domingo, 24 de marzo de 2013

EL EMPRESARIO -- NUESTRO EMPLEADOR






En el afán de consolidar equipos y lograr empleados más comprometidos, las empresas han ido entregando beneficios y flexibilizando responsabilidades. Determinados procedimientos aplicados originalmente en grandes empresas ahora se ven en pequeñas organizaciones, pero implementados deficientemente pueden generar problemas mayores.






En la actualidad el mercado laboral está cambiando y en este sentido no estamos hablando solamente de "oferta y demanda", de "desocupación", de "inflación", estamos hablando de cambios en la forma de pensar de los sujetos que componen dicho mercado laboral. Los lineamientos políticos también repercuten en lo que llamamos "la política laboral". 






El término "mercado laboral" es muy genérico y abarca a personas que están trabajando o buscando insertarse laboralmente. 
Estas personas tienen una forma determinada de pensar, de actuar y de posicionarse frente al trabajo. Existen entre ellos algunas actitudes frecuentes detalladas a continuación:






El empleador tiende a visualizarse como un enemigo más que como un aliado.
La defensa enfática de los derechos del trabajador (conducta de ataque, conducta de defensa).
La tendencia a la sindicalización extrema.
La exigencia de beneficios: monetarios, de confort, reducción de jornadas laborales, medicina privada, smart phones, etc.






El trabajo no está visto como dignidad personal.
La falta de ductilidad en las tareas (el ejemplo clásico "esta tarea no me corresponde" o "no fui contratado para esto", aunque esto sea mantener ordenado y limpio su propio escritorio o hacer un café).
La especulación.
El individualismo en la realización del trabajo: ya no se conforman equipos de trabajo centrados en la tarea.
Empresarios y consultores hemos observado en los últimos años muchos de estos cambios, tanto en el personal con cierta antigüedad como en el personal que se presenta a una oferta laboral. El cambio afecta a todos y se está convirtiendo en algo cultural.






¿CóMO ENCARAR ESTOS CAMBIOS?

Para adaptarse a estos cambios, desde el rol de empresario es preciso reconocer, en primer lugar, que ya no contamos con los mismos recursos humanos que antes (aunque sean los mismos empleados), ya que su visión y su actitud también están expuestas al cambio.

En segundo lugar, tratar de reconstruir una cultura de trabajo, que no será la misma que primaba hace veinte o diez años, pero que tiene que existir y cohesionar al equipo para que la empresa funcione bien. Adaptarse es asumir que el empresario deberá asumir un rol de docencia activo. Siempre el apoyo en un profesional externo refuerza esta docencia y esta "re creación" de cultura de trabajo.






También es importante medir con cautela las acciones a llevar a cabo, ya que muchas veces las empresas se "sobre adaptan" a los cambios, generando un resultado opuesto al que pretenden obtener 

PROBLEMA: Dejan de sancionar para no herir susceptibilidades: si no marcamos lo que está mal, es improbable que el problema se corrija. Lejos de fortalecer las capacidades de los empleados se los debilita. Se tornan menos capaces de resolver situaciones, se fomenta indirectamente el rechazo a diversos cambios y la aceptación de nuevos procedimientos, se los priva de enfrentarse a sus propias equivocaciones para que puedan aprender de ellas. En síntesis se les impide el crecimiento.






SOLUCIÓN: Romper con la creencia de que indicar que algo está mal hecho es atacar a la persona. Ante el menor atisbo de susceptibilidad hacer hincapié en la tarea. Mantener un clima calmo y relajado. Exigir la corrección de lo que está mal hecho justamente por la confianza de la capacidad del empleado. No dejarnos llevar por las emociones, evitar el enojo o alzar la voz. Ser firme es decir lo que se debe decir, con calma, coherencia y fundamentalmente, con total claridad.






PROBLEMA: Incrementan los premios: los premios aleatorios generan confusión y tienden a tomarse como un derecho adquirido.

SOLUCIÓN: Generar una buena política de premios, cuyos requisitos sean la claridad, la transparencia y que sean mensurables. Evitar mantener acuerdos o premios privados. Entre los empleados todo se sabe y es el empleador el que pierde credibilidad.
PROBLEMA: Buscan incentivos que apunten a la distracción y al esparcimiento: generalmente después de pasar un fin de semana en una estancia, con juegos, comidas compartidas, clases de yoga, etc.; es muy probable que los empleados estén más contentos pero por un tiempo. 






Lo grave es que generalmente el abuso de estas jornadas hace que los objetivos que se persiguen no se logren: Los vínculos grupales no se fortalecen, se generan afinidades personales. La disciplina se torna casi inviable (en la distracción rara vez hay disciplina). En lugar de ligarlos a la empresa, logramos una brecha insalvable: "en la empresa no disfruto".
SOLUCIÓN: El exceso es tan negativo como la carencia. Es necesario buscar motivaciones adecuadas para cada caso en particular. Si se quiere fortalecer los vínculos en un equipo de trabajo es bueno darles un tiempo para que puedan intercambiar ideas. Mantener un equilibrio: es necesario ofrecer a los empleados un lugar de trabajo adecuado, con las herramientas necesarias en un ámbito confortable.






Otra cosa es acostumbrarlos a que todo debe ser placer, distención y esparcimiento. Cuando hay un objetivo muy puntual, y de acuerdo al tipo de equipo de trabajo; puede contribuir una jornada de esparcimiento.
El empresario se encuentra frente a un desafío: a pesar de los cambios negativos en el mercado laboral, construir o reconstruir un equipo de trabajo que tenga una buena cultura de trabajo. 






No olvidemos que sin buenos ladrillos no podremos construir un buen edificio. 
Y nuestros recursos humanos, deben constituir nuestros mejores ladrillos.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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