viernes, 31 de agosto de 2012

JOYAS AYMARAS



 




No es exagerar decir que se trata de piezas únicas. Después de años de olvido, un grupo de mujeres provenientes del Altiplano se juntaron para aprender a crear diseños en plata. 
Todo un arte renovado que hoy, sin duda, quiere imponerse por su estética y su historia. 


   


Desde el Altiplano viene una nueva inspiración: caravanas de plata confeccionadas, por primera vez, por mujeres aimaras. 
Son piezas únicas. No solo porque la orfebrería era tarea de hombres, sino porque estamos hablando de una antigua tradición indígena que estuvo olvidada por años. Hasta ahora, por supuesto.

“Es una emoción grande. 
Revivimos una tradición ancestral. 
Somos las primeras mujeres que estamos rescatando un oficio tan antiguo”, advierte Mónica Huanca, 43 años, artesana textil y orfebre. 

Mónica es parte de Qullquina Ampara (Manos de plata), agrupación integrada, además, por otras mujeres aimaras, como Virginia Gómez, Gregoria Jiménez y Mercedes Mamani, entre otras. 






Sin tener mayores conocimientos en el arte de fundir metal, se entusiasmaron y aprendieron a crear joyas inspiradas en diseños pasados. 
Todo un éxito. 
Sus joyas están a la venta en las tiendas de Fundación Artesanías de Chile del Centro Cultural Palacio La Moneda y San Pedro de Atacama. 
Y como agrupación participarán nuevamente en la próxima Muestra Internacional de Artesanía Tradicional UC.






“Para mí esto ha significado mucho. A pesar de los años, seguimos con nuestras tradiciones y eso es algo que también se ha valorado en el resto del país. La gente se impresiona, desconoce que existe la orfebrería aimara. Ni en Arica saben que están estas piezas tan llenas de significado, pues se usaban para las ceremonias y rituales”, añade Virginia Gómez, 44 años.

 


Arica es el lugar de residencia actual de toda Qullquina Ampara. 
Las integrantes, pertenecientes a la comunidad indígena Choquelimpie Marka Janko, se unieron y presentaron al programa Orígenes un proyecto de rescate cultural. 

Fue esta última entidad la que les financió el taller de orfebrería, liderado por el artesano Juan Lobos. 
A un año de haber comenzado, todas reconocen 
la influencia del Altiplano en sus obras, porque a pesar de que ninguna vive actualmente sobre los 4 mil metros de altura, es evidente la presencia de esas tierras en cada una de sus joyas.


 



“Recuerdo el volcán de Guallatire, tan grande, a veces peligroso, porque siempre arroja humo, pero es tan imponente. Para mí es hermoso. Ahora hago joyas con forma de cóndor, pero también me gustaría incluir la imagen del volcán en mis caravanas”, admite Gregoria Jiménez, 53 años. 


 


Codpa, Parinacota, Chucuyo y Guallatire son los escenarios donde crecieron estas orfebres. 
Por eso sus joyas de plata lucen pequeñas figuras de llamas, flores altiplánicas, soles y lunas. 
El cóndor, por cierto, es un elemento recurrente.


“El cóndor es del Altiplano, siempre aparece en medio de los cerros nevados. 
Antiguamente se creía que los espíritus de nuestros antepasados nos cuidaban desde las alturas. 
Por eso el cóndor nos representa, porque se asocia a nuestros espíritus”, advierte Virginia. 
Las campanas también son parte de la simbología aimara y, por lo tanto, están presentes en los diseños de Qullquina Ampara. Mercedes Mamani, 40 años, se remonta hasta su infancia para explicar la importancia de este instrumento.


 




“Viví en Guallatire y pasé mi niñez allá, en el Altiplano. En esos tiempos no había comunicación, ni de autos ni de teléfonos. 
Entonces nuestros abuelos tenían que salir en caravanas, arriba de llamas, para buscar alimentos en otros caseríos. Iban en grupos como de 30 hombres y el que dirigía a todos cargaba una campana para anunciarse”, recuerda. 

Por cierto que la cosmovisión indígena también es parte de sus trabajos. 
El entorno geográfico influye, pero también está presente toda la creencia espiritual aymara. 
En los aros de cóndor y en los de flores, dicen las orfebres, “está la Pachamama, la vida y los espíritus”.


 



Hace poco Qullquina Ampara ganó un proyecto de Sercotec para hacer piezas patrimoniales. 
Esto quiere decir que, además de aros y de tupos (pinzas para sujetar chales), se sumarán otros dos objetos esenciales en la cultura aimara: queros y bastones de mando. 

Los primeros eran pequeños jarros que servían, en los rituales, para guardar la sangre del animal sacrificado. Y los bastones eran usados por los hombres más sabios.


 





Lejos de los egos, las integrantes de Qullquina Ampara reconocen que para ellas lo más gratificante es rescatar una tradición olvidada. O más bien escondida bajo el mismo desierto.

“La orfebrería se había perdido hace muchos años. 
Era una tradición masculina, pero ya no hay hombres orfebres. 
Lo poco que veíamos, hasta el año pasado, era por piezas encontradas en medio de las excavaciones arqueológicas: han estado junto con las momias y se quedan en los museos o en colecciones privadas. 
Entonces, nosotras tuvimos que sacar información y modelos de objetos guardados por nuestros abuelitos. Poco nos han prestado de los museos”, aclara Virginia.

   




“Esto es iniciativa de nuestra comunidad”, enfatiza la tejedora Gladys Huanca, una de las principales impulsoras de todos los proyectos vinculados a la revalorización de la cultura aimara. Gracias al esfuerzo de la comunidad Choquelimpie Marka Janko, dice, rescataron parte de su tradición y ahora comienzan a ver sus primeros logros.

“Estando en Santiago, me di cuenta de todo lo que han rescatado del mundo mapuche, entonces, igual sería bonito que las mujeres llevaran puestos nuestros diseños aimaras. Antiguamente no cualquiera los utilizaba. Ahora es distinto, para nosotros es un orgullo que sean usados y valorados”, reconoce Virginia.



Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

No hay comentarios.:

Publicar un comentario