viernes, 5 de febrero de 2016

UN ÓPALO RARO - EL LLOVIZNANDO






Nos complace presentar aquí una mirada extendida en este material raro del centro de México.



En bruto y tallado ópalo lloviznando.


Porque en estas piedras verás el fuego viviente del rubí, el glorioso púrpura de la amatista, el verde mar de la esmeralda, todos resplandeciente juntos en una increíble mezcla de luz.







En general, cuando escuchamos ópalo pensamos en Australia, pero hay algunas áreas en México que producen algunos de los mejores ópalos del mundo. 





Aunque ópalos de fuego mexicanos de color naranja a rojo son relativamente comunes, otras variedades de ópalo mexicano exhiben un fenómeno deslumbrante de juego de colores. 





Algunos mantienen el color base naranja a rojo mientras que unos pocos tienen una base blanca o azul hielo, los que se llaman a menudo como ópalo de agua. 





Cuando todos los componentes se alinean, un espectro completo de colores baila desde del corazón de la piedra y salta en tres dimensiones, casi flotando sobre la superficie. 





Los mineros mexicanos locales lo llaman "luz flotante" o lloviznando.






Una mezcla mágica de la óptica y el color en una joya tangible. 

Un cuerpo de hielo azul con un juego de colores que serpentea a través de todos los tonos del arco iris. 
Cada color un tono de neón puro en formaciones como pinceladas y bandas que fluyen.



Este ópalo fue bautizado como Colibrí, pesa 80,12 quilates extraído de la Mina Iris.


La Geografía de ópalo mexicano


Las dos principales áreas mineras en México que producen estas preciosas gemas son Querétaro y Magdalena, situadas en el centro de México, al noroeste de la Ciudad de México y Guadalajara respectivamente. 






Estos depósitos históricos han sido codiciados por las familias nativas durante más de cien años. 
Ellos producen constantemente ópalos naranjas, rojos y azules con poco o nada juego de colores, mientras que de forma esporádica aparecen unos con espectro completo de color, el que se ve en los ópalos raros. 





En agosto de 1984 un periódico local en el distrito minero de Querétaro declaró La Muerte De Una Mina: 

La muerte de la Mina Iris.

Después de muchos cambios de propiedad y falta de fondos, las detonaciones finales en la Mina Iris fueron provocadas. 


Nombraron la última piedra espectacular encontrada Colibrí. 

Los distritos mineros de Querétaro y Magdalena miran hacia el futuro. 
Sin embargo, los mineros dicen que si tienen suerte aparecen algunos ópalos realmente espectaculares cada un año.






Los ópalos se cristalizan en un sistema hidrotermal, donde los geles de sílice hidratados quedan atrapados y se concentraron en las cavidades y fracturas dentro de flujos de lava riolíticos. 





Los ópalos a menudo tienen inclusiones de una y de dos fases con restos atrapados de líquidos acuosos, vapor de agua, dióxido de carbono y cloruro de sodio en la solución original. 





El distrito de Querétaro es una de las únicas fuentes importantes ópalo de calidad gema de ópalo de fuego por proceder de una fuente ígnea o riolítica. 





El distrito de Magdalena tiene una geología similar para producir ópalos de fuego excepcionales y, en casos raros, ópalos de agua y lloviznando. 
Ópalos australianos, por otra parte, se forman a bajas temperaturas en las aguas subterráneas que circulan en entornos de tipo sedimentario.



Este es un ejemplo excepcional del color rojo con juego de color.

Lloviznando es el gerundio del verbo español lloviznar.

A menudo se escribe llovisnando por los mineros locales mexicanos y distribuidores, así como otros hispanohablantes.
Otras variantes ortográficas aparecen en la literatura, incluyendo el participio pasado, lloviznado. 






En el altiplano de México existen con frecuencia lluvias muy fuertes durante la temporada de lluvias. 
Cuando el sol brilla a través de cada gota de lluvia refleja su arco iris durante minutos como un eje del color en movimiento. 





Los ópalos lloviznados tienen este carácter, rayos de color en un cuerpo casi transparente azulado o con una débil opalescencia con cada movimiento de la piedra. 
Sus manchas dispersas de diferentes colores brillan en un cabujón como enjambres de diminutas estrellas.






Los ópalos de fuego y de agua del centro de México se han visto y descrito desde la época de los aztecas, que la llamaron vitzitziltecpatl o piedra colibrí, aludiendo a los destellos de color vistos en los pequeños colibríes al flotar en el aire.





Fernando Gatto

Kaia Joyas Uruguay