miércoles, 3 de abril de 2013

EL RETICULADO EN LA PLATA


El proceso de reticulado es más bien una tarea aburrida, en la que debe ser calentada la pieza muchas  veces al rojo para hacer que el cobre en la plata se  oxide en la superficie. 
Después de cada calentamiento, la plata debe ser decapada para eliminar la capa de óxido, dejando una suave superficie blanca.







1. Este proceso de calentamiento y decapado se debe repetir al menos ocho veces con el fin de producir una piel exterior de plata fina. 
La plata esterlina por debajo de la piel exterior de plata fina se funde a una temperatura más baja y el enfriamiento desigual de esta capa fundida hace que la superficie de metal a la hebilla y arrugas.







2. La reticulación real se lleva a cabo por calentamiento de la plata hasta que la superficie inmediatamente por debajo de la llama se vuelve más brillante. 
La llama se mueve lentamente a través de la superficie de modo que el área brillante se mueve junto con la llama. 
No deje la llama en un lugar demasiado tiempo.
Hemos puesto nuestra hoja de plata sobre un pequeño ladrillo refractario rotativo que mantiene en movimiento en un intento de producir un patrón de remolino circular.







3. Una vez que toda la superficie está reticulada, permitir que la pieza se enfríe. 
Decape para eliminar la oxidación y luego enjuague y seque. Coloque la superficie de metal reticulado, hacia arriba, sobre una placa de banco y luego aplane con un mazo de caucho blando.


4. Cepille el metal con un cepillo de metal suave, jabón y agua para que tome brillo.

Ponga a un lado hasta el paso 9.


5. Formar un bisel doblando un pedazo alambre fino de plata alrededor de su cabujón en este caso una  turquesa.







6. Utilizar los pins de acero inoxidable para mantener el bisel en el lado de un ladrillo refractario, asegurándose de que los extremos se alinean perfectamente. 
Aplique fundente y coloque un pallon de soldadura fuerte en la unión. 
Calentar el bisel cuidadosamente para secar el flujo sin perder la soldadura. 
Cuando el fundente se vuelve vítreo, mover la punta de la llama por la unión hasta que la soldadura se funde y fluye. Deje que el bisel se enfríe y luego decape.







7. Cubrir la base de la turquesa con cinta adhesiva para protegerlo, a continuación, coloque el bisel sobre la turquesa para verificar el tamaño, retire la piedra y lije el bisel hasta que quede perfecto y apoye perfecto en la base de metal. 

8. Aplicar fundente sobre la placa posterior entera y colocar payones pequeños de soldadura dura alrededor del exterior de la chapa. Calentar la placa trasera hasta que la soldadura fluya alrededor del marco, pero tenga cuidado de no derretir el bisel en el proceso. Deje que el montaje se enfríe y luego decape para eliminar el flujo y la oxidación.







9. Coloque el cabujón de turquesa en la superficie de la plata reticulada de la Etapa 4. 
Mueva el cabochon alrededor hasta que pueda determinar el patrón más agradable. Marque alrededor del cabujón usando un marcador de punta fina. 







10. Perfore para cortar el centro de el metal de base del cabuchón.
Coloque el disco de sierra por el agujero y corte para eliminar la sección central.

11. Presente alrededor del interior de la abertura en la lámina reticulada hasta que se ajuste perfectamente sobre el bisel.







12. Para ayudar a visualizar lo que la forma externa debe ser, colocamos el cabujón de turquesa en el bisel y luego se colocan las tiras cortas de cinta azul de pintor alrededor de la lámina reticular para ayudarnos a decidir dónde queríamos el borde exterior. 


13. Con los dedos y una sección de una espiga de madera ", doble el alambre cuadrado para adaptarse a la forma delineada por la cinta azul. 
Presente los extremos para producir un conjunto  ajustado para soldar.







14. Coloque el borde exterior sobre un ladrillo refractario, y luego suelde con soldadura fuerte. Dejar enfriar y luego decape.

15. Coloque el borde externo sobre una placa de acero y luego aplane con un mazo de cuero crudo. 
Comprobar que el bisel exterior todavía se ajusta a la forma original. Cambiar la forma con los dedos si es  necesario.

16. Retire la cinta azul de la hoja de plata reticulada y corte alrededor de la parte exterior de las líneas marcadas.







17. Colocar cuidadosamente y presentar la plata reticulada hasta que apenas se ajuste a la parte interior del borde exterior de alambre cuadrado.
Empuje la plata reticulada hacia abajo hasta que su parte inferior quede a ras con la parte inferior del borde externo.







18. En la preparación para el montaje suelde todo el conjunto.

Coloque varias docenas pallones de soldadura media en el área de la placa posterior entre el bisel y el borde exterior. 
Calentar hasta que la soldadura sólo se corra y se deja enfriar. 
Sabemos que hemos utilizado un exceso de soldadura, pero la parte de atrás de la hoja reticulada es muy áspera y desigual y no podríamos depender de la acción capilar para ayudar al flujo de la soldadura.







19. Empuje hacia abajo para que encaje firmemente se calienta el ensamblado con un soplete hasta que la soldadura fluya luego decape.

20. Con cuidado, mire alrededor del exterior del  borde exterior, y luego presente y corte a el ras.







21. Para fabricar el soporte por donde pasa la cadena corte unos centímetros de calibre 10 con alambre de plata esterlina cuadrado. y aplane una de sus puntas con un martillo de base plana.







22. Sujete el extremo aplanado en una morza de banco y doble a un ángulo recto.

23. Utilizando sus manos, doble el alambre cuadrado 180 ° alrededor de una varilla de acero de 3/8 "de diámetro sujeta en una morza de banco.







24. Sujetar el otro extremo del alambre cuadrado en la morza de banco y doblar 90 °. 
Corte este extremo a la misma longitud que el primer extremo.






25. Lije y pula para que quede con a una forma suave y agradable, y con ambos extremos simétricos.

26. Hacer una depresión en un ladrillo refractario para apoyar el alambre invertido. Ponga fundente en las superficies inferiores y colocar un pallon de soldadura blanda en cada una de las dos almohadillas inferiores.







27. Ponga fundente en la parte trasera del dije donde se va a ubicar el soporte y suelde. Enfriar y decapar.

28. Cepille el dije entero con un cepillo de latón fino, jabón y agua para producir una superficie satinada.

29. Mezcle una porción tamaño de un guisante de hígado de azufre en una taza de agua caliente, a continuación, utilizar un pincel para aplicar la solución de hígado de azufre a la superficie reticulada solamente. 
Una vez que lograr el color deseado, aclarar con agua limpia y seque. 
Encerar la superficie con cera Renaissance para sellar y estabilizar el color (pátina).







33. Ajuste el cabujón de turquesa en el bisel con un rodillo de bisel. Vaya alrededor del bisel varias veces para asegurar un ajuste.

Esperamos que hayas disfrutado del proyecto con plata reticulada y que lo uses para dejar volar tu imaginación.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

PRINCIPIOS DE LA GEMOLOGÍA PARTE 9


Zafiros



ZAFIRO Y RUBÍ, LA MAGIA DEL COLOR

Rubí y zafiro son dos términos que hablan del mismo mineral, el corindón. 
Son muchas las piedras o gemas de color rojo o azul, pero cuando se habla de una roja, instintivamente pensamos en el rubí. 

Del mismo modo, hablar de una piedra azul muchas veces equivale a pensar en el zafiro. Para conseguir el "rojo adecuado" o el "azul adecuado" se precisa un poco de oxígeno y un poco de aluminio bien cristalizados. Son dos elementos químicos abundantes, pero escasos conjuntamente, son dos componentes ligeros, pero que al unirse dan un compuesto pesado. Podemos decir que la naturaleza a veces tiene estos caprichos de crear tales contrastes.




Zafiro



El rubí, suma rareza

De entre todas las piedras preciosas, el rubí, con un color en el que contribuye ligeramente el cromo, es con diferencia la más rara y, por tanto, la más cara. 
Los comerciantes las venden a precios de fábula, y no siempre. 
Hablamos, claro está, del rubí "sangre de pichón" el birmano, no del rojo pálido, o del rojo violáceo de Ceylan (o mejor dicho Sri Lanka), ni tampoco el rojo oscuro de la mayor parte de los rubíes de "Siam". 

Si el ejemplar supera los tres quilates de peso (la uña del dedo meñique, para entendernos), no tiene fracturas y muestra pocas inclusiones, su valor puede superar fácilmente los 300 millones de pesetas por quilate, es decir, más que el diamante de buena calidad. 




Rubí



No en balde los orientales, que entienden bastante de joyas, han puesto en primer lugar el rubí, junto con el jade oriental de color verde esmeralda. 
El valor del rubí desciende vertiginosamente si el peso es inferior a dos quilates y más aún, si se trata de piedras menores, inferiores al quilate.


Zafiro, elegante, pero menos "noble"

El zafiro es mucho más accesible por ser menos raro, y el motivo es simple: el hierro y el titanio que, uniéndose al óxido de aluminio, dan lugar al típico color azul añil, son elementos muy extendidos en
la litosfera, bastante más de lo que está el cromo de los rubíes. 
Las minas son más numerosas en casi todos los continentes, si bien, pocas poseen el bello color azul-violeta profundo del "Birmania" o el "flor de lis", de "JasHmir": en estos casos la rareza es casi igual a la de los más apreciados rubíes. También muy bellos son algunos ejemplares de "Ceylan", con un color azul intenso, y algunos otros de "Camboya". 

Por suerte, la mayor parte de los compradores considera que los zafiros mejores son los azul oscuro, casi negros, procedentes de Australia y Thailandia. Decimos, por fortuna, porque se pueden comprar a precios razonables cuando las piedras de calidad ya no bajan de la decena de millones por quilate.




Rubí



Los otros corindones, bellos y descuidados

Otras variedades del corindón poco conocidas, pero muy bellas, son las de color mandarina ("flor de loto"), de elevado precio; las de color amarillo oro ("topacio oriental"): la rosa y la azul clara (de tonalidad muy distinta a la del aguamarina). 

Menos atractivas son las variedades violetas o las verdes, e incluso las verdes amarillentas. 
Todas estas variedades, transparentes y talladas como los rubíes y los zafiros, se denominan impropiamente zafiros amarillos, zafiros rosas..., cuando lo correcto sería llamarlas corindón amarillo, corindón rosa...




Rubí



Un poco de historia y curiosidades

Tanto los rubíes como los zafiros se han llevado siempre: con sus colores vivos e intensos no podían escapar a la curiosidad, incluso de los hombres de la prehistoria. 
Estas piedras orientales son las primeras, y ni siquiera las esmeraldas y los diamantes pueden desplazarlas, formando las cuatro el "grupo de los cuatro grandes".

La tradición popular ve en el rubí el símbolo del amor ardiente, de la pasión, el entusiasmo, la fuerza y la victoria. 
Representa también la fe ciega y es el talismán contra la tristeza y la obesidad. 
Es la piedra de los nacidos en julio, bajo el signo de Cáncer. 
El zafiro es símbolo de nobles ánimos, calma las pasiones amorosas, induce al amor idealizado e incluso a la castidad. Para los orientales es un antídoto frente a las inflamaciones de los ojos y de las vísceras. 
Es la piedra de los nacidos en septiembre bajo
el signo de Virgo.







Entre los ejemplares famosos debemos mencionar el "Rosser Reeves", del Smithsonian Museum de Washington, que pesa 138 quilates y está considerado el más bello rubí estrellado del mundo. 

El "De Long" (100 quilates), en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Pocos son los rubíes de considerable peso que se exponen y, desde luego, están custodiadísimos. 
Merecen citarse los que posee la Maharaní de Baroda y de Rosenthal. Cecilia de Rotschild posee, en su colección, el rubí más perfecto de cuantos se conocen, con un peso de 26-27 quilates.

Debemos recordar un considerable número de piedras preciosas consideradas como rubíes y que, sin embargo, son espinelas: el caso más clamoroso es el del rubí del Príncipe Negro, una piedra de 50 mm de longitud, propiedad de la corona inglesa, y que está solamente pulida. 




Zafiro


Los zafiros, por su parte, son, como ya hemos dicho, más habituales en la Naturaleza: los ejemplares pueden alcanzar varios centenares de quilates, sobre todo si son estrellados. 
Recordemos solamente la "Estrella de las Indias", de 563 quilates (más de 100 gramos); la "Estrella de Asia", de 330 quilates, y el "Ruspoli", de 132 quilates, perfecto por su color y su talla.


La talla de los corindones

En la talla de los corindones el papel del hombre es de vital importancia. 
Las proporciones no siempre se respetan, pues se trata de aprovechar al máximo la piedra y evitar las pérdidas de peso, por lo que se toleran las gemas con la parte inferior asimétrica. 
Tampoco se respetan los ángulos, como requeriría el índice de refracción del mineral, según la dirección. 

Siendo el corindón pleocroico una "tabla" girada en pocos grados respecto a la dirección correcta, confiere al zafiro un desagradable color verduzco, y al rubí, un tinte rojo amarillento.

El tallador deberá tener cuidado y considerar las inclusiones de acículas de rutilo (bióxido de titanio), a menudo presentes en los cristales hexagonales, prismáticos o bipiramidales del corindón. 
Estas acículas se ponen de manifiesto cuando la piedra ya se ha pulido, bajo forma de un reflejo plateado
"móvil" sobre la superficie. 







Cuando estas acículas son muy visibles, el valor del ejemplar cae en picado.
Esto no sucede si el rutilo se entrecruza formando ángulos de 120 grados, en tal caso, la piedra se talla formando superficies curvas en la dirección adecuada, y si la base es esmirilada, aparecerá un precioso reflejo en forma de estrella de seis brazos, brillante,"móvil" y luminosa, a medida que la fuente de luz que ilumina la gema sea más intensa y puntiforme. 

Estos corindones estrellados -zafiros y rubíes- se denominan también estrellas, y, si bien, para el gran público no merecen atención, para los entendidos de países como USA, Inglaterra o Alemania, son de gran interés.


El uso de rubíes y zafiros

Por lo duros y resistentes que son, los rubíes y los zafiros, se pueden utilizar para todo tipo de joyas, incluso para anillos, pese a ser los más expuestos a percances. 
Merece la pena combinarlos con diamantes para realzar su belleza.







Conviene recordar que mientras que el rubí es una espléndida joya de noche, pues brilla con luz artificial, el zafiro es preferible usarlo de día. 
Sólo las piedras de Ceilán pueden mostrar su color turquesa y su elevado brillo, aunque la luz no sea natural. 
Con los corindones naranjas, amarillos, rosas y azul claro se pueden crear magníficas fantasías. Menos bellas son las variedades verdes y violáceas. 

Por el contrario, los anillos montados sobre piedras estrelladas confieren un toque de misterio muy sugerente (el problema será su credibilidad).


Las "parecidas" de menor valor

Se asemejan bastante a los rubíes solamente la espinela roja y la turmalina (rubelita), que, si bien son de valor, este es sensiblemente inferior al de los rubíes. 
Algunos granates (almandino, piropo) pueden parecer rubíes oscuro del tipo "Siam", pero siempre tienen un valor muy inferior al de las piedras que imitan.



Rubelita



Semejantes al zafiro son la benitoita (acaparada por coleccionistas y muy rara de un peso superior al quilate), la espinela azul (monorrefringente, un poco más gris o verdosa que el zafiro), la cianita (piedra azul cielo que asemeja a los zafiros de "Ceylan") y la zoisita azul o "tanzanita" (con fuerte pleocroismo rojo-púrpura-violáceo). 




Benitoita


De todas estas piedras, todas naturales, solamente la última puede alardear de tener un valor semejante al de los zafiros. 
La distinción, en el caso de material sin trabajar, es sencilla, pues ninguna especie tiene la dureza del corindón, sólo atacable por el diamante.




Cianita



Las imitaciones y los corindones sintéticos

Las imitaciones siempre han existido, y los expertos notan rápidamente los cristales falsos, por ser más fríos al tacto y más ligeros; además, la talla es menos perfecta, el aspecto es más "líquido", y, por último, suelen aparecer pequeñas burbujas en el interior.

Los corindones sintéticos se iniciaron hace casi un siglo y tienen las mismas constantes físicas que los naturales, tratándose del mismo material, aunque hecho por el hombre. 
Comprobar el peso específico, la dureza o el índice de refracción no servirá para nada, además, el ojo del experto o una lente de 10 aumentos seguirán sin decirnos nada.




Zoisita



Los casos más sencillos en que se pueden descubrir el carácter sintético son aquellos en que, por análisis microscópico, se descubren pequeñas burbujas internas o bien estrías, que aun conservando el paralelismo de las piedras naturales, muestran en conjunto una línea curvilínea. 

La presencia de zonas de tinta menos fuerte se debe al hecho de que el color del corindón está casi siempre repartido de forma poco homogénea, a excepción de los amarillos y los que están poco coloreados. 

Tales bandas aparecen en los ejemplares naturales siempre rectilíneas o en línea entrecortada (lados de hexágono); si la piedra a examinar es muy pequeña, resulta muy difícil decidir si las zonas están verdaderamente derechas. 
No debemos olvidar que existen tambien piedras dobles, es decir, piedras partidas en dos y
encoladas, que parecen a primera vista elementos sintéticos. 
Existen también, por último, piedras estrelladas sintéticas muy parecidas a las naturales.







Algunos consejos para una buena compra

A parte del argumento del precio que deberá de tratarse sólo ante la mercancía (se dice que cada piedra tiene su precio), recordemos que el color de un rubí debe ser rojo intenso, sin tendencias al rosa, al
violeta o al granate; las inclusiones no deben ser fáciles de ver, las fracturas emergentes sobre la superficie exterior pulida deben de evitarse. 

El zafiro debe aproximarse al azul "flor de lis" o al "manto de la Virgen", no demasiado oscuro ni muy claro, sin reflejos grisáceos y menos aún verdosos. 

En los casos estrellados, la estrella debe estar centrada, móvil, nítida y luminosa, incluso cuando la luz no sea intensa, además, no debe de faltar ningún brazo. Las estrellas rojas, muy raras, y las azules valen mucho más que las rosadas, grises acero o rojas oscuras. 

Cuando color y peso sea el mismo, más valor tendrán las piedras transparentes (no pueden serlo del todo) y las que tengan una superficie visible amplia. 
Téngase cuidado con las llamadas dobles y con las sintéticas, de aspecto de porcelana y con la
estrella demasiado definida, pero poco móvil con el rotar de la piedra.




Corindón



Al margen de lo dicho, será preciso siempre relacionarse con comerciantes serios y de prestigio, y evitar a los "ambulantes". 
Además, no estará de más huir de las “ocasiones", pues incluso con los aparatos sofisticados de hoy resulta difícil desenmascarar los fraudes. 
Se acude, a veces, al calentamiento, pues hay veces que calentando a 1.500 grados los zafiros de tonos pálidos, como los australianos, se toman aceptables zafiros. 
Otras veces se acude a radiaciones, y en el caso de materiales fisurados, a aceites de colores. 

Con el tiempo, el color se irá perdiendo y el engaño se descubre.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

PRINCIPIOS DE LA GEMOLOGÍA PARTE 8





LA MILENARIA TURQUESA


Rica en historia y tradición como pocas piedras, la turquesa goza todavía de una enorme popularidad tanto en Oriente como en Occidente, y, por tanto -entre las gemas no transparentes-, ocupa un lugar prioritario. 

El mineral es un fosfato hidratado de aluminio y cobre con un delicado color azul cielo más o menos intenso y más o menos uniforme que tiende a verdoso y se transforma incluso en verde intenso cuando a la acción colorante del cobre se sobrepone la debida a un contenido eventual de hierro. 







Además de este último, otros elementos químicos pueden estar presentes como elementos "trazo" en la turquesa, y, como tales, no aparecen en la fórmula química: bastante frecuentes son, por ejemplo, el calcio y el silicio, que, si bien no desempeñan ningún papel en los efectos de la coloración seguramente, ejercen cierta influencia sobre la dureza y sobre el grado de compactibilidad del material. 
Opaca al paso de la luz, raramente traslúcida, la turquesa muestra un típico brillo céreo, lo cual añade valor y tiene más importancia que el color.







Dónde se encuentra la turquesa

Como en el caso de los ópalos, también los yacimientos de turquesas están localizados en zonas áridas del Irán nororiental (Nishapur) y de Afganistán, Australia, China (y del Tibet en particular), de Israel, de Tanzania, de los estados suboccidentales de los Estados Unidos (Nevada, Nuevo Méjico, Arizona y California) y de México. 
La roca madre de la turquesa es siempre rica en aluminio (magmática o sedimentaria) y el precioso mineral tiene origen secundario, en cuanto que representa el resultado de cambios químicos más o menos complejos que se denominan con el término de "alteración" . 







El material tosco se presenta bajo forma de nódulos reniformes, que difícilmente superan los 20 mm, y se extraen con un duro trabajo tanto de la roca "in situ" como de los detritus de ladera o de residuos aluviales. ¿Pero por qué el nombre de turquesa cuando no existe ningún yacimiento en Turquía? Debemos recordar el famoso "camino de la seda", las bellas gemas color cielo llegaban a Europa vía Turquía. 
El porqué del género femenino atribuido a esta piedra es, por el contrario, mucho más fácil de explicar: hace algún tiempo se denominaba "piedra turquesa", mientras que hoy la primera parte de la locución se sobreentiende.


Detalles de la turquesa

Como el ópalo también la turquesa se consideró un mineral amorfo hasta que en 1.911 se encontraron los primeros cristales triclínicos en Virginia. 
El minera compacto, que es el que nos interesa, expuesto a grandes aumentos muestra una estructura criptocristalina: en la masa están combinados gránulos de calcio y fibras de calcedonia, además de fases amorfas, la más importante de las cuales es el silicato de cobre llamado crisocola. 







Entre las inclusiones macroscópicas de la turquesa, son frecuentes vetas marrones o negras (respectivamente de limonita y psilomelana); las franjas grises o amarillentas de la matriz arenácea y las negras del jaspe, más abundantes y menos estéticas que las ya citadas, antes que eliminarse del todo son "desplazadas", hábilmente por el tallador de la piedra, dejándolas en la parte inferior del cabujón. 

En la variedad celeste clara existen pequeñas nubes aisladas o abundantes, pero muy diminutas blanquecinas: estas últimas están distribuidas de tal forma que escapan a un simple examen visual, pero se localizan inmediatamente con una lente de pocos aumentos (de 6 a 9). 
También están presentes a menudo y bien visibles a simple vista los gránulos de pirita y calcopirita de color oscuro.







El valor de la turquesa

Por lo que respecta al valor de la turquesa, la variedad que se destaca más de todas es la denominada "turquesa persa", a condición de que su coloración sea pura (azul cielo sin esfumaciones verdosas), uniforme y bastante intensa. 
El brillo debe ser céreo, no debe ser "duro" ni "frío" como el de la porcelana y ni siquiera demasiado apagado. 
La compacidad y la dureza alcanzan los valores más altos para la especie (densidad 2,80 contra 2,60 y también menos en las variedades tibetanas o americanas; dureza 6 contra 5,50 y 5 de otras). 







Inútil decir que la turquesa genuina dotada de tales peculiaridades se ha convertido en inencontrable prácticamente y los raros fragmentos que se encuentran comercializados se venden por quilates, antes que por gramos, como se hace para las piedras ornamentales de cierto valor (lapislázuli, crisorasa). 

Menos costosas son las variedades con coloraciones muy pálidas o poco homogéneas y todavía menos las agradablemente verdosas o manchadas por inclusiones, sobre todo si éstas ocupan buen parte de la superficie de la piedra ("turquesa matriz"). 
Una excepción importante está representada por la turquesa " nido de avispa" en que el entrelazado de óxidos metálicos oscuros tanto fino y regular que el fragmento parece envuelto por una red o malla muy fina: en tal caso el valor vuelve a elevarse hasta alcanzar casi el de la variedad persa.








Una piedra muy delicada


"La calaíta es atacada por los aceites, los bálsamos y el vidrio: ..." así se expresaba Plinio hablando de la calaita (= bella piedra) o kallalita, es decir, la turquesa. 


Sin embargo, tenía razón: pues esta es tan bella y delicada como probablemente la más delicada de las piedras preciosas. 
Basta una utilización poco cuidadosa para hacerla palidecer y todavía para hacerla cambiar de color: la transpiración corpórea (grasa, sudor, anhídrido carbónico), las soluciones jabonosas y las salinas (y por tanto el agua del mar) los perfumes y Ios cosméticos, son los peores enemigos responsables de la transformación que en el transcurso de algunos años reducen una espléndida gema celeste en un insignificante objeto verde amarillento. 








Los mismos fenómenos suceden algunas veces por excesiva y prolongada exposición al sol o por parcial deshidratación causada por un ambiente seco o muy recalentado (análogamente a cuento hemos visto para el ópalo). Tales mutaciones resultan repentinas si las condiciones son drásticas: a 250 º  la turquesa asume una coloración verde opaca y mortecina y de esto han de tomar buena cuenta los que trabajan con estas piedras, aumentando la temperatura la piedra inicia a perder su aspecto vítreo.

De moda desde hace 7.500 años

Contrariamente a cuanto sucedió con otras piedras que con el transcurso de los siglos han variado fuertemente en las corrientes de la moda, la turquesa siempre ha estado en auge desde los tiempos del antiguo Egipto. 







Los primeros yacimientos trabajados por el hombre fueron seguramente los de la península del Sinaí, el fragmento más antiguo de orfebrería que se conoce con turquesas data de hace 7.500 años. 
Se tiene por sabido que hace 6.000 años (4.000 a.C.) la turquesa egipcia de color celeste intenso y sensiblemente translúcida se utilizaba por los faraones no sólo para confeccionar joyas y amuletos, sino para pulverizarla y usarla como barniz y sobre todo como cosméticos (cosa que también sucedía con la malaquita verde). 

En el continente americano la piedra era usada por los mayas, localizados en centroamérica y en México 2.000 años a.C. hasta el primer milenio después de Cristo, que los aztecas se esparcieron desde México hasta las estepas sudoccidentales del continente norteamericano, encontrándose nuevos yacimientos de turquesa. 







El éxito de esta gema continuó después en funciones religiosas, especialmente, para las tribus de los indios navajos que ya en el 1.200 ocupan áreas del sudoeste. También los incas en el continente sudamericano del actual Ecuador hasta el Chile septentrional, en los siglos XV y XVI utilizaban la turquesa no sólo como objeto ornamental, sino también como moneda. 

Interesantísimos objetos funerarios y regalos funerarios de los navajos son turquesas, como tesoros de antiguos templos se pueden admirar en el Museo de la Ciudad de México, en el Brithis Museum de Londres y junto a Iranian National Bank de Teherán.







Hoy los descendientes de los antiguos navajos continúan fabricando sus famosas joyas en plata y turquesa, habitualmente en color intenso, como el material de "persia". 
La producción de sujetacorbatas, anillos, collares, gemelos, es enorme y representa una parte muy importante en la economía artesanal de aquella tribu. Volviendo al oriente son dignos de mención algunos sellos imperiales, a menudo obtenidos de grandes fragmentos de turquesa de espléndida calidad, como también ciertos característicos cofres y joyas tibetanas con incrustaciones de turquesas. 

En Italia en el museo de plata de Florencia se puede admirar el busto del emperador Tiberio (siglo I) y el tesoro de San Marcos en Venecia con una copa del siglo X obtenida de una enorme turquesa de calidad excepcional. 







En China se continúan esculpiendo espléndidas estatuillas, mientras que en occidente los joyeros hacen soñar a las señoras con magníficas fantasías a base de turquesas y brillantes.


Las virtudes de la turquesa

Es muy abundante, obviamente, la relación de las virtudes que la tradición popular de todo tiempo y en los distintos lugares se han atribuido a esta piedra. Según los egipcios era un antídoto contra las cataratas, mientras que Aristóteles la consideraba señal infalible contra las víboras, porque la proximidad del veneno les hacía segregarlo fuertemente. 

Además de esto la turquesa inspiró ya sentimientos elevados y amor profundo, asegurando bienestar, preservando en forma especial de las caídas. Los poetas orientales veían en las gemas color cielo el símbolo de la inocencia y de la pureza, y la consideraban el talismán de los caballeros. 
En cuanto que esta joya palidecía o cambiaba de color estaba vaticinando un pésimo suceso especialmente el final de un amor. 








Para aquellos que creen en la astrología, la turquesa es la piedra de los sagitarios, es decir, los nacidos en el mes de diciembre.


Las piedras naturales semejantes a la turquesa

Las piedras ornamentales que tienen aspecto semejante a la turquesa son la crisocola y la variscita verde-amarillenta o verde-azulada (ambas con todas las constantes físicas más bajas), la odontolita y la lazulita masiva (más pesadas), la hemimorfita azul y la smithsonita azul verdoso (mucho más pesada) y, por último, la amazonita (de aspecto más vítreo con un índice de refracción de 1,52-1,53 contra un valor de 1,61-1,65 de la turquesa). 



Crisocola

Lazulita



Mención aparte merece para envidia de los coleccionistas, la ceruleita, un arseniato hidratado de aluminio y cobre. 




Variscita

Hemimorfita



Este mineral, encontrado hace algunos años en el sur de Bolivia, no está disponible en el mercado, tiene una composición química parecida a la de la turquesa, además se asemeja extraordinariamente en el aspecto y por los valores de las constantes físicas (densidad media 2,70, dureza entre 5 y 6, índice de refracción 1,60). Además parece que el sistema cristalino de la ceruleita se corresponda al triclínico.




Smithsonita


Amazonita



Las imitaciones, los falsos y los sintéticos

A partir de las vulgares imitaciones en cristal, en plástico, en esmalte o en porcelana coloreada, merece la pena recordar aquí la "neolita", un material artificial muy bien logrado y, por tanto, muy abundante en el mercado. 
La howlita es a su vez un mineral blanco y de aspecto parecido al yeso, a menudo con vetas oscuras: coloreado adecuadamente gracias a su porosidad parece un discreto sustituto de la turquesa, si bien mostrando una dureza muy inferior (aproximadamente 4). 




Ceruleita



Mucho más preocupantes son las sofisticaciones, tanto porque sus valores físicos son a menudo casi idénticos a los del material de coloración genuina, como porque las piedras opacas son en general más difíciles de examinar que las transparentes. 
Partiendo de la base de que la turquesa es porosa y que la mayor parte de este material es de color celeste o verdoso, o bien resulta escasamente compacto, es natural esperar un grandísimo número de manipulaciones para reforzar y modificar el color y la consistencia de las piedras. 

Por esto se explica que sean innumerables las sustancias en que se impregnan las turquesas: ceras y aceites colorantes, tintes de anilina, soluciones de sal de cobre, azul de Prusia, etc. 
La técnica hoy en día muy refinada y consistente en hacer absorber a la piedra uno de los colorantes enumerados y de tapar después los poros con sustancias impermeabilizantes como parafina, silicato de sodio, plásticos y otros. 




Turquesa sintética



Los casos límites están constituidos por empastes obtenidos por polvos o detritos de turquesa natural conservados en recipientes de cristal. Desenmascarar estos trucos no es muy fácil porque no sucede como hace algún tiempo que la piedra se trataba con aceites o ceras o una simple exposición al sol o una modesta fuente de calor. 

Paralelamente al desarrollarse esta sofistificación se han perfeccionado las técnicas de laboratorio y a los acostumbrados ensayos con gotas de amoníaco o de ácido clorhídrico de hace algunos años se ha perfeccionado la denominada "punta caliente" (en inglés, hot point). 
Entre los materiales sintéticos recordemos el excelente obtenido por el francés Pierre Gilson, un valioso químico ya mencionado a propósito de los ópalos sintéticos.







Los consejos para los compradores

Sabiendo que existen más o menos decenas de materiales sofisticados todos ellos de un aspecto parecido, es fácil que el elector haya quedado desconcertado, de momento se jurará a sí mismo no comprar jamás turquesas, sin embargo, si accediese a ello debe tener presentes estos consejos. 

Primero de todo debe acudir a un establecimiento que tenga un cierto prestigio, obteniendo así una garantía de que no se trata de una imitación del tipo "neolitas" o semejantes. 
Ya con esta certeza podremos estar convencidos de que se trata de turquesas naturales, dando por descontado que su coloración siempre habrá recibido un cierto "auxilio" será, por tanto, preciso exigir el tratamiento que ha sufrido la piedra y también en el caso de los pendientes de cierta importancia, es preciso obtener ulterior garantía sobre su estabilidad en la coloración a lo largo del tiempo.








Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay