martes, 19 de noviembre de 2013

JENNIFER FISHER -- DE ESTILISTA A ORFEBRE

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La odisea de un amuleto

La estilista Jennifer Fisher encontró una profesión a partir del recuerdo de una dura experiencia. 
Y se convirtió en joyera







Si Jennifer Fisher hubiera vivido en la Europa medieval, probablemente habría encargado un anillo sello de los que llevaban algunos caballeros con las iniciales grabadas en caligrafía historiada. 
Pero cuando esta californiana de nacimiento (y neoyorquina de adopción) trataba de perpetuar un recuerdo en forma de joya, en 2005, no encontró nada a su medida.



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Licenciada en Empresariales y estilista de series televisivas, esta decidida rubia no pensó en rendirse. Su espíritu de lucha estaba fuera de duda. 

A los 30 años, al poco tiempo de haber conocido al hombre que acabaría por convertirse en su esposo, Fisher fue diagnosticada con un sarcoma, había peleado contra el cáncer sin dejar de trabajar ni un día y cuando su oncólogo le desaconsejó que pasara por un embarazo (el estrógeno podía reactivar la enfermedad) buscó con ahínco un vientre de alquiler. 







Hubo dos intentos fallidos, parecía que sus óvulos habían quedado afectados por la intensa quimioterapia. 
Mientras buscaba una mujer parecida a ella que pudiera ser donante se quedó embarazada, y nueve meses después nació Shane. 







Pero la chapa-amuleto con la que quería celebrar a su hijo no existía ahí fuera, así que decidió diseñarla y hacerla. 

“Llevaba ese amuleto en una cadena muy larga, y aquello se convirtió en el centro de todas las conversaciones. Una y otra vez me preguntaban por mi colgante, que dónde lo había comprado y si podía conseguirles uno, así que empecé a hacerlos y venderlos”, cuenta sentada en su estudio del Soho una tarde de septiembre.



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Han pasado siete años, y Fisher sigue fabricando sus piezas de oro en el distrito joyero de Manhattan. Una segunda línea en latón pulido se hace en Rhode Island. 
Las chapas grabadas y personalizadas forman parte de los cerca de 4.000 artículos con los que cuenta su marca, desplegados en las vitrinas de terciopelo negro que rodean su estudio neoyorquino. 







“Son alhajas que representan algo para quien las lleva”, dice. 

Una metáfora, alusión o resumen personal e intransferible.

Todos se pueden poner una gran pieza, pero eso no expresa tu personalidad”
Fisher lleva una coleta y poco maquillaje, pantalones de aire motorista, botas, una camiseta escotada de tirantes y una chaqueta verde guateada. 







A este conjunto sobrio, práctico y urbano ha añadido más de dos decenas de piezas de joyería. 
De la cadena dorada cuelgan 15 amuletos, varias chapas de oro y círculos, con distintas leyendas y fechas, colgantes con forma de ramas y siluetas de formas geométricas con pequeños diamantes, lleva brazaletes en distintos tonos de oro, uno de los cuales está unido a uno de los anillos que decoran sus manos. 







Por difícil que parezca, el caso es que el estilismo resulta armonioso, y nada estridente ni opulento. 

“Es cuestión de crear capas, como con la ropa, pero con joyas. Mi idea siempre es que haya múltiples anillos, pulseras o amuletos y que puedas ponerte uno o diez, combinarlos como quieras y ponértelos sin parar”, explica. “Todo el mundo se puede poner una sola gran pieza, pero eso no te permite expresar tu personalidad, aportar algo tuyo”. 







Cuenta que esa misma mañana vio en la cola del supermercado a una mujer que llevaba sus diseños y, aunque feliz al verlo, no se atrevió a decir nada. 
A veces no acaban de convencerle las combinaciones que sus clientas hacen, pero a esta estilista retirada le gusta que su marca ofrezca la libertad necesaria para que cada cual se exprese como quiera.







Es precisamente esa combinación o mezcla de piezas, ese arte casi mágico, el principio que rige el trabajo de Fisher. 
Sus joyas se venden en los almacenes Bar­­neys New York, en su estudio y en su página web. 

“Cerca del 95% de nuestro negocio es comercio electrónico”, dice antes de añadir que en el nuevo portal que lanzará a mediados de octubre, los clientes podrán experimentar, probar y crear combinaciones virtuales. 







También anda buscando un local en el barrio neoyorquino de Meatpacking, porque piensa que una tienda es un paso definitivo para legitimarse. 
Dentro del estilo Fisher –sobrio, urbano, geo­­mé­­trico, con un muy tami­­zado aire femenino y sin apenas colores– hay espacio pa­­ra apropiarse de las piezas, no solo mediante la compra, sino por medio de la combinación y del grabado, dos viejas costumbres en el arte de la joyería a las que ella ha sabido darles un giro particular.







La nominación en 2012 de su marca como una de las 10 finalistas al programa de ayuda a firmas emergentes del Council of Fashion Designers of America (CFDA) fue un paso definitivo para reafirmar su empeño. 
Este otoño viajará a París amparada por la organización. 
Aunque sus joyas se venden por todo el mundo gracias a Internet, la californiana siente que ha entrado en una nueva liga.







Habladora, cálida y expresiva, Fisher cuenta que hasta que empezó a diseñar nunca había usado joyas. 

“Lo que veía por ahí me parecía muy comercial. Crecí en California y no conectaba con los grandes nombres”, explica. “Es algo muy personal. Nadie las lleva de la misma manera, para determinada gente tiene que ver con la marca, como símbolo de estatus, se trata más de demostrar riqueza que de otra cosa”. 







La sensibilidad de Fisher está en las antípodas de esto. 
Dice que diseña pensando en lo que a ella le gustaría ponerse, encuentra inspiración en las formas geométricas, en los edificios, tanques de agua y aceras de Nueva York. 
No se fija tanto en lo que llevan las chicas, pero esta ciudad y sus mujeres son el contexto indiscutible y el público de sus creaciones: 
“Hay un halo de poder en torno a ellas, las mujeres aquí son duras y se merecen todo mi respeto. 
Las joyas, muchas veces sirven como una armadura”, reflexiona.







Alicia Keys, Beyoncé y Rihanna forman parte de las extensa lista de clientas famosas de Fisher, en la que también se encuentran Liv Tyler o Naomi Watts. 
Dice que encuentra interesante el carácter algo provocador y arriesgado que las cantantes negras han infundido a su marca, curiosamente más asociada a las estrellas de la música que a las del cine. 







“Las estilistas juegan un papel fundamental en todo esto, porque son quienes llevan tus piezas a sus clientas. A Rihanna, yo no la conocía, y un buen día me llamó por teléfono una dependienta de una de mis tiendas favoritas del Soho. Era amiga de Rihanna del colegio y me dijo que si podían subir a verme a mi estudio”.







Las joyas, según Fisher, deben reflejar tu personalidad, y ella no tiene miedo de expresar su fuerza, sin atisbo de cursilería. 

Franca, abierta, decidida, entre su selección de colgantes no hay animalitos, ni flores. Rechaza de plano las piedras preciosas: “Para mí, representan el mundo de las tendencias en joyería, y por eso no trabajo con ellas. 
Yo quiero hacer algo que sea un clásico y que quien lo compre no acabe metiéndolo en un cajón porque se ha pasado esa moda. 
Estas piezas son caras y deben durar más allá de la tendencia”. 







Las calaveras son uno de sus símbolos favoritos. 
Las emplea en pulseras, colgantes y anillos, pero rechaza la etiqueta de gótica o punki. 

“Crecí en una zona con fuerte presencia mexicana. Una de las caligrafías que empleo se llama letra mexicana”, dice. “Siento que las calaveras dan buena suerte, y son un recordatorio de que al final todos somos iguales, tenemos los mismos huesos bajo la cara”. 







Antes de despedirse, Fisher elabora un poco más: “Las joyas han estado ahí siempre. 
Hay un deseo universal por ellas que se remonta a la antigüedad y abarca todas las culturas, pero los adornos expresan tu individualidad”.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

NOTICIAS DEL MEDIO JOYERO -- FABRICANDO NACAR





Imitando el modo con el que se crea nácar en la naturaleza, un equipo de científicos ha logrado desarrollar un nuevo y prometedor proceso para fabricar nácar, uno de los materiales más sorprendentes y útiles de la naturaleza, producido de forma natural por diversas especies de moluscos.








El nácar, también conocido como madreperla, es el material iridiscente que reviste a muchas de las conchas de los moluscos. 







Es parte de un sistema de armadura de dos capas que protege al animal contra los depredadores. 
La quebradiza capa externa de la concha absorbe el impacto inicial, pero es propensa a agrietarse. 








Para evitar que estas grietas se propaguen catastróficamente a través de la concha hasta llegar al propio animal, la capa de nácar es sorprendentemente fuerte y resistente, con una asombrosa capacidad para impedir la propagación de grietas. 




Nácar artificial junto a otro natural.



De este modo, actúa como una especie de forro para mantener la integridad de la concha si aparecen grietas en la capa exterior.

El nácar es unas 3.000 veces más resistente a fracturas que el mineral del cual está hecho, la aragonita.








Recreando los pasos biológicos de la fabricación de nácar en los moluscos, el equipo de Ulli Steiner y Alex Finnemore, ambos del Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, pudo fabricar un material que es notablemente parecido al natural en estructura, conducta mecánica y apariencia óptica.







Tal como argumenta Finnemore, aunque muchos materiales compuestos de diseño humano superan al nácar, el nuevo nácar sintético cuenta con la ventaja de que su elaboración se lleva a cabo a temperatura ambiente en un medio líquido. 
Otra ventaja es que sus ingredientes son baratos. Ambas cualidades hacen prometedor al nuevo nácar para aplicaciones en recubrimientos. 
Además, una vez optimizado el nuevo proceso de fabricación de nácar, podrá ser automatizado con facilidad.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

EL CORAL LIMPIEZA Y CUIDADOS





COMO LIMPIAR EL CORAL

Para limpiar tus joyas de coral, introdúcelas en un recipiente que contenga agua fría y un chorro de detergente neutro. 
Déjalo en remojo cinco minutos y pasa un cepillo de dientes para eliminar la suciedad incrustada.







Enjuagarlo y dejarlo secar en aserrín o sobre papel de seda.
Al coral conviene darle regularmente un baño de aceite de oliva o de almendras (3 cucharadas) con esencia de trementina (1 cucharada). 







Dejarlo en remojo toda la noche, escúrrelo y sácale brillo con una franela o un trozo de piel de ante.
También es recomendable dejar el coral, de vez en cuando, en remojo.
Recuerda que el verdadero coral es de color rojo o rosa el que tiene mayor valor en joyería. 
Los de color blanco, negro y azul carecen de valor, aunque vienen siendo usados debido a la escases del color rojo.






Cómo guardar el coral 

El coral es un material natural y orgánico, compuesto de carbonato de calcio, por lo pronto está sujeto a la agresión de agentes químicos como perfumes, jabones, algunas cremas y, con el tiempo, aun al sudor humano. 

Entonces, os aconsejamos:

-fregar el coral de vez en cuando con un trapo de algodón seco o parcialmente húmedo, sin ningún tipo de jabón (quizá sea mejor mojar el trapo con cera líquida)







-evitar poner el objeto de coral en contacto directo con las sustancias mencionadas arriba; por ejemplo, es mejor perfumarse antes y no después de ponerse el objeto de coral

-evitar poner la joya de coral cerca de fuentes de calor, como por ejemplo los faros de escaparate; la exposición del coral a calor intenso puede modificar su tonalidad y hasta su color.








Cómo pulir o lustrar el coral 

Hay varios sistemas para lustrar el coral, pero el único que se puede practicar en casa es fregarlo con un trapo de algodón seco o apenas húmedo. 

Para pulirlo de manera más profunda, se pueden utilizar como máximo jabones neutros; hay que evitar jabones fuertes, como detergentes para vajillas y, en todo caso, hay que enjuagar enseguida el coral para evitar descolorearlo; en otras palabras, enjabonar, fregar, enjuagar con agua y secar cuidadosamente el objeto. 

Si el coral perdiese su lucidez, no queda más que entregarlo a personal calificado para que lo haga lucir como antes.



 



Cómo averiguar el valor del coral 

Hay varios factores que determinan el precio del coral; ante todo, la raridad y el tamaño (cuanto más grande es el coral, tanto más cuesta a gramo); 
otro factor importante es el origen, rasgo caracterizador de su peculiaridad tipológica. 

Otros factores que contribuyen a su valor específico son la porosidad, las nervaduras, los vórtices (en efecto, estos últimos factores influyen negativamente en su precio). 







Último factor determinante en negativo o positivo es la talla, que puede ser preciosa o defectuosa. 
En el caso de los camafeos o de las esculturas grabadas en el coral, la mano del artista puede otorgar al producto un considerable valor añadido.



 



PESCA, LA CORALLINE Y LOS CORALES 

Actualmente, por obvias razones ecológicas, la pesca está reglamentada. 
En Italia, sólo unos pocos pescadores tienen el permiso de practicarla. 
Los corales se pescan manualmente, y una rama a la vez, así que se recogen sólo las ramas más grandes (dejando crecer a las demás). 
El pueblo de Torre del Greco continúa la tradición del coral con la misma tenacidad que le ha permitido resurgir de las nueve erupciones del Vesubio. 






En Torre del Greco el coral se labra desde hace dos siglos, pero anteriormente las actividades principales del pueblo eran la pesca y el comercio. 

Ya merece la pena recordar la famosa Corallina, una gran embarcación a vela latina que se utilizaba para pescar el coral. 
Este velero acarreaba una gran cruz de madera con brazos iguales y una grava de piedras; esta cruz (que se llamaba Cruz de San Andrés o ingenio, o sea "instrumento") llevaba fijadas viejas redes de cáñamo que servían para desarraigar las ramas de coral y y retener a las que la cruz había logrado desgarrar. 







El jefe del velero se enteraba de la presencia de un banco de coral por las sacudidas que daba la cuerda al encontrarlo. 
Sin embargo, este método no era muy eficaz, porque el coral recogido era muy poco respecto a todo el coral que la cruz había logrado desgarrar. 






De todas maneras, en aquella época, se trataba de único sistema en grado de recoger coral aun a 150 m de profundidad. 
Un sistema parecido se usaba y quizás aún se use también en China y Japón. 







La única diferencia es el empleo de una piedra y redes en lugar de la cruz.


Material - ¿Qué es el coral? - breves noticias sobre su origen

El coral se obtiene de colonias de celenterados, formadas por pólipos que al crecer construyen un esqueleto de carbonato de calcio, que los sostiene y protege. 
Hay dos tipos de pólipos, los de seis y los de ocho tentáculos. 
En joyería se usan los de ocho; en efecto, los de seis, que se llaman también hexacorales (los de los arrecifes) no se prestan a tal finalidad por no ser tan compactos. 







Los corales usados para la labra se pescan primeramente en los mares de Japón y en el Mediterráneo. 
El color más común del coral es el rojo, y sus matices hasta el blanco se distinguen comercialmente en moro, rojo rosa, piel de ángel y blanco.


El coral del Mediterráneo 

Pescado en Italia (Calabria, Campania, Lacio, Toscana, Liguria, Sicilia, Cerdeña), Grecia, Yugoslavia, Córsega, Francia, España, Marruecos, fue el coral más labrado en el s. XIX. 








De la especie Corallium Rubrum, presenta un color generalmente rojo con matices que tienden a lo oscuro o al rojo vivo, muy raramente puede presentar un color rosa pálido. 

Consta de troncos altos mediamente 20-25 cm y anchos de 10 a 15 cm. 
El diámetro de las ramas varía de 1 a 15mm. 
El peso de cada tronco oscila desde 100- 150g hasta el quilo y medio, como en el caso de los de 60cm de altura. 
Se pesca en casi todas las zonas mencionadas (ya no en algúnas de éstas) en profundidades que varían desde 30/50m (donde suele ser de escasa cualidad), hasta más de 150m. 


El coral de Sciacca 








Pescado de manera intensiva entre 1875 y 1887 en Sicilia, aproximadamente a 30 millas de distancia de la costa de Sciacca, en profundidades que van de 150 a 200m, presenta un matiz rosa salmón, de intenso a muy tenue, a veces con manchas de color amarillo, que tiende a lo oscuro y hasta negro, por la acción oxidante de algunas bacterias que, al atacar a las componentes ferrosas del coral, determinan los bruñidos. 







Este coral solía yacer amasado en cantidades copiosas en un fondo barroso y presentaba ramas largas en forma de fuso con espesor medio de aproximadamente 7mm. 


El coral del Japón 

Fue la materia prima más utilizada para la producción italiana, sobre todo la que se realizaba en Torre del Greco (Nápoles) de finales del s. XIX a comienzos del s. XX. 







De la especie Corallium Japonicus, Elatius, Secundum, Kanojoi, los principales colores y matices en los que se presenta son blanco bianco (shiro), blanco rosado; rosa pálido o 'piel de ángel' (bochè); rojo vivo o 'cereza' (momo); rojo oscuro o 'moro' (aka); el color siempre presenta un alma blanca en los corales rojos, y un alma rosa en los corales claros. 







Se pesca a más de 200 metros de profundidad y consta de troncos dispuestos en forma de abanico en un único plano. 
La altura media es de 30-40 cm (excepto el coral cereza que puede alcanzar el metro) y sus ramas tienen un diámetro de aproximadamente 160mm. 

Los lugares en los que se pesca son: la Bahía de Tosa, la Isla de Hachijo, la Islita de Goto, la Isla de Ogasawara de Japón, y las Islas Pescadores de Formosa. 






Corales del Pacífico 

Descubiertos entre 1965 y 1979 y pescados en varias zonas del Pacífico Midway(1965): de color blanco o rosa con puntitos o rayitas de rojo. 

Vive en una profundidad de 300-400 metros; presenta troncos de medio tamaño en forma de abanico. 
Garnet(1970): de color rosa muy intenso que tiende al amarillo. 
Vive en una profundidad de 500-700 metros. 
Consta de ramas planas y troncos parecidos a los del Coral del Mediterráneo. Miss(1976): de color rosa que tiende hacia el violeta. 







Presenta troncos en forma de abanico y ramas achatadas de 5 a 10mm de espesor. 
DEEP Sea(1979): de color rojo en las ramas pequeñas, con matices tanto más claros cuanto más espesas son. 
Los troncos quedan dispuestos en forma de abanico o en forma paralela, generalmente achatados, de 50-70cm. Vive en profundidades de 800 a 1500 metros.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay