viernes, 27 de marzo de 2015

HISTORIA DE LOS EAR CUFF




Herederos de las culturas india y egipcia; patentados durante los convulsos años 30; un auténtico fervor en la década de los 90 y el regreso más inesperado en pleno siglo XXI. 





Los ear cuffs han revolucionado la joyería actual, pasando de ser unas de las piezas más atrevidas y denostadas, a cautivar por completo a todo el universo fashion. 





Sin dejar atrás su halo grunge, estas joyas ornamentales que recorren el lóbulo a modo de pinganillo decorativo vuelven en su versión más lujosa y sofisticada. 

El objetivo? Elevar un look y dotarlo de identidad propia. 
Su nuevo campo de batalla: las alfombras rojas.


Ear Cuffs: SAG


Es innegable que una de sus primeras adeptas en clave punk fue Cara Delevingne, sin embargo, una nueva tipología de pendientes en vertiente de lujo inspira a otras celebridades del momento. 





Es el caso, por ejemplo, de la actriz Emma Stone, quien no dudó acudir a los premios SAG con un atuendo sobrio y peinado sencillo, junto al que destacaba magistralmente un ear cuff de diamantes acuñado por Repossi. 
Sobre la misma alfombra roja veríamos a Keira Knightley con un semirecogido y desenfadado cabello que nos dejaba entrever otra joya de Repossi, un ear cuff de la colección Serti sur Vide.





Sin embargo, no todas las famosas se decantan por diamantes salpicados que recorren su lóbulo. 

Hay quien arriesga y también gana.


Ear Cuffs: Oscars


La alfombra roja de los Oscars 2015 no sólo brilló por la cantidad de estrellas por metro cuadrado, sino también por las joyas que enaltecían sus looks. 





Entre las más llamativas, encontramos el ear cuff de Chloë Grace Moretz. 
La joven actriz se decantaba por un look naïf hiper-femenino, en el que un diseño de Miu Miu llevaba la voz cantante. 
En su oreja descubierta, llamaba portentosamente la atención esta joya de diamantes de la firma Forevermark que daba un giro rock a su aspecto. 





Pero no sería el único. 
Scarlett Johansson se decidiría por una pieza destinada a unir el lóbulo con el cartílago, en un alarde de rebeldía muy acorde con su nueva imagen. 





Sus pendientes asimétricos en oro rosa, engastados con 278 diamantes talla brillante, aguamarinas y turmalinas, pertenecerían a la colección Mediterranean Garden de Piaget.


Ear cuffs: cadenas


De movimientos cadenciosos y cautivadores. Así podríamos describir a otro de los ear cuff fetiche, aquel que aderezan su estructura no sólo con piedras preciosas y apliques, sino también con cadenas que se desprenden libremente. 

Como ejemplo de ello, Alessandra Ambrosio y su pendiente de diseño alado compuesto por pedrería negra. 
Además, decir que este ear cuff de lo más dark tiene firma española, ya que su artífice sería la diseñadora Cristina Ortiz. 





Irradiando puro rock también veríamos Charlize Theron con sendos diseños de Fred Leighton, unos originales pendientes de diseño futurista que trepaban por su lóbulo, dejando caer diminutas cadenas. 

Desde luego, el toque perfecto para su melena corta peinada a un lado.





¿Tienes ganas de lucir un modelo en forma de mosaico radiante? 
¿O tal vez prefieras su versión más discreta? ¿Buscas la esencia grunge que dé un giro a tu look? 
Pues no te pierdas esta moda y pide los modelos de lujo más adictivos del momento.






Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay 

DIAMANTE SINTÉTICO VS DIAMANTE NATURAL

 


“Los diamantes sintéticos no son diamantes falsos”.  Es una declaración reciente de Paul Cassarino, vicepresidente de una compañía estadounidense dedicada a la fabricación de esas gemas. 





Los fabricantes de diamantes sintéticos, seguramente ven en su actividad un negocio con grandes expectativas, al parecer por la ofensiva publicitaria, nadie duda de su legitimidad, que están realizando en todos los medios de difusión para desdramatizar lo que, sin mencionarlo, consideran un punto débil en su producto.





Varios son los argumentos que esgrimen, frente a la resistencia que presumen encontrarán en el mercado por  parte del consumidor final cuando se le invite a comprar algo sintético como sustituto más barato, frente a uno natural.





El precio es su principal arma. 
Hablan de que resulta entre un 30 y un 40% más barato que uno extraído de la mina. 
Es un porcentaje realmente tentador.





También emplean  el chantaje emocional, y obviamente desmesurado cuando se incluyen frases, malintencionadas a sabiendas, como esta: 

¿Podrían los diamantes de laboratorio acabar con las atrocidades del mercado de diamantes africanos?





La realidad es que solo el mercado dará respuesta a la gran pregunta; 

¿El comprador de un anillo de compromiso aceptará  la pérdida de la naturalidad a cambio de emplear menos dinero para un regalo que tiene un enorme componente emocional?





Un diamante sintético y uno natural son, química y físicamente,  exactamente iguales. Es indiscutible.





Pero, reflexionemos, ¿Realmente el comprador de un diamante piensa en comprar una porción de carbono puro cristalizado en el sistema cúbico? 
Si se tratase de algo así, las minas de diamantes. 
La producción de diamantes sintéticos es ilimitada, frente a las reservas, agotables, de diamantes en la naturaleza.





El comprador de un diamante, en general, está buscando algo cargado de un componente romántico. 





Esto solo se lo da ese trocito de carbono cristalizado al modo geológico, con todo su historial añadido, que se formó hace millones de años, que ha requerido una extracción de toneladas de fango y mineral para sacarlo a la luz.





Que es único, no hay otro igual.

Por eso pienso que los diamantes sintéticos tienen corto recorrido emulando a la naturaleza, salvo que se presenten como otra alternativa al diamante auténtico, como ya lo hicieron la moisonita, la zirconita, conocida como zircón en Latinoamérica, y otras muchas más gemas de diferentes precios, o incluso un vidrio bien tallado.





Hay cuadros de pintores renombrados que son copiados y los resultados son auténticos y perfectos clones.





El valor entre uno y otro no viene dado por los elementos que lo componen: aceite coloreado, tela de lienzo y algo de madera. 





El valor lo da el Autor.

Un diamante sintético no es falso, un sintético es simple y claramente una inmejorable IMITACIÓN de un diamante natural.





¿Qué Autor será más reconocido, buscado y valorado, la naturaleza, o un laboratorio industrial? 
¿Qué será  más apetecible, lo genuino o su imitación?





El tiempo nos lo dirá. 

Aunque, discúlpenme, tengo ya mi propia respuesta.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay