miércoles, 3 de abril de 2013

PRINCIPIOS DE LA GEMOLOGÍA PARTE 8





LA MILENARIA TURQUESA


Rica en historia y tradición como pocas piedras, la turquesa goza todavía de una enorme popularidad tanto en Oriente como en Occidente, y, por tanto -entre las gemas no transparentes-, ocupa un lugar prioritario. 

El mineral es un fosfato hidratado de aluminio y cobre con un delicado color azul cielo más o menos intenso y más o menos uniforme que tiende a verdoso y se transforma incluso en verde intenso cuando a la acción colorante del cobre se sobrepone la debida a un contenido eventual de hierro. 







Además de este último, otros elementos químicos pueden estar presentes como elementos "trazo" en la turquesa, y, como tales, no aparecen en la fórmula química: bastante frecuentes son, por ejemplo, el calcio y el silicio, que, si bien no desempeñan ningún papel en los efectos de la coloración seguramente, ejercen cierta influencia sobre la dureza y sobre el grado de compactibilidad del material. 
Opaca al paso de la luz, raramente traslúcida, la turquesa muestra un típico brillo céreo, lo cual añade valor y tiene más importancia que el color.







Dónde se encuentra la turquesa

Como en el caso de los ópalos, también los yacimientos de turquesas están localizados en zonas áridas del Irán nororiental (Nishapur) y de Afganistán, Australia, China (y del Tibet en particular), de Israel, de Tanzania, de los estados suboccidentales de los Estados Unidos (Nevada, Nuevo Méjico, Arizona y California) y de México. 
La roca madre de la turquesa es siempre rica en aluminio (magmática o sedimentaria) y el precioso mineral tiene origen secundario, en cuanto que representa el resultado de cambios químicos más o menos complejos que se denominan con el término de "alteración" . 







El material tosco se presenta bajo forma de nódulos reniformes, que difícilmente superan los 20 mm, y se extraen con un duro trabajo tanto de la roca "in situ" como de los detritus de ladera o de residuos aluviales. ¿Pero por qué el nombre de turquesa cuando no existe ningún yacimiento en Turquía? Debemos recordar el famoso "camino de la seda", las bellas gemas color cielo llegaban a Europa vía Turquía. 
El porqué del género femenino atribuido a esta piedra es, por el contrario, mucho más fácil de explicar: hace algún tiempo se denominaba "piedra turquesa", mientras que hoy la primera parte de la locución se sobreentiende.


Detalles de la turquesa

Como el ópalo también la turquesa se consideró un mineral amorfo hasta que en 1.911 se encontraron los primeros cristales triclínicos en Virginia. 
El minera compacto, que es el que nos interesa, expuesto a grandes aumentos muestra una estructura criptocristalina: en la masa están combinados gránulos de calcio y fibras de calcedonia, además de fases amorfas, la más importante de las cuales es el silicato de cobre llamado crisocola. 







Entre las inclusiones macroscópicas de la turquesa, son frecuentes vetas marrones o negras (respectivamente de limonita y psilomelana); las franjas grises o amarillentas de la matriz arenácea y las negras del jaspe, más abundantes y menos estéticas que las ya citadas, antes que eliminarse del todo son "desplazadas", hábilmente por el tallador de la piedra, dejándolas en la parte inferior del cabujón. 

En la variedad celeste clara existen pequeñas nubes aisladas o abundantes, pero muy diminutas blanquecinas: estas últimas están distribuidas de tal forma que escapan a un simple examen visual, pero se localizan inmediatamente con una lente de pocos aumentos (de 6 a 9). 
También están presentes a menudo y bien visibles a simple vista los gránulos de pirita y calcopirita de color oscuro.







El valor de la turquesa

Por lo que respecta al valor de la turquesa, la variedad que se destaca más de todas es la denominada "turquesa persa", a condición de que su coloración sea pura (azul cielo sin esfumaciones verdosas), uniforme y bastante intensa. 
El brillo debe ser céreo, no debe ser "duro" ni "frío" como el de la porcelana y ni siquiera demasiado apagado. 
La compacidad y la dureza alcanzan los valores más altos para la especie (densidad 2,80 contra 2,60 y también menos en las variedades tibetanas o americanas; dureza 6 contra 5,50 y 5 de otras). 







Inútil decir que la turquesa genuina dotada de tales peculiaridades se ha convertido en inencontrable prácticamente y los raros fragmentos que se encuentran comercializados se venden por quilates, antes que por gramos, como se hace para las piedras ornamentales de cierto valor (lapislázuli, crisorasa). 

Menos costosas son las variedades con coloraciones muy pálidas o poco homogéneas y todavía menos las agradablemente verdosas o manchadas por inclusiones, sobre todo si éstas ocupan buen parte de la superficie de la piedra ("turquesa matriz"). 
Una excepción importante está representada por la turquesa " nido de avispa" en que el entrelazado de óxidos metálicos oscuros tanto fino y regular que el fragmento parece envuelto por una red o malla muy fina: en tal caso el valor vuelve a elevarse hasta alcanzar casi el de la variedad persa.








Una piedra muy delicada


"La calaíta es atacada por los aceites, los bálsamos y el vidrio: ..." así se expresaba Plinio hablando de la calaita (= bella piedra) o kallalita, es decir, la turquesa. 


