viernes, 11 de enero de 2013

ORFEBRERÍA DE OAXACA


Tres tipos de orfebrería han persistido en Oaxaca: la prehispánica o mesoamericana, el de cartoneado o filigrana y la colonial, que se desarrollaron durante los siglos del virreinato.







El hallazgo de la Tumba 7 de Monte Albán por Alfonso Caso, el 9 de enero de 1932, trajo el redescubrimiento de las técnicas orfebres de la cultura Mixteca; paciente y constantemente se fue conformando en Oaxaca un estilo propio basado en la tradición mesoamericana para trabajar los metales y para volver a recrear un pendiente de oro, un collar o brazalete mixteco. Pero también se siguen trabajando las viejas formas del cartoneado y la filigrana y la joyería colonial, aunque con adaptaciones de elementos de la naturaleza: enredaderas, hojas, flores o figuras tomadas de la herrería mudéjar con montajes de perlas.

Ya desde el primer tercio del siglo XX, en Oaxaca había destacados maestros orfebres que heredaron viejas tradiciones para trabajar los metales preciosos: Manuel Velasco, Eduardo López, José María Ortiz y su hermano, Carlos, que más le atrajo volverse gambusino, o buscador de metales, que artesano, y la familia Rojas Calvo, conformada por Rogelio Rojas González y María Teresa Calvo, hija de Rosa Quevedo, quienes iniciaron sus trabajos de orfebrería en los años treinta e inicios de los cuarenta.







De Carlos y José se derivaron otros grandes maestros oaxaqueños de la orfebrería y joyería como Heriberto Pazos, casado con una hija de don Carlos, Luz Ortiz; Jorge Montealegre; Fausto Vargas, que colaboró con José Ortiz en la elaboración de la famosísima corona de la Virgen de la Soledad - corona hecha gracias a la colaboración del pueblo oaxaqueño, que lamentablemente fue robada hace poco tiempo-, y los hermanos Francisco y Alfonso Vargas; casi todos ellos trabajaron elaborando joyas para Rosita Quevedo Manzano, iniciada en la década de los treinta y que heredaría a su hija y nietos una manera muy peculiar de trabajar el oro y la plata basándose siempre en las técnicas manuales tradicionales. 

Comercializaba diversas mercancías, entre otras, joyas; con el tiempo decidió dedicarse únicamente a este giro y así estableció un táller en la avenida Independencia donde se puso a diseñar, copiar o estilizar sus propias creaciones en metal. 
El oro era traído de las montaña y ríos hasta Oaxaca por los indígenas en forma de bolitas desde San Miguel Peras, Peñoles, Natividad de Sierra Juárez, El Parían y otros lugares; pero al principio, la señora Quevedo Manzano y sus dos hijos pequeños, Teresa y Santos, se subían al tren para ir a buscar el oro en los pueblos vecinos. 
Ella fue pionera, junto con don Manuel Velasco y otros, en la orfebrería oaxaqueña contemporánea.







Luz Ortiz narra que el maestro Alfonso Caso, cuando encontró las joyas de Monte Albán, les pidió a José y Carlos Ortiz limpiarlas sin imaginar aún la riqueza material, histórica y artística que había encontrado.

En la conservación de esta obra plástica, la orfebrería, ha habido diferentes familias que han sobresalido hasta nuestros días por su dedicación y respeto por los cánones estéticos.

La época de los años treinta no era todo lo segura que debiese de haber sido. 
La pacificación del México post-revolucionario hacía inseguros los caminos. 
Rosita Quevedo se enfrentó a que el tren se descarrilara en varias ocasiones cuando viajaba hasta las ciudades de Puebla y México para vender sus joyas.

Con el tiempo, los indígenas gambusinos empezaron a venir hasta su casa para vender las "pellas" o bolitas de oro, como le llamaban a las pepitas metálicas. 
El proceso de pesar, comprar, regatear y pagar el oro podía llevar varios días, por lo que las caravanas que bajaban de la sierra se posesionaban de los pasillos, jardines y largos corredores de la casa de la familia Quevedo. 







Los portales de la vivienda se convertían en una romería: niños, aves, música, flores, sabores y texturas se mezclaban, en el proceso de recibir el resplandeciente metal que era introducido por los dos hijos de Rosita Quevedo, Teresa y Santos, en una olla de barro con ceniza; el oro se colocaba sobre carbón de ocote, se fundía con la ayuda de una fragua y se enfriaba para purificarlo. 
Esta cita con los indígenas gambusinos tenía lugar, por lo general, durante Semana Santa o en Todos Santos.

La consolidación, como mujer continuadora de la joyería oaxaqueña a fines de los años cuarenta e inicio de los cincuenta. Como dato curioso, para ese momento, Rosa Quevedo no era mujer dedicada a la orfebrería. 
La orfebrería se habían vuelto, así como su comercialización, una actividad netamente femenina donde había otras mujeres: María Domínguez, Cleotilde García de Velasco, también experta conocedora de perlas, las señoritas Arenas y Catalina Cortéz de Rueda, fundadora de una dinastía dedicada a la orfebrería que hasta el día de hoy continúan sus hijos.







El trabajador hacía piezas de oro y plata y las mujeres las "vestían" con perlas, corales, diamantes, etcétera, y de ahí iban al parador.

Hasta los años cincuenta, el oro y la plata eran de uso común entre la gente; a diferencia de la Colonia, no sólo las mujeres de alta posición socioeconómica usaban oro, sino también las mujeres humildes del pueblo, las indígenas que venían a ofrecer sus mercancías a los mercados y quienes usaban las joyas como parte vital de su indumentaria y cosmovisión: ... en los mercados populares suelen verse las modestas vendedoras luciendo grandes arracadas de oro, gruesas cadenas y cruces del mismo metal, que sorprenden en esas mujeres, envueltas en ropas pobres, ofrecen puñitos de apio o flores de calabaza. 
Estas mujeres obtienen sus joyas en abonos:
Todas las mañanas el abonero hace un recorrido por el mercado, y las puesteras le entregan su pieza de diez centavos a cuenta de los hermosos aretes de oro que lucen, y que en algunas ocasiones les rozan los morenos hombros desnudos.







Hasta la década de los sesenta, el trabajo en la orfebrería y joyería oaxaqueña era muy rígido. 
Los padres buscaban que sus hijos se ocuparán en una actividad productiva, para ello los mandaban a aprender el oficio con un maestro y, si al maestro no le gustaba la pieza hecha por el aprendiz u oficial, la tomaba, le daba un martillazo y la arrojaba a la fragua para repetirla hasta lograra la calidad requerida.
  






Hacia los años setenta, la familia de Rosita Quevedo lo mismo trabajaba las artesanías oaxaqueñas que la joyería, llegando a tener un gran espacio, una sala de exposición, donde se podía ver trabajar a los orfebres en El Palacio de las Artesanías.

Este ambicioso proyecto, El Palacio de las artesanías, fracasó por cuestiones administrativas y otros motivos. Había que partir de cero y con algunos orfebres, no más de diez, encabezados por María Teresa Calvo hija de doña Rosa, decidieron volver a iniciar la aventura de nuevo; si sus padres habían trabajado por generaciones con la familia Quevedo, sus hijos también lo harían y así, en una vieja bodega, se empezó un fino trabajo de filigrana en oro y plata; además del tejido administrativo y comercial se requería un hilado que resanara los efectos de la quiebra y gracias a un crédito conseguido, al tesón y a una firme voluntad se levantó de nuevo la joyería y se reconquistó al público. 







Aquí cabe destacar la participación de Rogelio Rojas Calvo en el proceso de apertura del mercado nacional y de nuevas plazas de comercialización. Así de una empresa oaxaqueña de 10 familias se pasó a más de cien hoy en día. Se introdujo el concepto de control de calidad en las piezas y se empezó a participar en exposiciones nacionales e internacionales; todo esto se da como una evolución natural dentro de la producción y distribución de la joyería oaxaqueña en la actualidad.







Un paso importante fue definir en 1985 un estilo característico de las joyas, pues antes lo mismo se copiaba un modelo indígena, un modelo contemporáneo, que uno español o francés. A partir de esta fecha se redefine el rumbo de la joyería y ahora sólo se basaría en los modelos tradicionales oaxaqueños, en los diseños antiguos indígenas y en otras joyas con influencia europea para obtener la "orfebrería oaxaqueña" actual. 

La familia Rojas Calvo trabajó la joyería con sus propias manos, además de haber ido adquiriendo la ilustración necesaria en libros, códices, mapas, herrería y fachadas para escoger los diseños por consenso; junto con los orfebres, aprueban o rechazan los bocetos; en esto las relaciones interpersonales entre los artistas del oro y la plata es básica para la conservación.







Hoy en día se trabajan diseños básicos tomados de las joyas descubiertas por Alfonso Caso, aunque con una dimensión distinta por cuestiones de comercialización, y aquí valdría marcar una diferencia entre la joyería actual y la prehispánica o colonial. Antes, según Alfonso Caso, las joyas preciosas y la orfebrería cumplían en Oaxaca, así como en Mesoamérica, un papel ritual, místico o simbólico del poder; eran las ofrendas para las castas especiales o para las deidades, para agradar a los dioses; pero hoy en día no es así, la orfebrería está sujeta a los rigores del mercado; pero a pesar de esto, se busca conservar la calidad y la cosmovisión del sentir oaxaqueño en cada pieza trabajada a mano.







Si se ha conservado la orfebrería "oaxaqueña" se debe no sólo a factores de demanda internacional, sino también a que hay manos dispuestas a aplicar su tradición milenaria, heredada de generación en generación, de padres a hijos, en la elaboración de piezas artísticas que de alguna manera reflejan la sensibilidad y cosmovisión actual del oaxaqueño.

La mano oaxaqueña aún conserva su acabado fino en sus armoniosas y diferentes combinaciones de colores y texturas del oro, con motivos de la naturaleza, flores, hojas, enramados y figuras zoomorfas.

En la actualidad hay familiares indirectos de los joyeros o discípulos que trabajan con los Ortiz, Pazos o Vargas, quienes desarrollaron las tres técnicas de la orfebrería prehispánica, filigrana y colonial, sin que tuvieran una línea específica para trabajar.

Fuente http://virtual.utm.mx







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

LA JOYERÍA PURÉPECHA






Lo más interesante de la orfebrería Purépecha es su tradicional carácter ceremonial.

El maestro Jesús García Zavala aprendió el oficio de orfebre en Pátzcuaro, su tierra natal. 
No lo heredó directamente de su padre, como aún se acostumbra entre los artesanos de Michoacán, sin embargo lleva 36 años en el oficio y su primer contacto con la platería fue en el seno familiar.

A los siete años descubrió en casa de su abuela un arcón de madera lleno de arracadas, anillos y collares de plata; había trabajos recién empezados, otros inconclusos, una báscula de pesitas, una caja llena de cuentas de coral, cerámica, colorines y mucha herramienta.







Recuerda que lo que más le gustaba eran las arracadas de plata y azabache. 
Todo esto pertenecía al hermano de su abuela, Seferino Vallejo, que había sido orfebre de oficio y al parecer uno de los mejores de su tiempo. 
Así nació su cariño por la platería. 
Años más tarde, ya adolescente, tuvo la oportunidad de frecuentar con una de sus tías el taller de don Jesús Pérez, quien -según él- es el orfebre más importante que ha existido en Pátzcuaro.

El maestro Pérez era un artista completo; él mismo diseñaba, forjaba, grababa y burilaba; era un excelente platero que le enseñó la técnica del oficio.

Su abuela, muy contenta por su interés por la platería, le regaló aquel arcón maravilloso, que aún conserva, y que le estimuló a convertir en realidad su mayor anhelo: ser orfebre.







MAESTRO DE OFICIO

Presume ser autodidacta. El oficio lo aprendió con sus propias manos y recursos. Nunca fue aprendiz de nadie y desde el principio trabajó en su propio taller. Cierto es que, los fundamentos y secretos del oficio se los debe a don Jesús Pérez y también, en gran parte, al maestro Cásares, célebre platero patzucarense de los años cincuenta.

Con el maestro Cásares lo interesante, además de nutrirse de sus conocimientos, fue tener la oportunidad de compartir con él su pasión por la orfebrería purépecha y el compromiso de conservar la tradición.


TRADICIÓN PROPIA DE PÁTZCUARO

En Pátzcuaro la plata se ha trabajado desde antes de la llegada de los españoles. 
Prueba de ello fueron las joyas que los conquistadores quitaron al último Caltzonzin; se trataba, según los cronistas, de coronas, cascabeles, anillos, collares, y diversas joyas ornamentales fabricadas tanto en plata como en oro. 
Tan rápido corrió la voz y la fama de la orfebrería purépecha, que -se dice- Hernán Cortés mandó fabricar a los orfebres de Pátzcuaro una serie de pequeñas máscaras en oro macizo, que envió a España como regalo al emperador Carlos V.







ORFEBRERÍA TRADICIONAL PURÉPECHA

La platería purépecha se hace como las más antiguas orfebrerías del mundo, a base de la forja. 
Esta técnica permite que las piezas tengan un mayor detalle en el grabado, como puede apreciarse en las escamas de truchas y pescaditos blancos que se usan en los aretes y collares tarascos.

Actualmente, una diferencia básica entre la platería purépecha y la de Taxco es que ésta última se ha industrializado, mientras que la platería tradicional de Pátzcuaro se sigue fabricando cien por ciento a mano y utilizando los mismos materiales e instrumentos desde hace por lo menos dos siglos.

Esto, además de preservar nuestra técnica tradicional, tiene la garantía y, para algunos la limitante de que no se pueden trabajar otros metales que no sean la plata y el oro, como sucede con muchas de la orfebrería de Taxco que se fabrica en alpaca.

Los artesanos purépechas utilizan la plata de 925 g, aunque, durante los siglos xviii y xix, emplearon la de 800 gramos. Don Jesús trabaja la de 925 g, pero también ha utilizado la de 800 g; la primera es más dócil y permite un terminado más blanco. 
Además, la plata de 925 g obliga, por su tipo de maleabilidad, a fabricar piezas más gruesas y por tanto más sólidas.






EL RITO DE LA PLATA
Para realizar cualquier pieza, primero se funde la plata que se adquiere en polvo o en pequeños terrones. También se puede agregar pedacería, siempre y cuando los pedazos sean puros y no muy grandes. Antes de fundirla hay que limpiar concienzudamente el polvo y demás impurezas. Ya limpia se deposita sobre un pedazo de carbón vegetal y se procede a derretirla.
Sólo se requiere de un soplete de alcohol o petróleo, una buena boquilla y, por supuesto, mucho pulmón, porque si uno no alcanza la temperatura adecuada, la plata se revienta, se fractura.
Al solidificarse, la plata fundida se convierte en un riel que, mediante un máquina sencillísima de rodillos, se lamina una y otra vez hasta conseguir el espesor deseado. Si se necesita hacer alambre o hilo, el riel se adelgaza hasta obtener el calibre esperado. Esto se hace con un burro de tensión de fabricación casera, que consiste en un banco de trabajo y cuerdas (mecate) de diferentes grosores.
El hilo de plata se utiliza para unir las piezas, para hacer los broches de aretes y collares y, en ocasiones, como hilo para engarzar. Una vez laminada la plata viene la forja o fragua, y ya obtenida la forma deseada se procede a soldar y luego a burilar o grabar. Posteriormente vendrán los procesos de acabado: bruñir y pulir.
 

DECORACIÓN DE JOYAS

Don Jesús prefiere la porcelana por ser el material más fácil de conseguir actualmente, y el que más se asemeja al coral, que equivocadamente, se considera el elemento ornamental tradicional de la joyería purépecha, ya que antiguamente se empleaban como elementos ornamentales la semilla de colorín y el azabache.

El coral no pertenece a la geografía de los tarascos, fue traído de Filipinas y de Japón a Michoacán por las Nao de China, cuando la Real Aduana de la Nueva España estaba precisamente en Pátzcuaro.
 





HISTORIA Y TRADICIÓN

Lo más interesante de la orfebrería tradicional purépecha es su carácter ceremonial y festivo. Por ejemplo, la mayoría de los poblados de la ribera del lago y aledaños a Pátzcuaro tienen sus modelos particulares de joyas, especialmente las arracadas; son dignas de mención las de Patambán, Uricho, Uranden e Ihuatzio, entre otras.

Los purépechas todavía acostumbran simbolizar el compromiso de la novia con las arracadas propias del poblado del novio. 
Existen también collares de compromiso y de boda, como el llamado purépecha, que don Jesús fabrica en cinco modelos diferentes; los hay con monedas, bolas, cruces, colorines, etcétera. 
En cuanto a la hechura de anillos y sortijas, el más apreciado es el tumbigón, que en purépecha significa anillo de novios.






Este artesano considera que en su trabajo, tanto el diseño como el conocimiento y manejo de los materiales tradicionales se han enriquecido.

Aunque ha realizado algunas réplicas de piezas muy antiguas, el estudio y conocimiento de piezas originales de siglos atrás le ha permitido, sobre todo, crear sus propios modelos sin apartarse de las características tradicionales, desarrollando una platería de manufactura más fina que la tradicional de Pátzcuaro.

Su trabajo es conocido en muchos países de Europa, Estados Unidos y recientemente Japón.






Además, con frecuencia recibe invitaciones para exponer su obra en museos y galerías de todo el mundo. Y no es que se niegue pero es un artesano y como tal vive del trabajo que diariamente realiza. Todo lo que fabrica lo vende muy rápido y mucha de su producción es por encargo. Para exponer en una galería el maestro necesitaría no menos de 50 piezas, lo que equivale a casi tres meses de trabajo.

HERENCIA DE LA VOCACIÓN

Su hijo Juan Manuel -el mayor-, desde muy pequeño se interesó por la orfebrería; durante los años de su educación primaria y secundaria iba al taller de su padre todas las tardes a ayudarlo. 
Su formación como platero es bastante sólida, especialmente en platería ceremonial. 
Para don Jesús es muy importante que uno de sus hijos -de ocho- continúe el oficio, al cual él ha dedicado casi 40 años de su vida. 
Al respecto don Jesús nos dice:

"Cuando me vaya, estoy seguro que Juan Manuel no sólo continuará, sino superará la labor de su padre. ¿Qué mayor satisfacción puedo tener de mi arte? ¿Qué más puedo pedirle a la vida?".

Fuente: www.mexicodesconocido.com.mx





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

LAS PERLAS






Las Perlas…

Si buscan en un diccionario, enciclopedia o en Wikipedia (que es lo que al final hacemos la mayoría), verán que lo que se define como una Perla:

Es la reacción de diversos tipos de moluscos bivalvos de la familia de Pteriidae a un cuerpo extraño que entra de alguna forma a su interior carnoso, este cuerpo (por ejemplo un grano de arena) básicamente le es irritante al animal (irritante como podría ser para uno si por ejemplo tuviésemos una piedra en el zapato, nuestra reacción sería quitarnos el zapato y sacudirlo hasta expulsar la piedra), en el caso del molusco, este no es que expulsa al cuerpo extraño sino que reacciona entonces cubriéndolo con una serie de capas de nácar, esa recubierta de suave e iridiscente brillo que se suele ver en el interior de la concha de casi cualquier tipo de mejillón o almeja conocido. 


Científicamente al nácar se le define como una mezcla de carbonato de calcio y una proteína producida por el animal (almeja/mejillón/etc.) llamada Conchuilina, dependiendo del tipo de molusco el tono o color del nácar puede variar produciendo por ello variados colores de perlas, todas son esencialmente lo mismo, así que no necesariamente el que existan de varios colores deprecie su valor (cómo sucede en el caso de los diamantes), de hecho mientras más raro sea el color, más rara será esa perla y por lógica más cara.







Por cientos de años las perlas han sido consideradas tan valiosas como las gemas minerales (diamantes, rubíes, esmeraldas, etc.) y de hecho su peso es definido por la misma unidad: el carat, mientras más carats pese una perla probablemente ésta será más grande y más valiosa. Ahora, lo anterior no quiere decir que porque una perla pese por ejemplo lo mismo que el diamante Cullinan, el diamante más grande conocido, es decir, 3.106,75 qts. (casi medio kilo), esperemos ver una perla perfectamente redonda de igual tamaño, NO… me explico, existen perlas realmente más grandes, prácticamente gigantescas que no solo pesan más de lo que pesó el Cullinan cuando fue hallado, sino que lo superan yo diría que unas 10 veces, por ejemplo, la llamada “Perla de Allah”, pesa poco más de 6 kilos, pero no se trata de una gigantesca bola perfectamente esférica de nácar ni nada parecido, de hecho tiene una forma irregular y es que las perlas perfectamente redondas son más escasas de lo que la mayoría podríamos pensar, no todas las ostras producen perlas esféricas, más bien depende, de en que parte del molusco se forme la perla lo que determina en muchos casos si será o no redonda e inclusive si será o no de superficie lisa.






Perlas Naturales y Perlas Cultivadas.

Cuando hablamos de perlas es importante señalar que como los diamantes existen al menos 2 tipos, es decir, las naturales, formadas espontáneamente por el molusco, sin ningún tipo de intervención secundaria y las llamadas Perlas Cultivadas que se producen gracias a la intervención del hombre; la acotación la hago porque la realidad es que NO todos los moluscos bivalvos producen perlas, de hecho se estima que solo el 10% podrían producir perlas y de esos solo el 6% las producirían efectivamente, en otras palabras, si lo dejamos solo por cuenta de los mejillones y las almejas probablemente las perlas naturales serían unas verdaderas rarezas debido a su escases ya que es casi por azar que una almeja o un mejillón logre producir naturalmente una perla. Debido a lo poco frecuente que es el que se hallen perlas naturales fue que el hombre, en su afán por obtener más de estas pequeñas “gemas” nacaradas, al comprender cómo y por qué se formaban las perlas decidiera intervenir de manera de producir o cultivar a su antojo más de ellas, de ahí que sugiera el tipo más común encontrado actualmente: las perlas cultivadas. ¿Cómo o de qué forma se producen estas perlas cultivadas?… para no entrar en detalles demasiados extensos les puedo contar brevemente que si una perla se forma naturalmente por la entrada espontánea de un cuerpo extraño en el interior de un molusco bivalvo que le provoca una irritación y que lo hace envolver dicho objeto en nácar, en el caso de las cultivadas es el hombre el que a propósito introduce en el interior del molusco dicho cuerpo, dejando que luego el animal se ocupe de convertirlo en una perla en un determinado tiempo; no olvidemos que las perlas a diferencias de las gemas no necesitan millones ni miles ni mucho menos cientos de años para su formación… dependiendo de la especie de almeja y del tamaño que se desee obtener eso puede demorar meses o unos pocos años.







Lo que sí es también importante señalar con respecto al valor actual de las perlas, es que debido a que actualmente la gran mayoría de las que están a la venta y disponibles son cultivadas, su valor con los años y el aumento en la oferta se ha depreciado un poco, de ahí que ahora sea más accesible que en el pasado el poder obtener perlas. 
En todo caso si se consigue una perla natural su valor siempre será superior al de una cultivada, por lo que las perlas naturales que se conocen y existen actualmente están valoradas en miles y millones de dólares contra los miles que la mayoría de las más grandes y de excepcional calidad de las perlas cultivadas pueden alcanzar en el mercado actual.



Perlas de agua dulce


Perlas de agua dulce


Perlas de agua salada

Perlas de agua salada



Perlas de Agua salada y de Agua dulce.
De las perlas además podemos decir que las hay tanto de agua salada (marinas) y de agua dulce (fluviales), las primeras obviamente son las halladas en ostras que se encuentran en el mar mientras que las segundas son las que son halladas en ciertas almejas de ríos y lagos, en ambos casos su valor es el mismo si nos referimos a que se traten de perlas naturales y perlas cultivadas, aunque las de agua dulce pueden ser algo más valiosas debido a que, a diferencia de las de agua salada, las de agua dulce son 100% nácar puro, es decir, carecen de un núcleo, lo que no es el caso de las perlas de agua salada (desde luego esto lo estoy acotando hablando del caso de las perlas cultivadas), y claro que el que una perla de agua dulce sea más costosa que una de agua salada depende de si se está valorando solamente el nivel de nácar en la perla. 

La mayor diferencia entre ambos tipos de perlas (de agua salada y de agua dulce) probablemente esté en la forma y el peso, las cultivadas de agua salada, tienden a ser redondas o redondeadas y de un considerable tamaño, es decir, no hablamos de perlas diminutas, mientras que las de agua dulce pueden tener forma variable y generalmente suelen ser más pequeñas, aunque esto tampoco es una regla, otra cosa que diferencia a ambos tipos es el color, las de agua dulce desarrollan mayor variedad de colores que las de agua salada.




Perlas de agua salada y agua dulce



Formas de las Perlas

A diferencia de las gemas, la forma de las perlas no puede ser alterada por el hombre, es decir, no pueden ser ni talladas ni cortadas, puesto que se tratan de objetos de origen orgánico, lo que las hace frágiles ante cualquier tipo de manipulación agresiva o extrema, por ende las perlas son como son y hay que aceptarlas tal y como son. 


Debido a que no hay manera de alterar su forma a las perlas se le ha aprendido a usar en joyería principalmente ateniéndose a las formas naturales en que vienen, lo que en si mismo las han hecho altamente versátiles y valiosas en todo el campo de la joyería, en éste se les ha clasificado en determinados tipos de formas reconocibles:





- Redonda. 

Es la forma más común en que pueden encontrarse las perlas y son usadas generalmente para collares o caravanas.



- Pera. Las de esta forma suelen ser usadas en broches y colgantes.



- Botón. Se las suele emplear para botones, broches, anillos y caravanas.



- Barroca o irregular (también llamadas Blister). Que también son usadas en collares y pendientes a modo de colgantes generalmente.


Tipos de perlas03



Perlas y madre perlas

Ya prácticamente no se buscan perlas naturales debido a su escasés, al menos no con la intención de comercializarlas, y por ello ya es bastante raro ver a la venta perlas naturales de calidad, por ello cuando se habla de perlas para comercializar las cultivadas son la opción única y obvia; actualmente entre las variedades de perlas cultivadas disponibles que son comercializadas y que son de uso para joyería tenemos:


Entre las perlas de agua salada.

- Las Australianas o de los mares del Sur. 

Son como su nombre indica cultivadas en las aguas saladas del norte de Australia, además de en las aguas de Myanmar, Indonesia y otros países del pacífico. Producto de las ostras de la especie “Pinctada Máxima” son reconocidas por ser probablemente las de mayor tamaño, mejor lustre (de iridiscencia plateada), además de su innegable belleza. 
Debido a su calidad estas son las perlas más costosas actualmente; el tiempo de cultivo de estas perlas oscila entre 3 y 8 años dependiendo del tamaño deseado.



Perlas de los mares del sur



- Las Tahitianas. 
Conocidas por ser generalmente perlas negras, realmente las perlas de esta variedad vienen en variados tonos que cubren la gama de colores se extiende desde los grises con iridiscencias verdes, naranjas, magenta o doradas, hasta los más intensos azules cobalto, son producidas por las ostras de la especie “Pinctada Margaritifera” y el tiempo de cultivo en esta especie es de 2 a 3 años. 
A diferencia de su nombre no es que estas perlas sean cultivadas precisamente en Tahití, se consiguen generalmente en las aguas saladas de la Polinesia Francesa y entre las variedades de ostras perlíferas, las ostras Pinctada Margaritifera tienden a tener un bajo nivel de supervivencia lo que aunado al hecho de que la mayoría de las perlas tahitianas producidas tienen importantes defectos hace que las pocas catalogadas como de buena calidad alcancen precios bastante elevados en el mercado.



Perlas tahitianas



- Las Akoya, o cultivada japonesa. 
Se piensa que el origen de la técnica de cultivo de perlas es debido a un japonés de nombre Tatshuei Mise, pero fue otro japonés llamado Kokichi Mikimoto el que la perfeccionó, a él es que se debe tal como las conocemos hoy la existencia de las perlas Akoya; originarias de la ostra de la especie “Pinctada Fucata” u Ostra Akoya, fueron probablemente las primeras perlas que se han cultivado para la comercialización, entre las perlas cultivadas las Akoya son las que tienen menos recubrimiento de nácar sobre el núcleo sintético que es implantado en la ostra, lo que hace que solo el 5% de las implantaciones de núcleos de gran tamaño generen una perla de calidad, es decir una perla de tamaño por encima de los 7 mm y redondez casi perfecta, sin embargo el tiempo de cultivo desde la implantación del núcleo hasta el momento de la cosecha de la ostra es bastante menor que en el caso de otras variedades de ostras perlíferas, aproximadamente año y medio. Las Akoya suelen ser perlas con una redondez prácticamente perfecta pero suelen ser pequeñas debido también al hecho de que la ostra Akoya no es tampoco una especie muy grande. Las perlas Akoya suelen venir en 3 tonalidades de color, las hay blancas, rosas y crema.






Entre las perlas de agua dulce.

Todas las perlas de agua dulce son conocidas como “Freshwater”, sin importar en que parte del mundo se produzcan, como ya se mencionó estas son perlas producidas en almejas o mejillones de agua dulce que pueden ser hallados en ríos, lagos o bahías (de agua dulce obvio); estas perlas son generalmente menos costosas que sus pares marinas y también de más fácil cultivo y cosecha. 


Las perlas Freshwater pueden ser halladas en China, Japón y los Estados Unidos (importante productor perlífero en el pasado); son producidas por diversas variedades de moluscos de agua dulce entre las cuales se destacan la “Unio Margaretafera Oyster” también llamada Ikekou, y el “Cumingi de Hyriopsys”. 

La particularidad de las ostras y/o mejillones que producen las perlas de agua dulce radica primero en que son capaces de producir hasta 4 perlas al mismo tiempo de diferentes colores y formas, además de que el animal puede sobrevivir después de ser abierta su caparazón para extraerles la o las perlas y volver a ser cultivado para repetir el proceso. 







El tiempo de cultivo de las Freshwater oscila entre 3 y 8 años, que es tan lento como el de las perlas Australianas, pero en términos de producción las ostras de las Freshwater son probablemente más rentables que las demás ostras perlíferas. 
Siendo perlas de agua dulce las Freshwater poseen alto nivel de nácar que según la variedad de ostra puede tener una gran pureza, aunque en detrimento de esto el lustre de estas perlas tienda a ser un poco menor, además es muy difícil obtener Freshwater redondas, todo ello también ha pesado a que los precios de estas perlas sean inferiores a los de sus pares marinas.






Las Perlas Venezolanas…

A modo de detalle destacado, no puedo dejar pasar la ocasión de reseñar la tradición perlífera que hubo en Venezuela. 

A comienzos de la conquista y colonización española, por allá por finales del siglo XV, Cristóbal Colón descubre en su tercer viaje al nuevo mundo, a la Isla de Cubagua, la menor de las 3 islas que conforman el único estado insular de Venezuela, Nueva Esparta. 







Cuando Colón llega a esta diminuta isla descubrió en ella la presencia de indígenas quienes para su asombro se mostraron adornados por llamativas perlas, y es así como descubre que en las inmediaciones de esa desolada isla se encontraban grandes bancos de almejas perlíferas, razón por la cual llegan posteriormente los primeros españoles que fundan en Cubagua la primera ciudad colonial de Suramérica; bautizándola con el nombre de Nueva Cádiz de Cubagua, la ciudad fue fundada a comienzos de la década del 1520, y llegado el mayor auge de explotación perlífera también llegó a ser bastante importante además de famosa en poco tiempo debido a la belleza y la calidad de sus perlas, con lo cual las perlas venezolanas pronto se darían a conocer en Europa; el auge sin embargo no duró mucho, desgraciadamente como todo lo que es sobre explotado y todo lo que fue robado, arrebatado y destruido por la conquista española, la abundancia de perlas pronto decayó casi 2 décadas después y a inicios de los años 1540 ya prácticamente no quedaban perlas que explotar en Cubagua, después se descubrirían también perlas en la isla de Margarita que también serian explotadas por los españoles. 






Las perlas venezolanas conocidas son consideradas de una gran calidad, originarias de las ostras de la especie “Pinctada imbricata” u Ostra Atlántica, destacan por su lustre hermoso y casi perfecta redondez, es una lástima que gracias a los conquistadores españoles los venezolanos en la actualidad prácticamente no podamos tener la fortuna de disfrutar de nuestras perlas autóctonas, pues ya es casi imposible conseguir perlas de calidad en Nueva Esparta… (que no sean las que están en museos).



Cruz Venezolana
Cruz Venezolana. Oro con perlas margariteñas.


Fernando Gatto
kaia Joyas Uruguay