sábado, 20 de junio de 2015

EL COLOR EN LOS DIAMANTES


Es común pensar que el color natural de los diamantes depende de la composición de sus inclusiones, pero las causas de sus diferentes gamas y tonalidades tienen orígenes más diversos e interesantes.




Ubicación de las principales minas de diamantes de colores.


Un diamante químicamente puro y estructuralmente perfecto es incoloro y transparente, no tiene matices ni tonalidad. 






Sin embargo, casi ningún diamante natural es absolutamente perfecto. 
Existen impurezas o defectos en la formación de estas gemas, que hacen que se generen distintos colores.






Los diamantes de máxima pureza están hechos de carbono, C6, puro y son incoloros. 





Cuando el boro, B5, el elemento justo a la izquierda del carbono en la tabla periódica, sustituye algunos de los átomos de carbono, da como resultado diamantes de color azul. 





El azul es un color muy raro y se cree que uno de cada 200 mil diamantes que se encuentran en el mundo tiene algún indicio de un color azul y, por lo general, se trata de un tono muy pálido. 





Del mismo modo, cuando el nitrógeno, N7, el elemento justo a la derecha del carbono en la tabla periódica, se mezcla en la estructura química, se obtiene un diamante de color amarillo. 





En la mayoría de los diamantes amarillos los átomos de nitrógeno se han agrupado de forma muy específica produciendo esta tonalidad. 





Tanto en el caso del boro como el nitrógeno, estas impurezas químicas no tienen un color intrínseco de por sí, sino que su presencia dentro de la estructura de carbono de un diamante induce algunas absorciones en la luz visible, lo que resulta en la coloración del mismo.






Pero las impurezas químicas no son la única causa del color de los diamantes. 
También, efectos de la naturaleza pueden determinar variaciones de color. 





Por ejemplo, los diamantes rosados y rojos se forman cuando las fuerzas tectónicas actúan en el proceso de formación de un diamante, causando tensiones en la estructura del cristal. 





Por otro lado, los diamantes verdes se generan cuando los mismos se exponen a la radiación natural de las rocas que los rodean. La radiación produce defectos, errores en la estructura cristalina produciendo dicha coloración. 





Curiosamente, debido a que el efecto proviene de la roca que lo rodea, el color verde tiende a ser más intenso en la superficie y sólo en algunos casos penetra completamente todo el diamante. 





Los otros colores de diamantes naturales, como el naranja y marrón, son combinaciones de estos diferentes cambios químicos y físicos en la estructura de carbono del diamante.






El color es uno de los factores que afectan a su precio final. 
Dependiendo del tono y la intensidad, un determinado color puede aumentar o disminuir el valor de un diamante. 





Por ejemplo, la mayoría de los diamantes transparentes son más baratos si presentan tonalidades amarillas, mientras que los de tonalidades rosas o azules pueden ser notablemente más caros. 





Los laboratorios gemológicos emiten certificados que determinan el grado de color de los diamantes y para ello utilizan equipos especiales para comparar, en condiciones especiales de iluminación, cada piedra con un juego de referencia.






Si bien existen muchos sistemas de clasificación, el más usado hoy en día es el desarrollado en 1950 por el laboratorio G.I.A. Instituto Gemológico Americano.





Muy pocas personas todavía se aferran a otros sistemas de clasificación, puesto que ningún otro tiene tanta claridad y aceptación.






En este sistema, los diamantes son clasificados en lo que se denomina rango normal de colores que va desde la letra D hasta la letra Z. 





A medida que se desplaza de la D a Z en la escala, se indica un creciente nivel de tonos amarillos y/o marrones. 





D al ser perfectamente incoloro, es el más raro y de mayor valor. 
Los diamantes de mayor transparencia y calidad que suelen encontrarse son los E-F-G- H. 
A partir de la M hasta la Z son considerados de inferior calidad. 





Como los diamantes de colores intensos, naranja, marrón, verde, azul, rosa, etc.
son extremadamente raros, la escala se centra exclusivamente en lo que se conoce como la serie incolora, es decir, diamantes incoloros o con muy ligera coloración amarillo marrón. 





Si bien las diferencias son muy sutiles e imperceptibles para el ojo inexperto, estas son determinantes del valor de la piedra.




Escala del G.I.A. para clasificar los diamantes incoloros o levemente coloreados de grado D a Z.


Los diamantes de color natural fuera de este rango se llaman diamantes de fantasía (fancy color). 






Existe un acuerdo general en el comercio internacional que establece que los diamantes que tienen más color que un Z es considerado de fantasía. 





Estos colores de fantasía, son menos comunes y su alto precio está relacionado con su escasez y su belleza.






A pesar de que no hay minas que extraigan exclusivamente diamantes de colores, existen diferentes regiones del mundo en donde suelen aparecer más diamantes de un determinado color que en otras. 





Por ejemplo diamantes rosados y rojos tienden a provenir de Australia, en particular, de una mina muy famosa llamada “The Argyle Mine”) y los verdes y amarillos del sur de África. 





Por otra parte, los más notablemente grandes e intensos diamantes azules se han descubierto principalmente en África del Sur y la India. 






En la actualidad, se pueden colorear los diamantes artificialmente para lograr tonalidades azules, verdes, amarillas, rojas o negras. 
Como el nitrógeno es la impureza más común, es fácil cultivar diamantes sintéticos amarillos.






En realidad, es mucho más difícil fabricar artificialmente un diamante incoloro que un diamante de color amarillo, debido a que el nitrógeno está prácticamente en todas partes de nuestra atmósfera.





Como es lógico suponer, resulta mucho más accesible en el mercado un diamante sintético que uno natural, y si bien la fabricación insume grandes cantidades de energía, hay un costado ecológico que los hace menos dañinos para nuestro planeta.





Tal vez en un futuro no tan lejano llegue el momento en el que tener un diamante natural esté mal visto por la sociedad, como ha ocurrido con las pieles y cueros exóticos. Mucho se está haciendo para que toda la actividad relacionada a la extracción y comercio de diamantes resulte más digna y transparente. 
Sólo el tiempo dirá cómo sigue la historia.


 



Fernando Gatto

Kaia Joyas Uruguay

REPASEMOS LOS EFECTOS EN LAS PIEDRAS PRECIOSAS





Se denominan así las distintas apariencias de determinadas gemas en condiciones especiales de iluminación, medio físico en el que se encuentra u otras circunstancias.





Los efectos ópticos especiales tienen relación con la estructura del mineral y la presencia de inclusiones, en algunas ocasiones también puede influir el tipo de talla y la fuente de iluminación que se esté utilizando. Aunque ya los hemos visto antes en otros post haremos un repaso de todos ellos.



1.- Adularescencia: 
Se trata de un resplandor azulado o blancuzco característico de la Piedra de Luna, variedad de feldespato, o Adularia, que se produce por las maclas polisintéticas y la presencia de inclusiones dispersas. 
También pueden presentarla la Ortosa, la Albita y los demás feldespatos.



2.- Aventurescencia: 
Es el brillo producido por pequeñas inclusiones dispersas de micas.
En las aventurinas naturales, o cristales tetraédricos de cobre metálico. 
El nombre procede de la Aventurina o Venturina, variedad de cuarzo con inclusiones de mica fuchsita verde.



3.- Iridiscencia: 
Consiste en la aparición de diversos colores del arcoíris, en ciertas fracturas o exfoliaciones del cristal por interferencia y difracción de la luz. 
A menudo resulta perjudicial para el valor de la gema. 
Es frecuente en el Topacio y en muchos Cuarzos.



4.- Labradorescencia: 
Es el reflejo metálico azul verdoso provocado por la inclusión repetida y paralela de agujas de ciertos minerales, ilmenita o rutilo, en las maclas polisintéticas de Labradorita, Oligoclasa o Anortita, variedades de feldespato.



5.- Opalescencia: 
La presentan muchas gemas y minerales que contienen inclusiones dispersas. 
Se llama a cierta turbidez característica, pero no exclusiva de los Ópalos. 
Puede encontrarse, además de en el ópalo en cuarzo lechoso, calcedonia y otros minerales.



6.- Chatoyancy: 
También denominado, ojo de gato. 
Aparece en Cimófano, variedad de crisoberilo. 
Se trata de un resplandor causado por la orientación paralela de agujas cristalinas que provoca un efecto sobre una talla en cabujón, la gema ante una iluminación con luz puntual fuerte, se observa una línea de luz que se desplaza al mover la piedra. 
También puede observarse en sillimanita, algunas turmalinas, berilos y cuarzos.



7.- Asterismo: 
También denominado, efecto estrella. Ejemplos típicos son el corindón, rubí y zafiro, estrella de seis puntas y el Diópsido estrella de cuatro puntas. 
Es el resplandor provocado por inclusiones aciculares que disponen cortándose en diferentes ángulos. 
Se observa en cabujones fuertemente iluminados con forma de estrella cuyos vértices se desplazan al mover la gema.



8.- Pátina: 
Se trata de una cubierta iridiscente superficial que se presenta en algunas gemas y minerales. 
Se debe a la oxidación, sulfuración u otra alteración química. 
Es frecuente en Sulfuros y Óxidos metálicos que no se usan como gemas. 
Desde el punto de vista gemológico es perjudicial.



9.- Juego de Colores: 
Se provoca por la disposición aleatoria de plaquitas submicroscópicas de esferas de Tridimita o Cristobalita, que actúan como redes de difracción de la Luz. 
Es un efecto característico del Ópalo noble, en él se observan como una gama de plaquitas imprecisas vivamente coloreadas, que se desplazan al mover la gema.



10.- Pleocroísmo: 
Se llama así a la propiedad que presentan algunos minerales y gemas anisótropos de absorber luz de distinta longitud de onda según la dirección, mostrando, por lo tanto los colores complementarios según dicha dirección. 
Se trata de un fenómeno muy frecuente pero poco acusado, por lo que pasa desapercibido. En andalucita, apatito, axinita, crisoberilo, epidota o turmalina, el efecto es más evidente. 





El resultado es, que al mover la piedra, ésta cambia de color. 
Los minerales uniáxicos sólo pueden presentar, como máximo, dos colores, y se denominan dicroicos, mientras que los biáxicos, pueden presentar más de dos colores y se denominan tricroicos.





Bueno, aquí concluye el artículo sobre los diferentes efectos ópticos especiales que podemos encontrar en gemas y minerales. Espero que les haya resultado de interés y que puedan sacar buen provecho de éste a la hora de identificación o investigación sobre estos campos.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay