jueves, 20 de noviembre de 2014

EL ARTE DEL ORFEBRE final




El oro es un metal amarillo, relativamente blando y pesado y el mas maleable y dúctil de todos los de su género, permitiendo el trabajo en frío después de un recocido a 800ºC, fundiéndose a los 1.063ºC. 





En estado puro es demasiado blando para ser usado en joyeria o para acuñar moneda, por lo que se alea siempre para estos fines con cobre y plata. 
La pureza o “ley” del oro se expresa en “quilates”, siendo el puro de 24, empleándose en joyeria  aleaciones de 10 a 22 quilates. 
El “oro blanco” utilizado con esta finalidad, es una aleación de oro y plata al 50%.






La plata es un metal blando, lustroso, muy dúctil y maleable, demasiado blanda para ser utilizada en estado puro, por lo que se emplea en aleación con otros metales nobles. La plata de los joyeros es una aleación de 80% de plata y 20% de cobre. En estado puro funde a 954ºC.






El platino es también blanco, maleable y dúctil en frio y caliente y se puede forjar en este estado entre 400ºC y 1.000ºC, fundiendo a 1.769ºC. 
No se empleó en joyería hasta finales del siglo XVIII.






Utilizando estos metales el artesano elabora los elementos que precisa para componer las joyas, entre los que podemos mencionar anillos en bruto y piezas fundidas en oro, platino y sus aleaciones, así como hilo de oro, láminas del mismo metal y tiras de diversas formas y secciones.
Los primeros son obtenidos por el profesional por fundición a la cera perdida o a la concha o jibia. 





Otros componentes son forjados y conformados a partir de trozos de metal precioso golpeándolos con el pequeño martillo de mano sobre el yunque de joyero, tanto en frío como en caliente.

Los hilos y láminas se consiguen por fusión y posterior laminación, a los que seguidamente se les da forma cortándolos con tijera de joyero o con segueta, curvándolas por medio de ligeros golpes dados con el martillo específico de la profesión sobre el material apoyado en el yunque para esta actividad o en el tas, estirándolos también por sucesivos golpes usando las mismas herramientas, o dándoles formas cóncavas o convexas por medio de golpes con el embutidor sobre el tas de embutir.






Seguidamente monta estas piezas, uniéndolas por soldadura, por remachado y por medio de pequeños tornillos que también fabrica él mismo.

Finalmente las piedras preciosas se fijan a la parte metálica de la joya por engastado, operación específica que generalmente efectúa un especialista, el engastador, a quien el joyero envía los materiales para unirlos. 
También puede hacerse por medio de patas o garras que las abrazan y sujetan.






Para obtener estas piezas por la técnica de la cera perdida el joyero comienza fabricando un prototipo, de acuerdo con su propio diseño, sobre un material plástico, utilizando herramientas manuales, para seguidamente, conseguir uno o varios modelos iguales en cera, que envuelven con arena mezclada con un aglomerante, introduciendo el conjunto en un horno: La arena y el aglomerante forman una cáscara dura de la que se escapa la cera, en estado líquido debido a la alta temperatura, dejando una cavidad con su forma.






En esta oquedad el joyero vierte a mano y desde un pequeño recipiente, la aleación de oro que él mismo ha preparado fundiendo en una cazoleta cerámica este metal, al que añade plata y cobre con objeto de  obtener las tonalidades que busca que son distintas según las proporciones utilizadas, y que deben se acordes con el diseño concebido. Para conseguirlo, es necesaria la experiencia en el oficio y conocimiento de los materiales que manipula.






Una vez enfriado el metal y rota la cáscara de arena, aparece el cuerpo en bruto de la pieza que, posteriormente se pulirá y brillará a mano para, seguidamente, incorporar otros elementos y brillantes o piedras preciosas.






Una técnica mas antigua consistente en obtener un molde utilizando como material dos huesos de jibia, para lo que se ponen dos de estos elementos con sus superficies enfrentadas y se  coloca entre ellos un prototipo metálico igual a la pieza a obtener.

Presionando con ambas manos, el prototipo se incrusta en la materia ósea de ambas partes, que tiene la propiedad de ceder a la presión, al mismo tiempo que soportar una alta temperatura sin perder la figura formada, tomando la forma del cuerpo que la comprime y quedando grabadas dos cavidades iguales correspondientes, cada una, a la mitad del prototipo.




El trabajo del joyero es una labor de precisión y actúa siempre sobre piezas de muy pequeñas dimensiones, por lo que requiere habilidad manual y pulso firme. 

Extraído el modelo, se lleva a cabo en la jibia un  orificio para bebedero y, unidos de nuevo, se vierte en el mismo a mano desde la pequeña cazoleta, la aleación de oro y plata previamente preparada. 
Una vez enfriada y separados los dos huesos, aparece la pieza deseada, de la que posteriormente se elimina el material sobrante limándola a mano mientras se apoya sobre la “astillera”, madera fijada a su banco de trabajo.






El joyero también puede obtener las formas que desea por la técnica de la forja. Para ello obtiene el material que precisa, preparando y fundiendo en una cazoleta una aleación de metal que luego vierte en la coquilla o rielera, para una vez enfriada, obtener el tocho de metal en bruto, que posteriormente forjará a mano, golpeándolo con el martillo de joyero sobre su pequeño yunque, dándole revenidos o calentamientos intermedios con objeto de reducir la dureza que va adquiriendo por las sucesivas deformaciones.






El joyero obtiene estos materiales fundiendo y dando forma a pequeños trozos de oro. 
Para ello los coloca en el interior de un crisol o pequeña cazoleta de material cerámico reforzado con un armazón metálico y con un mango del mismo material y los calienta proyectando sobre ellos la llama de un soplete, en los últimos años de gas y anteriormente de alcohol. Conseguida la fusión del metal lo vierte manualmente en la rielera eligiendo la acanaladura del tamaño mas aproximado al objeto que quiere obtener. 
Una vez enfriado el metal, se obtienen pequeños panes, tochos o "rieles" de oro de forma alargada y sección semicircular, a los que el artesano elimina las irregularidades que pueden presentar en su superficie golpeándolo con el martillo sobre la ranura más adecuada del tas.






A continuación lo va adelgazando y estirando hasta conseguir el hilo deseado, lo que se obtiene haciendo pasar entre los dos rodillos enfrentados del laminador de banco mientras los hace girar a mano por medio de una manivela. 

Tras hacerlo pasar por varios de los acanaladuras existentes en los rodillos, cada vez mas estrechas, el oro queda alargado y con un espesor del orden de 1,5 milímetros.

Finalmente, lo reduce a diámetros menores, haciéndolo pasar repetidas veces por los orificios, cada uno de menor diámetro que el anterior, de una "hilera" o placa de acero, que sujeta en un tornillo a la mesa, mientras estira del extremo del hilo por medio de unos alicates. 
Para esta labor dispone de diversas hileras con orificios de diámetros calibrados desde 4 a 0,1 milímetros.






Así mismo dispone de hileras con orificios de sección cuadrada y semicircular, que utiliza para obtener tiras de oro con esta forma, principalmente utilizadas para la elaboración de anillos y alianzas. 
De forma similar, fundiendo cantidades mayores de oro y plata en la rielera y laminándolos en el cilindro o banco de laminar chapa, obtiene planchas de estos materiales de los espesores y dimensiones necesarios.






A estos materiales, hilo y láminas, seguidamente les da las formas y dimensiones convenientes, curvando o estirando con ligeros golpes sobre cualquiera de las ranuras del tas, pequeño yunque de acero de forma cuadrangular, de 8 centímetros de lado y 15 de largo, provisto en sus cuatro caras de ranuras de diversas formas, o sobre el tas de embutir, pieza similar, provista de cavidades semicirculares, sobre el que golpea con el embutidor (cilindro con una esfera en uno de sus extremos), de madera de boj (los grandes) y de acero (los menores), o sobre el pequeño yunque o bigornia de joyero, de unos quince centímetros de altura, provisto de una base de madera.






Una vez que el joyero haya conseguido dar la forma deseada a las diversas piezas que van a formar parte de la joya que tiene en mente, procede a unirlas, lo que en unos casos lleva a cabo por soldadura. Para ello utiliza un metal de aportación (aleación de oro o plata que funde a temperatura inferior al resto), colocado entre, o sobre las dos partes a unir. Una vez fundido y enfriado, los adhiere firmemente.

Para ello, corta con la tijera pequeños trozos de esta aleación, llamados payones, y con un pincel los coloca en el punto a soldar, al mismo tiempo que lo moja con fundente (para evitar la formación de óxido durante la operación), para seguidamente calentarlo hasta la fusión, utilizando una llama muy fina de un soplete de gas. 

En el caso de tener que efectuar otras soldaduras muy próximas a la anterior, utiliza aleaciones que funden a temperatura inferior, para evitar dañar la unión primeramente ejecutada.






En otros casos, une las piezas por remachado, con alambre de oro o plata que atraviesa las piezas por los orificios que efectúa a mano, utilizando el taladro manual de vaivén, para remachar finalmente los extremos con pequeños golpes de martillo. 





También, y según la joya, puede unir las piezas por medio de un tornillo que él mismo construye, a partir de un hilo de oro o de plata, también de su elaboración, que rosca a mano con una pequeña terraja.




Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

EL ARTE DEL ORFEBRE parte 1




El uso de los artículos decorativos de las personas se remonta a los primeros tiempos de la Humanidad. 
Inicialmente se elaboraban sin labrarlos, con los productos minerales o animales que mas les llamaban su atención por su forma o color, como plumas, dientes y conchas.
Con el transcurso del tiempo los pueblos mas avanzados comenzaron a fabricarlos con piedras y metales preciosos.





Las joyas  fueron adaptándose a las distintas partes del cuerpo dando lugar a brazaletes, anillos, gargantillas, pendientes, cadenas, cinturones, broches, agujas, colgantes, imperdibles, cierres y diademas. 





Las joyas han ido evolucionando y adecuándose a las modas y a la cultura. 
Tanto hombres como mujeres las han utilizado para realzar su figura, así como elemento representativo de su riqueza, poder y posición social.





En la Edad Media, en Europa, la joyería adquirió notable relevancia. 
A finales del siglo XVI se inicio el tallado de las piedras preciosas, y en Europa los metales nobles traídos de América dieron gran impulso a las artes suntuarias.





La construcción de una joya exige hoy la colaboración de gran numero de artistas, dibujantes o diseñadores, fundidores, grabadores, cinceladores, esmaltadores, engastadores y joyeros propiamente dichos.





El joyero es el profesional que vende joyas, aunque en este trabajo nos referiremos únicamente a la primera de estas actividades, y mas concretamente al especialista que elabora de forma manual joyas en forma de piezas únicas o poco repetitivas, en unos casos sobre pedido y en otros para su posterior venta directa, utilizando herramientas e instrumentos sencillos, con gran aportación personal y efectuando en muchos casos el diseño de la pieza, por lo que puede ser considerado un artesano, y en muchos casos un artista.





Es el principal artífice de la joya y quien coordina el trabajo del resto de los artesanos dominando en muchos casos, además de su profesión, una o mas de las restantes especialidades.





Para su tarea le es suficiente un espacio reducido en el que ubicar su banco de trabajo así como pequeñas y sencillas máquinas, todo lo cual puede emplazarse en una habitación, en algunos casos en su propio domicilio, o en un pequeño taller. 





Se pueden diferenciar tres niveles de artículos en función de su precio. 
Los de menor cuantía cuyos modelos repetitivos son elaborados industrialmente, los de valor medio fabricados en series reducidas, teniendo un notable componente manual aunque se utilizan técnicas que permiten obtener varias piezas iguales, y los de coste más elevado o alta joyería que se elaboran mediante un proceso totalmente artesanal, obteniéndose piezas únicas.





Habitualmente los joyeros autónomos se dedican a la elaboración de todas las piezas de alta joyería y parte de las de precio medio, de forma que su  venta admita incorporar  un coste de mano de obra elevado, lo que en todo caso es generalmente un porcentaje reducido del importe final.





Además de la ejecución de nuevas piezas se dedican también a la reparación, recuperación de otras joyas y reproducción de diseños antiguos, lo que actualmente es solicitado con frecuencia por sus clientes lo que conlleva especiales dificultades de elaboración. 

La transformación de una joya en una alhaja distinta, en base a las partes aportadas por el cliente y siguiendo sus indicaciones, es también una labor muy frecuente.





En unos casos crean sus propios diseños y en otros dan forma a las joyas siguiendo bocetos elaborados por diseñadores, que tienen que interpretar y desarrollar para obtener siempre piezas únicas.





Las partes o elementos que componen las joyas, partiendo de metales nobles, oro, platino o plata a los que añade piedras preciosas y brillantes.

Según un veterano artesano en joyería uno fabrica casi todo, y en su opinión el joyero debe tener una idea clara de la obra que desea conseguir, ser un perfeccionista y no cesar hasta lograr una joya bien acabada, rematada y frecuentemente simétrica.





En opinión de otro experto joyero, es preciso en esta profesión dibujar bien y tener una visión espacial de la pieza que se quiere obtener a lo largo de todo el proceso de elaboración. 

Estima que cada joya es distinta y al diseñarlas y prever su fabricación es necesario tener presentes muchas y diversas técnicas que el especialista debe conocer, así como las cualidades del oro y platino y su comportamiento. 
También precisa tener conocimientos de gemología.





Para todo ello es necesaria mucha experiencia y practica de taller, haber tenido que resolver numerosos y dispares problemas que se presentan a lo largo de esta actividad profesional, y desenvolverse cada día en distintas técnicas de trabajo manuales de forma que solo de esta forma es posible enfrentarse a la fabricación de una nueva pieza que el joyero no ha hecho con anterioridad.





Pendientes, sortijas, anillos y collares precisan de técnicas distintas, de forma que conociéndolas el joyero puede realizar un buen trabajo con economía de tiempo y de material. 

Estos aspectos también se manifiestan en la reparación y sobre todo en la reproducción de piezas antiguas.

Según el mismo profesional un joyero debe ser muy creativo pues continuamente se enfrenta a problemas distintos para lograr joyas diferentes y sorprender a su cliente. 





Así mismo debe ser consciente de que el comprador paga  por una pieza una cantidad elevada de dinero y que por lo tanto debe acabarla perfectamente. 

Un buen joyero debe ser  muy ecléctico tanto en el diseño como en la ejecución, buscando y aprendiendo siempre la técnica adecuada con una mentalidad abierta. 

La joyería es un arte.





Un buen joyero debe dominar diversas y dispares técnicas de trabajo así como conocer bien las cualidades de los materiales con que elabora sus artículos entre los que aparecen como mas destacables el oro ,el platino y la plata aunque esta última casi únicamente como material de aleación de los anteriores. Los brillantes y las piedras preciosas que adquiere totalmente elaboradas, como ya hemos señalado anteriormente, completan las materias primas con que trabaja. 



Lea el resto en la parte 2


Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

LA JOYERÍA TURCA




Los turcomanos ya son más de dos docenas de grupos tribales de herencia étnica y lingüística turca que se conocen colectivamente, eran pastores nómadas que vivían en campamentos, criando ganado, caballos de raza, y de vez en cuando saqueando áreas con lo que conseguían buenos botines y esclavos.






Aparecen por primera vez con este nombre en las fuentes escritas de Asia Central en el siglo IX, y por el siglo XI algunos grupos emigraron hacia el oeste hasta Irán, Siria y Anatolia, mientras que otros habían permanecido en la zona que es la actual Turkmenistán. 





Los turcomanos se resistieron a ser objeto de cualquiera de los vecinos estados islámicos, con los que a veces forman alianzas basadas en el interés mutuo. 





Si bien no son ellos mismos los comerciantes, los turcomanos estaban en constante contacto con la población urbana, y a menudo estaban involucrados con la provisión de los  transportes  y de la seguridad para el comercio de caravanas de larga distancia.





Los turcomanos mantienen muchas de sus costumbres y creencias pre-islámicas, que a menudo se encarnan en las joyas que hacen y visten.  





La joyería de plata de Turkmenistán lleva significados simbólicos profundos y a menudo marcan el paso de un individuo de una etapa de la vida a otra. 





Desde muy temprana edad, la  mujer comenzó a usar joyas cuyas formas y materiales se cree  que eran para asegurar su capacidad de tener hijos sanos en el futuro. 





La cantidad de adornos que lleva una mujer va en aumento a medida que se acercaba a la edad mínima para contraer matrimonio. 





Una vez que ella ha tenido sus primeros hijos, y su fertilidad se había establecido, la cantidad de joyas que llevaba disminuye considerablemente. 





Además, la joyería de plata se cree que es para alejar el mal y la enfermedad, y estas joyas fueron usadas  por los hombres, y  las mujeres, y especialmente por los niños.





En ellos la joyería era una inversión financiera significativa, ya que fue hecha a mano a partir de materiales preciosos. 





Hubo casos en que, en tiempos de extrema necesidad, una mujer se separaba  de sus joyas con el fin de ayudar a la supervivencia de la tribu. 





Estas eran significativas en su tamaño y peso, La joyería de plata de  Turkmenistán, era decorada con piedras semi-preciosas, y, a veces doradas para un efecto de  añadir  valor.




Formas comunes que se encuentran en la joyería de Turkmenistán incluyen montañas, animales, cuernos, y plantas. 





El motivo de montañas  es parte de la historia de la creación de Turkmenistán y es significativa para su conexión ancestral y celestial. 





Cada tribu turcomana sostiene una montaña específica en su región sagrada y sólo esa tribu puede ascender a ella. 





El carnero de montaña es un animal sagrado para los turcomanos y sus cuernos se utilizan con frecuencia en rituales. 





La doble hoja y los motivos florales están conectados con el crecimiento de la existencia humana, y son parte de una tradición decorativa de larga data.





Además de estos temas en plata, las piedras semipreciosas que embellecen la joyería, también tienen que ver con poderes protectores. 





Piedras como la cornalina, piedra de color rojo brillante, son populares porque se cree que sirven para proteger a los portadores de una enfermedad y lo protegen de la muerte. 





La turquesa se ​​usa con menos frecuencia entre los turcomanos, pero sirve como un símbolo de pureza y de castidad. 





En algunos casos, son usados materiales más baratos, como por ejemplo cuentas de vidrio de los mismos colores en lugar de piedras semi-preciosas.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay