargantilla de impresionantes perlas


Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay