jueves, 21 de marzo de 2013

LA PLATA MEXICANA





Los Aztecas atribuyeron el origen del arte de la platería a los toltecas, quienes lo habrían recibido del propio Quetzalcóatl, Señor de los elementos, serpiente emplumada, Dios ubicuo de la cosmogonía mesoamericana, quien les entregaba la comunión en metal.







Antes de la llegada de los españoles los indígenas no hacían uso de la minería, la plata procedía de vetas que afloraban, arroyos y areniscas en que el metal se precipitaba, pero fundían, labraban y articulaban a través de trabajuelos, piezas delicadas y complejas que a decir de Motolinía y FrayToribiode Benavente,

“hacían ventaja y maravilla de los plateros de Europa”.

Su producción era tan abundante que los obsequios y tributos acumulados por Hernán Cortés, antes de la caída de la gran Tenochtitlán, rebasaban en metal precioso según probanza real de la Corona Española, el millón de onzas.







De acuerdo con el Barón Humboldt, mil millones de onzas más de plata, exportaría La nueva España en total al viejo mundo, fruto de las entrañas de la Valenciana y Real del Monte, de Sombrerete y Parral, de Veta Vizcaína y miles de otras minas, destronando a la Plata del mundo viejo de su sitial privilegiado como patrón monetario, y transformando a España en un imperio sobre el cual no caía la noche. 
Con vida propia la plata se hizo cotidiana… invadía la mesa, el ropero, y los salones, casulla, dalmática y dosel, se arrastra después en los muros y se vuelve ornato arquitectónico, triunfo de la plata sobre el espíritu de una época, mientras que en los templos se convierten en plegaria cincelada.







Mil quinientos millones de onzas habría de producir México desde su Independencia, venero inagotable de plata, durante cuatro siglos ocupa el primer lugar en su extracción y beneficio, su orfebrería, un linaje mestizo y maestro, heredado de la estirpe indígena, que recibiera desde tiempo inmemorial del propio Quetzalcóatl comunión en metal, mestizaje a cincel.







Considerado durante el virreinato como el “real arte de la platería”, vino a menos durante la época independiente y hasta mediados del siglo antepasado. En la época colonial había incluso un control de calidad en los talleres, que se encargaba de que sólo salieran al mercado aquellas piezas que a la vez de cumplir con su carácter utilitario, fueran estéticas.







Con la industrialización muchas de las piezas que se elaboraban manualmente comenzaron a reproducirse, si no en serie, si con procedimientos menos artesanales, se sabe que había fundamentalmente dos tipos de piezas, las civiles y las religiosas. Entre las primeras había vajillas, cubiertos, bracerillos y cofrecitos para guardar alhajas. Por razones de necesidad o para cambiar de estilo, muchas de estas obras se fundían, por lo que se perdieron desde la misma época virreinal.







En la platería religiosa se creaban cálices, custodias, hostiarios, vinajeras y otros objetos utilizados en el culto. Estos se conservan más y mejor porque se donaban a las parroquias e iglesias por las que la gente tenía devoción, los sacerdotes no tenían necesidad de venderlas o fundirlas, por el contrario el acervo se iba incrementando. A estos hechos se suma que durante la Independencia disminuyó la extracción de plata y declinó la producción. No fue sino hasta el siglo antepasado que, con la llegada de algunos norteamericanos a Taxco en el estado de Guerrero, comenzó a revalorarse el arte de la platería.







En la década de los treinta a los cuarenta se dio en Europa una importante comercialización de antigüedades que obligó a tratar de catalogar y revalorar las artes decorativas. En los sesenta y ochenta retomo un auge por el interés de los países europeos.







Es por lo anterior que en la actualidad haya muy pocos artesanos que conserven la tradición milenaria de nuestros antepasados.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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