jueves, 16 de agosto de 2012

HISTORIAS DE LAS JOYAS DE LA REALEZA







JOYAS DE LA REALEZA DE DINAMARCA


En la época de mayor poderío de la nobleza eran los miembros del Consejo de Estado los encargados de coronar al rey y de hacerle entrega de los símbolos del poder real: el cetro, el orbe la espada. 






En 1596 Christian IV, el monarca absolutista por excelencia de Dinamarca, quiso que su coronación se celebrara con todo fasto y esplendor. 
Las viejas regalías no le parecían bastante y decidió no tener sólo una nueva corona, sino también un nuevo cetro y orbe. 





Estos dos últimos no se conservan, pero sí la corona, que está en la Cámara del Tesoro del palacio de Rosenborg, en Copenhague. 
El orfebre Dirich Fyring, al servicio del padre del rey, Federico II, desde 1581, fue el encargado de realizarla. Fyring, formado en el norte de Alemania, elaboró una corona magnífica de una ligereza y elegancia propias de un encaje.





La corona del doce


La corona es de oro y está esmaltada en muchos colores y adornada con diamantes y perlas. Mide 17,8 cm. de alto por 20,8 cm. de diámetro, y pesa 2,895 kg. 
Tiene doce puntas, y el número doce se repite en toda su estructura. 
Este número nos remite al Antiguo Testamento, a las doce tribus de Israel, a las doce puertas de Jerusalén, a los doce Apóstoles, etc. 





En los picos altos aparecen figuras esmaltadas que simbolizan las virtudes y que debe poseer un buen monarca.
Por la parte de delante, sobre la frente del rey, se ve un pelícano que se pica en el pecho para alimentar a sus crías con su sangre. 






Originalmente era un símbolo del sacrificio de Cristo, pero aquí se trata de un símbolo del deber del rey de alimentar a su pueblo aun a costa de su propia sangre. 
El pelícano aparece un total de tres veces.

 




Sobre el lado derecho del rey aparece la Fortaleza, una mujer que cabalga sobre un león. Lleva una columna, símbolo de fuerza, y algo que parece una espada, símbolo del valor, pero podría tratarse de dos columnas.





 
La Fortaleza simboliza al rey como guerrero. 
En el lado izquierdo aparece el símbolo de la Justicia, una mujer con la balanza y la espada; es el rey como juez supremo.






Empeñada en Hamburgo


Por detrás, sobre la nuca del rey, se ve a la Caridad, una madre que amamanta a su hijo. 
Es el símbolo de la misericordia y del rey como cabeza de la Iglesia, de su amor a Dios y a sus súbditos. 






La corona también es un monumento político. 
En los picos interiores se ven los escudos de armas de cada una de las provincias pertenecientes a los territorios del monarca.
La forma abierta de la corona es poco frecuente para su época. 





Al elegir este modelo de corona, que era el utilizado por los reyes de la unión nórdica, es posible que Christian IV pretendiera destacar su papel de heredero de la Escandinavia unificada. 
Esa fue la corona empleada en la coronación de Christian IV en la catedral de Nuestra Señora de Copenhague el 29 de agosto de 1596. 






El monarca contaba entonces veinte años. Tras la derrota en la Guerra de los Treinta Años se vio obligado a conseguir dinero para poder reunir nuevas fuerzas para combatir. 





Comenzó entonces a empeñar las regalías; al principio sólo las más antiguas, pero después incluso su propio orbe, que más tarde recuperaría. 
También mandó fundir muchos muebles de plata. 
A su muerte, las salas del palacio de Copenhague estaban vacías.


   




No se sabe con certeza cuándo empeñó la corona, pero sí dónde, en la casa comercial alemana A.B.Berns y Leohn. Marselis de Hamburgo por 15.000 rigsdaler; por aquel entonces un cerdo entero costaba dos rigsdaler.
A la muerte de Christian IV su corona continuaba empeñada en Hamburgo y en Dinamarca no quedaban regalías. 






Había que coronar a Federico III y el nuevo rey las necesitaba. Al frente de la corte se encontraba el yerno de Christian IV, Corfitz Ulfeldt, que se había casado con Leonora Cristina, la princesa cautiva hija del difunto monarca. 






Él fue el encargado de rescatar la corona, que había sido reempeñada y ahora estaba en manos de Peter Overbek, de Hamburgo. 
Ulfeldt desempeñó la corona y se comprometió por su honor a pagar los 15.000 rigsdaler con un seis por ciento de interés, empeñando para ello todos sus bienes y propiedades. 







El 23 de noviembre de 1640 Federico III fue coronado con la corona de su padre, a la que añadieron para la ocasión, siguiendo la moda de la época, una abrazadera de seis arcos para convertirla en una corona cerrada. 
Ese cierre se ha perdido.







El broche trágico


Este broche forma parte del aderezo de brillantes de las Joyas de la Corona. 
Los broches en forma de ramillete se pusieron de moda en Europa a mediados del siglo XVIII. 
El que nos ocupa lo hicieron para Carolina Amalia, esposa de Christian VIII, en 1840.






Es un gracioso ramillete con un armazón de oro y un total de 543 diamantes con un peso de 83 quilates. 
Un lazo une las flores y, para conferirle color y contraste, cinco de los diamantes son algo más grandes y de color amarillo. 
Los numerosos diamantes pequeños están muy cerca unos de otros. 
Para dotarlo de mayor refinamiento, la gran flor central descansa sobre un resorte y oscila al menor movimiento. La reina Carolina Amalia lo llevaba el día de su consagración con el rey.



Una historia de intrigas y pasiones


El broche oculta una dramática historia, algunos de cuyos ingredientes son intrigas, pasiones y falta de dinero. 
Pero también un destino desdichado y una nieta que quiso expiar la culpa de su abuela. 
El broche está directamente relacionado con los trágicos acontecimientos que setenta años antes conmocionaron a la monarquía danesa y culminaron con el destierro de una reina y la decapitación de su amante.
La desdichada reina era la abuela de Carolina Amalia, la reina Carolina Matilde. 






Y el amante era el médico personal y más tarde ministro del rey, J.F. Struensee. 
Una de las muchas historias protagonizadas por esta reina gira precisamente en torno a un broche en forma de ramillete. 
No se trataba del broche que la reina Margarita llevaba en sus bodas de plata, sino de su predecesor, una suntuosa joya realizada para la reina Sofía Magdalena en 1764, un ramillete con un total de 1.091 diamantes y un peso de casi 200 quilates. 
Su autor fue el joyero Jean-François Fistaine, afincado en Copenhague desde 1753 y suministrador de la corte desde hacía quince años.






Carolina Matilde llegó a Dinamarca en 1766 a la edad de quince años; era hermana del rey inglés Jorge III. Su padre, Federico Luis de Gales, y la madre de Christian VII (el rey demente), la reina Luisa, eran hermanos. 
La antigua reina, Sofia Magdalena se encariñó con la joven y le regaló algunas de sus joyas; entre las joyas de Sofía Magdalena que acabarían en poder de Carolina Matilde estaba también la de más valor de todas, el precioso ramillete de diamantes, que Christian VII le regaló en 1768 cuando ella dio a luz un hijo, el que sería Federico VI. 
Poco a poco el cariño de la anciana por la joven Carolina Matilde se fue desvaneciendo a medida que ésta comenzaba a llevar una vida desordenada y licenciosa. 
En una ocasión paseó a caballo por todo Copenhague vestida de hombre. 
Pero lo peor fue que en 1770 inició una relación amorosa con el médico real, Struensee, que no ocultó. 
Cuando Sofía Magdalena murió en 1770, sus relaciones con Carolina Matilde estaban en su peor momento.





Doña Sofía ha elegido la diadema Cartier de la reina Ena, de inspiración art-decò y está orlada con brillantes y perlas sobre una base de platino, y el collar de Chatones de la reina Victoria Eugenia


   

La princesa heredera de Suecia ha elegido la Tiara de las Rosas, que perteneció al fundador de la dinastía de los Bernadotte, Carlos XIV Johan y se distingue por sus seis diamantes en forma de flor o botón

    

Doña Letizia llevó como complementos un soberbio aderezo de brillantes y rubíes compuesto por pendientes y broches, que eran de la Condesa de Barcelona

  

Carolina de Mónaco coronó su elegante vestido en tono oscuro con una impresionante pieza de platino y brillantes que perteneció a la duquesa Victoria Luisa, la abuela de su esposo, el príncipe Ernesto de Hannover
 

La esposa del príncipe Eduardo de Inglaterra lució un moño italiano y dos originales broches de diamantes en forma de herradura



La orden de Matilde



Poco después los reyes pasaron un verano junto con Struensee y una pequeña comitiva en Holstein. 

La difunta reina Sofía Magdalena había fundado en 1732 la orden de l’Union parfaite en memoria de su feliz matrimonio con Christian VI. 
Carolina Matilde y Struensee pensaron hacer lo mismo para celebrar su feliz verano de amor y llamar a su orden la orden de Matilde. 
La condición para recibir la nueva orden sería devolver la orden antigua. 
Era una dulce venganza con la que pretendían borrar su memoria. Pero la cosa no quedó ahí. 
La difunta reina sería quien costearía la nueva orden con sus joyas. 
El ramillete original se vendió en 10.000 rigsdaler, con lo que la humillación a Sofía Magdalena era completa, ya que estaba valorado en 43.244. 
El 29 de enero de 1771, día del cumpleaños de Christian VII, el rey, la reina viuda Juliana María, el príncipe heredero Federico y otras nueve personas del círculo más próximo a la Reina y Struensee fueron condecorados con la orden de Matilde. 
Fue la única vez que se dispensó la orden.






Descubierta la relación entre la reina y Struensee, el 28 de abril de 1772 a él se le cortó la mano en las calles de Copenhague y poco después la cabeza. 

Después se despedazó su cuerpo y mano y cabeza se exhibieron ante el pueblo. 
La reina fue desterrada a Hannover y no pudo volver a sus hijos, Federico VI y Luisa Augusta, hija de Struensee. Murió en 1775 de escarlatina.
Siete décadas más tarde, en 1839 su nieta Carolina Amalia, hija de Luisa Augusta, se convertía en reina de Dinamarca al ser la segunda esposa de Christian VIII. Conmovida por el desdichado destino de su abuela, y conocedora de la historia de cómo ésta y Struensee habían vendido el broche original, pensó en redimir las faltas de Carolina Matilde y mandó hacer un broche similar que ella misma llevó el día de su consagración. 


Se trata del broche que hoy en día conocemos y que forma parte de las joyas de la Corona. 
La reina Ingrid se lo puso alguna vez y la reina Margarita sólo lo ha llevado en la celebración de sus bodas de plata en 1992.
Quien desee conocer mejor la historia de amor de Carolina Matilde con Struensee puede hacerlo a través de la magnífica novela histórica del escritor sueco Per Olov Enquist La visita del médico de cámara, de Ediciones Destino.






La pulsera de la reina Margarita


Cuando la reina Ingrid tenía cinco años, su madre, la princesa Margarita le regaló una pulsera de oro. 
Cinco años después, su madre falleció, y aquel día, la reina cambió para siempre.
En prueba de la estrecha relación madre-hijas, la reina Ingrid regaló una copia de su pulsera a sus hijas cuando cumplieron los cinco años. 
Y esta tradición ha permanecido, por lo que todas las mujeres de la familia tienen una de estas pulseras.






La reina Margarita, la princesa Benedikte, la princesa Alexandra, la princesa Nathalie, la reina Ana Marie, la princesa Alexía, la señora de Morales Quintana, la princesa Teodora y la princesa Mary, todas son propietarias de una pulsera que ha sido copiada, a la perfección, del modelo original.




Las margaritas de la reina Margarita



El joyero danés Georg Jensen creó estas joyas en forma de margarita y la reina suele ponérselas a menudo, dado que se llama como la flor, igual que su abuela sueca. 

Estas joyas son populares en Dinamarca y pueden comprarse en casi todas las joyerías danesas.



  


La novia eligió para el día más importante de su vida una espectacular tiara, regalo de la reina Margarita de Dinamarca; y unos pendientes de platino, diamantes y perlas de los Mares del Sur, que fueron diseñados para la ocasión por la diseñadora de joyas Marianne Dulong
  

La reina Margarita de Dinamarca luce la Tiara Tocado Floral y el Broche Trágico, un ramillete compuesto de 1.091 diamantes, para cerrar su abrigo.
  

Alejandra de Dinamarca ha lucido la tiara de las lágrimas, la misma que llevó el día de su enlace con el príncipe Joaquín
 

Doña Elena eligió la tiara con base de platino que le regaló su suegra, María Concepción Saénz de Tejada, condesa viuda de Ripalda, y que llevó también el día de sus nupcias
  

La infanta Cristina eligió para su boda con Iñaqui Urdangarín la Tiara Floral de Diamantes, con la que ha acudido hoy al matrimonio danés.
  

La reina Silvia completó su elegante traje de dos piezas con una tiara de amatistas y diamantes que perteneció a la reina Josefina
  

La princesa Magdalena lució una diadema sencilla con dos bandas muy finas de diamantes unidas entre sí en el centro por una gran aguamarina ovalada. En el cuello llevaba la tiara Baden, que se puede convertir en collar
 

Máxima Zorreguieta llevó la pieza por excelencia de todas las Reinas, una tiara de diamantes histórica denominada la Tiara de las Estrellas, ya que de la estructura de oro blanco con incrustaciones de diamantes salen cinco flores con forma de estrella



El broche de la reina Ingrid




Cuando la reina Ingrid se casó con el rey Federico, su padre le regaló un broche con forma de margarita, elaborado en oro blanco y diamantes. 

El padre de la reina Ingrid lo encargó para que la reina Ingrid recordara a su madre, cuyo nombre era Margarita.
En el sexagésimo cumpleaños de la reina Margarita, la reina Ingrid le hizo a su hija un regalo impresionante: llevó consigo su amado broche en forma de margarita y se lo dio a su hija justo antes del almuerzo en el castillo de Amalienborg. 

Desde la muerte de la reina Ingrid, sus tres hijas han lucido broches de flores doradas similares. 
El broche fue regalado a la reina Margarita, la princesa Benedikte y la reina Ana María por su madre, para que pudieran llevarlos al igual que las pulseras de oro. 
El broche asemeja una flor en oro rojo y luce un diamante en el medio.






Broche de Federico IX



Este broche de oro y rubíes con forma de herradura fue un regalo del rey Federico IX a su hija el día que se produjo el cambio en el acta de la Sucesión al Trono Danés, que implicó que las mujeres podían acceder al trono, por lo que Margarita acabaría siendo la reina de Dinamarca. 

El día de su coronación, la reina Margarita llevó el broche en la parte delantera del vestido.





La princesa Marta Luisa ha lucido en el enlace de Federico unos pendientes largos y una fina gargantilla a juego y, como joya principal, su tiara preferida: una joya de diamantes y perlas, conocida como la tiara del rey Olav


Matilde ha optado por la tiara del Laurel, con corona de diamantes que también puede usarse a modo de collar


Ana María de Grecia ha lucido en la boda del príncipe Federico y la princesa Mary una tiara de esmeraldas de cabuchón, conocida como la Diadema de la reina Olga


La condesa de Wessex ha querido lucir en Copenhague la misma diadema de diamantes que la soberana inglesa le ofreció como regalo de boda. La joya, formada por tres volutas montadas al aire, fue diseñada y remodelada por el joyero de la corona, David Thomas en Asprey y Garrard, de la prestigiosa firma joyera Garrad's


Marina Doria de Saboya, esposa de Vittorio Emanuele, acudió a Copenhague con una amplia corona de diamantes y perlas que perteneció a la Reina Margarita


La futura reina de los noruegos llevaba una joya formada por diamantes, platino y oro blanco que se agrupan para formar 23 margaritas, con un diamante en el centro de cada una y todas ellas sobre una base de oro y platino


La princesa Marie-Chantal Miller llevaba una diadema de diamantes a juego con unos largos pendientes, también de diamantes y una gargantilla de impresionantes perlas


Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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