martes, 13 de septiembre de 2016

LA COMERCIALIZACIÓN DEL DIAMANTE HOY





Hasta hace relativamente poco tiempo, en el mundo de las piedras preciosas nada parecía tan inamovible como los canales de distribución de la producción minera de diamantes. 

Desde que en 1888 De Beers Consolidated Mines tomara el control de la minería de diamantes en Kimberley, Sudáfrica, y posteriormente acaparara la mayor parte de la producción mundial, el acceso a los cristales de diamantes extraídos de las minas estaba restringido a unos pocos comerciantes que cumplían con los estrictos requisitos establecidos por esta empresa.




Así pues, todo el proceso de comercialización venía mediatizado o, si se quiere, dirigido desde el principio. Este esquema contaba con un importante argumento que favorecía su aceptación por gran parte de los sectores implicados: era capaz de mantener una relativa estabilidad en el suministro y precio del material en bruto. 
Pero desde hace algunos años otras empresas y sistemas de comercialización han penetrado en el mercado y han modificado el status quo anterior. 




Al observar las fuentes de suministro y los procedimientos actuales de distribución de la producción mundial de diamantes constatamos que en un lapso de tiempo relativamente breve han experimentado una profunda evolución.
Un rápido repaso a lo que, hasta ahora, era el canal tradicional de distribución de la producción de diamantes en bruto calidad gema nos ayudará a situarnos en el contexto actual. 





Recordemos que, a finales del siglo XIX De Beers Consolidated Mines comenzó su andadura como la empresa que, poco a poco, iba a llegar a controlar el 90% de la producción mundial de diamantes. 
A mediados de la década de 1930 la Diamond Trading Corporation (DTC), una filial de De Beers fundada para la comercialización de sus diamantes, acaparaba la mayor parte de la producción mundial de diamantes. 
La DTC era la base, junto con otros productores menores, de la Central Selling Organization (CSO). 




Esta organización clasificaba los diamantes extraídos, hacía lotes con ellos y los vendía a clientes fijos que la misma organización había seleccionado siguiendo perfiles estrictamente definidos. 
Estos clientes selectos recibían el nombre de “sightholders”. 
Se celebraban unas diez sesiones al año para la venta de los lotes de diamantes, el pago era inmediato y los lotes no eran negociables, es decir, se tomaba el lote o se dejaba, si el cliente rehusaba adquirir el lote en más de una ocasión dejaba de ser invitado a otras sesiones.





De Beers ajustaba los precios al alza cuando veía que era posible, pero no a la baja.

Pues bien, esta dinámica estuvo funcionando sin interrupción durante poco más o menos un siglo, aguantó terribles embates como la Gran Depresión de los años veinte del siglo pasado, dos guerras mundiales, multitud de crisis económicas menores e incluso estuvo en pleno apogeo durante la Guerra Fría entre el bloque occidental y oriental: durante ese período De Beers fue capaz de entenderse con la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y hacerse con la producción de diamantes de sus minas.






Sin embargo, a principios de los noventa, debido a múltiples factores, el control de la DTC sobre la producción mundial de diamantes en bruto empezó a debilitarse. 
La disolución de las estructuras políticas de la URSS tuvo como consecuencias que algunos antiguos funcionarios estatales pusieran en el mercado importantes cantidades de diamantes que pertenecían a las reservas del estado, al mismo tiempo, se formaba la empresa minera rusa Alrosa que acabaría consolidándose con éxito y vendiendo sus propia producción al margen de la DTC. 




En 1996 la producción de la mina australiana Argyle, perteneciente a la empresa Rio Tinto, también quedó fuera del control de la DTC, Rio Tinto empezó a comercializar sus diamantes siguiendo un sistema parecido al de De Beers. 
Un poco más tarde, en 1998 le siguió la empresa minera BHP Billiton con la producción de su mina en Ekati, Canadá. 
Así es cómo a finales de los noventa el modelo clásico establecido por De Beers ya no era el único dominante. Nuevos protagonistas habían hecho su aparición en el comercio mundial de diamantes, y, además, nuevas tecnologías iban a acelerar los cambios que se estaban produciendo.




Hacia 2001 De Beers revisó por completo su estrategia y diseñó un programa al que denominó Supplier of Choice. En principio la empresa pretendía modernizar y hacer más transparentes sus canales de distribución. 

En esos momentos la opinión pública internacional presionaba intensamente para evitar el flujo de fondos procedentes de diamantes de ciertas fuentes hacia la financiación de grupos rebeldes y organizaciones terroristas inmersas en conflictos sangrientos. 




Por otro lado, la sorpresa vino cuando De Beers también anunció que se disponía a comercializar joyería con diamantes montados en sus propias tiendas. 




Esto último causó cierta perplejidad porque de esta manera De Beers podría hacer la competencia a algunos de sus clientes.

Así pues, hemos visto como a partir de los primeros años de la década de los noventa el comercio de la producción de diamantes en bruto, que había permanecido controlado durante más o menos un siglo, comenzó a experimentar cambios. 

Y, esos cambios a principios del siglo XXI se iban a acelerar sobre todo con la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y comunicación.




En efecto, empresas que habían entrado en el mercado como Petra Diamond y Gem Diamonds adoptaron el sistema de licitación, es decir, los clientes hacían su oferta por los lotes, generalmente en sobre cerrado, y la empresa vendía los diamantes a los mejores postores. 





En 2003 De Beers dio un paso más y redujo el número de sightholders de 120 a 80 aproximadamente con la intención de quedarse, según la empresa, con los más saneados económicamente y poco más tarde flexibilizó las condiciones que les imponía ya que permitió a sus clientes quedarse sólo con parte de los lotes.





En 2008, según indica la misma empresa en su sitio web, De Beers comenzó a vender bruto a través de subastas online. 
De Beers también pasó al sistema de licitación a través de Diamdel, una filial formada a mediados de la década de los sesenta para vender bruto a empresas pequeñas. 
En 2012 Diamdel cambió su nombre a De Beers Auction Sales, en su web afirma que vende online aproximadamente un 10% en valor de su producción y el resto mediante el sistema de sightholders. 
La empresa informa también en la web que tiene unos 600 compradores online registrados y dice que los compradores que mantengan alta capacidad de compra regularmente tienen la posibilidad de ser seleccionados sightholders. 
También ha lanzado un servicio a través de su web para que profesionales acreditados vendan diamantes de más de 5 quilates o de color “fancy”.





Otras empresas mineras, como por ejemplo Diamcor Minig Inc., también comercializan directamente su producción de diamantes. 
 Pero en este caso, la empresa en su página web dice que los vende a través de las bolsas de diamantes en licitaciones a compradores acreditados. 
En otras ocasiones, algunas empresas mineras modestas optan por comercializar su producción de diamantes en sitios web dedicados a subastas. 




Por ejemplo, Fusion Alternatives es uno de estos sitios web que ofrece la posibilidad de vender y comprar diamantes en bruto y, además, tallado.

En fin, hoy en día casi todas las empresas mineras comercializan ellas mismas, de una manera u otra, su producción de diamantes. 

Según algunas fuentes aproximadamente el 30% de la producción mundial se vende online. 
En general, estas empresas afirman en sus respectivos sitios web que únicamente tratan con profesionales del diamante consolidados que pueden demostrar su solvencia ética y económica y, por tanto, aquellas personas o empresas que desean negociar con ellas deben rellenar una solicitud y aportar la documentación requerida.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay