jueves, 4 de abril de 2013

COMO BUSCAR MINERALES





LA BUSQUEDA DE MINERALES

Algunos consejos preliminares

Cuando se desea encontrar minerales en una determinada zona, es necesario ante todo tener presente qué se debe buscar y, por tanto, elegir el equipo más idóneo según las exigencias del caso: por ejemplo, si se piensa recoger minerales en las galerías de una mina, se debe uno de abastecer de adecuados elementos de iluminación, etc. 

Aquí no se insistirá al detalle sobre estos aparejos, puesto que resulta en general difícil tener el permiso de visitar una mina en activo y, por tanto más aún al entrar en las galerías de extracción de minerales. 

En el caso de minas inactivas se desaconseja el adentrarse en viejas galerías, por los evidentes peligros y las consecuencias legales que  estas operaciones comportan. 







Análogamente, quien proyecte efectuar un "descubrimiento" para obtener una notable cantidad de fragmentos, particularmente válidos desde un punto de vista coleccionable, es decir, muestras de vitrina, necesita toda una serie de elementos de equipamiento verdaderamente complejos; pero incluso en este caso, puesto que todas estas operaciones son siempre peligrosas cuando no totalmente ilícitas, se debe desconfiar de quien las acometa, al menos sin tener a su disposición expertos cualificados y los necesarios permisos. 

En la práctica esto conlleva generalmente a gastos superiores al valor de los minerales a encontrar, excepto casos del todo excepcionales.







El equipo de un buen buscador

Veamos entonces qué es necesario para un apasionado que sin querer frecuentar lugares peligrosos y sin dar lugar a daños en la propiedad y en la Naturaleza, desee obtener algún ejemplar. 
Entre otras cosas, es preciso insistir en el hecho de que esta actividad en muchos lugares debería incluso estar protegida, en vez de encontrar en numerosas partes bandos de "protección de la Naturaleza", que en realidad a menudo tutelan otros intereses. 

Esto se debe precisamente a que quien coge un ejemplar de mineral que no esté encerrado en las profundidades de la roca, lo está salvando de su destrucción, que se produciría rápidamente por obra de agentes atmosféricos. 
Además, la posibilidad de recogida y de observación desde cerca de los ejemplares, suscita a menudo un interés cultural que se manifiesta en el deseo de profundizar en los argumentos científicos. 







Para satisfacer tal finalidad son precisas pocas cosas, ante todo una lente de bolsillo que permita 10 ó 12 aumentos, posiblemente un buen doblete acromático que permita una buena percepción del color y de la forma de los cristales. 

Además, se recomienda un buen martillo de geólogo, un mazo de un peso no superior al kilo, junto con un par de escoplos, uno de los cuales con punta aguda y otro con punta de cuchillo, que sirven para abrir las fisuras que se pueden encontrar o formar en las rocas. 
Para los casos más difíciles, es decir, allá donde está permitido, si se desea romper bloques particularmente grandes, son precisos mazos más grandes de dos o tres kilos, incluso cuñas y barras de hierro de adecuadas dimensiones. 







Aquí también se debe poner atención a las esquirlas que pueden saltar durante estas operaciones de
rotura, especialmente cuando se usen algunos martillos de geólogo puestos uno contra otro: estas esquirlas pueden causar graves percances, sobre todo en los ojos, pero también en los miembros si penetran profundamente. 
Se recomienda, por tanto, usar gafas y guantes de protección.


Cuidado con el martillo

Hay veces que nos asalta la legítima tentación de fragmentar al máximo una muestra para evitar pesados transportes de material inútil. 
Esta tentación conduce, por lo general, a irreparables pérdidas de magníficos ejemplares, que con un poco de paciencia y esfuerzo se podrían haber salvado.







Recordemos que es importante el evitar los golpes de martillo, pues sus solas vibraciones producen roturas de cristales; será mejor, pues, llevar a casa el fragmento entero y allí reducirlo cuidadosamente a su tamaño deseado. 
Los que puedan llevarán en su propio vehículo las herramientas precisas para este menester, es decir, las tenacillas sencillas, de procedencia suiza o alemana las más de las veces.


Los viciosos de la tecnología

Los más viciosos se equiparán en sus búsquedas con contadores Geiger o vibradores, para localizar materiales radiactivos o bien lámparas portátiles de luz ultravioleta para localizar de noche o dentro de túneles ejemplares fluorescentes. 
Sin embargo, un despliegue tal de medios suele ser inútil, pues la búsqueda de material radiactivo con tales aparejos sólo es válida cuando un ejemplar muy radiactivo se encuentra dentro de una zona no radiactiva. 







Lo más frecuente es que toda la zona sea radiactiva, por lo que de poco sirve un contador. 

Para los ejemplares fluorescentes, la situación es distinta, y se obtienen buenos resultados con minerales raros y poco aparentes, que de otro modo escaparían a nuestra atención, de no acudir a estos sistemas.


El transporte de los ejemplares

El transporte de los ejemplares a casa merece alguna atención. 
Mientras que para la mayor parte de los casos el transporte se puede efectuar en pequeños sacos o envueltos en algún paño, habrá veces que se precisen cajas especiales para embalarlos, conservando perfectamente los fragmentos. 
Algunos coleccionistas utilizan cajas vacías de bombones, rellenando los huecos, e incluso envases de huevos u otros similares, que se pueden comprar a precios muy razonables.







LA REDUCCIÓN DE LOS EJEMPLARES COLECCIONABLES

Un problema importante para los coleccionistas de minerales es la reducción de éstos a un tamaño razonable. 
De hecho, si se obtiene un bonito cristal sobre una matriz rocosa original, siempre será mejor que el cristal por sí solo, aun teniendo la misma calidad. Para algunos coleccionistas es, incluso, imprescindible el que exista matriz, por lo que aquellos que deliberadamente la separan cometen un craso error. 

Naturalmente, la matriz tendrá que tener unas medidas razonables de relación con el cristal aunque sólo sea por evitar una colección demasiado voluminosa. 
Pese a lo dicho, es preciso que el cristal esté libre, es decir, que se pueda observar fácilmente y no dentro de una cavidad.







Una operación muy difícil y delicada

La operación de "reducción" de un mineral es el más dificil y delicado problema con que se enfrenta un coleccionista. 
Antes se recurría al martillo y al escoplo, destrozando la mayor parte de los trozos. Esto es debido a que no siempre se da el golpe adecuado al cristal, es más, parece como si tuviese tendencia a dividirse anormalmente. 

Las vibraciones causadas por los golpes tienden a romper los cristales, aunque éstos estén situados a una distancia considerada a primera vista y "a priori", como segura.







El auxilio de las tenazas

Para estos fines mejor será utilizar unas tenazas fuertes, que, sin golpes, logran romper o, mejor, cortar el ejemplar en la forma deseada. 
Existen numerosas variantes de estos utensilios, la mayoría son de procedencia suiza, teniendo la ventaja de que son ligeras y, por tanto, accesibles al transporte, y fuertes como para romper las rocas más tenaces.







Aserrar los ejemplares

A veces ni siquiera las tenazas dan suficiente seguridad: se notan claramente fisuras que se desarrollan a lo largo de las direcciones de fractura de la roca, o bien la situación es tal que hace temer seriamente por el resultado de la operación. 
Entonces se puede recurrir a la técnica de aserrar los ejemplares. 

Esta técnica no acaba de gustar a numerosos coleccionistas, pues no es agradable tener un ejemplar con una cara lisa por haberse aserrado, sin embargo, esto es mejor que tener una roca destruida. 
Se pueden utilizar ambas técnicas, primero serrando y después utilizando las tenazas, de forma que con suerte se lleguen a eliminar del fragmento reducido todas las caras aserradas anteriormente. 







No obstante, no debe preocupar demasiado el tener un ejemplar con una cara aserrada, pues si se coloca en una caja adecuada no se notará.


LA SENSIBILIDAD DE LOS MINERALES A LA LUZ, EL AIRE Y EL AGUA

La acción de la luz

Algunas especies mineralógicas son extremadamente sensibles a la luz, por lo que no se aconseja su exposición en vitrinas. 

Numerosos y magníficos ejemplares de rejalgar, un sulfuro de arsénico de espléndido color rojo, se han perdido irreparablemente por coleccionistas que los exhibían, desconociendo su punto débil. 







Al igual que el rejalgar, también son sensibles a la luz varias especies de minerales de plata (sobre todo los halogenuros, que no en balde son los que se utilizan como material sensible de las películas fotográficas), e incluso algunas gemas, como la kunzita, que recien extraída presenta un tinte azulado, que se transforma
rápidamente en violácea, que es su color más conocido.


La meteorización por el aire y la humedad

Más problemática es la conservación de los minerales que se "meteorizan" con el aire, perdiendo agua, o bien, que son delicuescentes al absorber la humedad del aire. 

En estos caso es imprescindible conservar los ejemplares en recipientes bien cerrados: es conveniente comprar pequeñas cajas de plástico duro y transparente, que tienen cierre hermético y permiten analizar los ejemplares con un microscopio de pocos aumentos. 







Los bordes de tales cajas se podrían fijar más sólidamente con alguna cola de contacto. 
En general, los minerales que presentan estos problemas son las sales que acompañan a la sal gema (carnalita, bischofita, kainita, leonita, schoenita, etc.) e, incluso, la propia sal gema o halita, que se puede perder por la fragmentación de estos minerales. 

También están afectados los sulfatos que se forman en varias chimeneas volcánicas o por alteraciones de la pirita (coquimbita, melanterita, etcétera). 
Muchos de estos sulfatos contienen a menudo soluciones ricas en ácido sulfúrico, que son ya de por sí delicuescentes y tienden a destrozar todo lo que se pone en contacto durante algún tiempo. 







También en el caso de que no exista delicuescencia, para las especies solubles en agua, como es la inmensa mayoría, la limpieza presenta problemas. 

Por estas razones se aconseja conservar las especies mineralógicas dentro de pequeñas cajas. 
La solubilidad en el agua se puede verificar fácilmente, tocando el mineral con la lengua: si no se advierte un sabor salado, entonces el mineral es insoluble (no hay que asustarse por el pésimo sabor que tienen algunos minerales de hierro puesto que no son venenosos).







La oxidación

Algunos minerales que de por sí son estables en el aire e insolubles en el agua presentan dificultades, puesto que pueden sufrir un imparable proceso de oxidación, que tiende a disgregarlos más o menos rápidamente. Por ejemplo, los fragmentos de hierro nativo de origen meteorítico se perjudican por la acción de algunos cloruros (por ejemplo, la laurencita), que es delicuescente, y da lugar a una solución que, por continua oxidación y reducción, transforma el hierro en una masa de virutas. 

Del mismo modo, algunos ejemplares de pirita por acción del ácido sulfúrico, derivado de una primera fase de oxidación, se atacan continuamente,
fragmentándose en varios trozos. 







Curiosamente, no toda la pirita presenta este fenómeno, sólo algunos ejemplares, probablemente por causa de elementos extraños (cobalto, manganeso, molibdeno, etc.), que catalizan el fenómeno de oxidación acelerándolo.


Los remedios

Para frenar estos procesos se precisa ante todo tener en cuenta que esto se produce porque comienzan a formarse vestigios de una solución acuosa-ácida, que aumenta continuamente por el fenómeno de la oxidación, y que, por tanto, auto-aceleran la disgregación (el inicio es siempre lentísimo, pudiendo pasar in-observado durante varios años, mientras que la fase final puede ser muy rápida). 







Por tanto: 
1) se deben conservar más o menos todos los sulfuros en un lugar seco. A veces, conservar durante pocos meses una colección en una bodega puede tener consecuencias desastrosas; 
2) no está de más lacar con barniz transparente los
ejemplares recientes y secos. Si por cualquier motivo se quisiera eliminar el barniz, se puede utilizar un disolvente con acetona; 
3) cuando se noten mínimos rasgos de oxidación, es decir, hinchamientos, se puede proceder al
siguiente tratamiento; se sumerge el ejemplar en una solución concentrada de bicarbonato sódico, que neutraliza el ácido y se le deja así durante un día entero. 







Después, para secar los ejemplares, se puede utilizar un secador de pelo. 
No se deben de lavar nunca, sólo se puede utilizar un plumero para eliminar los restos de bicarbonato, aunque no debe de importar que permanezca, puesto que así neutraliza el ácido, quizá todavía presente, por
último, se laca el ejemplar bien seco con un barniz transparente sin abusar en su cantidad.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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