Sin embargo, tenía razón: pues esta es tan bella y delicada como probablemente la más delicada de las piedras preciosas. 
Basta una utilización poco cuidadosa para hacerla palidecer y todavía para hacerla cambiar de color: la transpiración corpórea (grasa, sudor, anhídrido carbónico), las soluciones jabonosas y las salinas (y por tanto el agua del mar) los perfumes y Ios cosméticos, son los peores enemigos responsables de la transformación que en el transcurso de algunos años reducen una espléndida gema celeste en un insignificante objeto verde amarillento. 








Los mismos fenómenos suceden algunas veces por excesiva y prolongada exposición al sol o por parcial deshidratación causada por un ambiente seco o muy recalentado (análogamente a cuento hemos visto para el ópalo). Tales mutaciones resultan repentinas si las condiciones son drásticas: a 250 º  la turquesa asume una coloración verde opaca y mortecina y de esto han de tomar buena cuenta los que trabajan con estas piedras, aumentando la temperatura la piedra inicia a perder su aspecto vítreo.

De moda desde hace 7.500 años

Contrariamente a cuanto sucedió con otras piedras que con el transcurso de los siglos han variado fuertemente en las corrientes de la moda, la turquesa siempre ha estado en auge desde los tiempos del antiguo Egipto. 







Los primeros yacimientos trabajados por el hombre fueron seguramente los de la península del Sinaí, el fragmento más antiguo de orfebrería que se conoce con turquesas data de hace 7.500 años. 
Se tiene por sabido que hace 6.000 años (4.000 a.C.) la turquesa egipcia de color celeste intenso y sensiblemente translúcida se utilizaba por los faraones no sólo para confeccionar joyas y amuletos, sino para pulverizarla y usarla como barniz y sobre todo como cosméticos (cosa que también sucedía con la malaquita verde). 

En el continente americano la piedra era usada por los mayas, localizados en centroamérica y en México 2.000 años a.C. hasta el primer milenio después de Cristo, que los aztecas se esparcieron desde México hasta las estepas sudoccidentales del continente norteamericano, encontrándose nuevos yacimientos de turquesa. 







El éxito de esta gema continuó después en funciones religiosas, especialmente, para las tribus de los indios navajos que ya en el 1.200 ocupan áreas del sudoeste. También los incas en el continente sudamericano del actual Ecuador hasta el Chile septentrional, en los siglos XV y XVI utilizaban la turquesa no sólo como objeto ornamental, sino también como moneda. 

Interesantísimos objetos funerarios y regalos funerarios de los navajos son turquesas, como tesoros de antiguos templos se pueden admirar en el Museo de la Ciudad de México, en el Brithis Museum de Londres y junto a Iranian National Bank de Teherán.







Hoy los descendientes de los antiguos navajos continúan fabricando sus famosas joyas en plata y turquesa, habitualmente en color intenso, como el material de "persia". 
La producción de sujetacorbatas, anillos, collares, gemelos, es enorme y representa una parte muy importante en la economía artesanal de aquella tribu. Volviendo al oriente son dignos de mención algunos sellos imperiales, a menudo obtenidos de grandes fragmentos de turquesa de espléndida calidad, como también ciertos característicos cofres y joyas tibetanas con incrustaciones de turquesas. 

En Italia en el museo de plata de Florencia se puede admirar el busto del emperador Tiberio (siglo I) y el tesoro de San Marcos en Venecia con una copa del siglo X obtenida de una enorme turquesa de calidad excepcional. 







En China se continúan esculpiendo espléndidas estatuillas, mientras que en occidente los joyeros hacen soñar a las señoras con magníficas fantasías a base de turquesas y brillantes.


Las virtudes de la turquesa

Es muy abundante, obviamente, la relación de las virtudes que la tradición popular de todo tiempo y en los distintos lugares se han atribuido a esta piedra. Según los egipcios era un antídoto contra las cataratas, mientras que Aristóteles la consideraba señal infalible contra las víboras, porque la proximidad del veneno les hacía segregarlo fuertemente. 

Además de esto la turquesa inspiró ya sentimientos elevados y amor profundo, asegurando bienestar, preservando en forma especial de las caídas. Los poetas orientales veían en las gemas color cielo el símbolo de la inocencia y de la pureza, y la consideraban el talismán de los caballeros. 
En cuanto que esta joya palidecía o cambiaba de color estaba vaticinando un pésimo suceso especialmente el final de un amor. 








Para aquellos que creen en la astrología, la turquesa es la piedra de los sagitarios, es decir, los nacidos en el mes de diciembre.


Las piedras naturales semejantes a la turquesa

Las piedras ornamentales que tienen aspecto semejante a la turquesa son la crisocola y la variscita verde-amarillenta o verde-azulada (ambas con todas las constantes físicas más bajas), la odontolita y la lazulita masiva (más pesadas), la hemimorfita azul y la smithsonita azul verdoso (mucho más pesada) y, por último, la amazonita (de aspecto más vítreo con un índice de refracción de 1,52-1,53 contra un valor de 1,61-1,65 de la turquesa). 



Crisocola

Lazulita



Mención aparte merece para envidia de los coleccionistas, la ceruleita, un arseniato hidratado de aluminio y cobre. 




Variscita

Hemimorfita



Este mineral, encontrado hace algunos años en el sur de Bolivia, no está disponible en el mercado, tiene una composición química parecida a la de la turquesa, además se asemeja extraordinariamente en el aspecto y por los valores de las constantes físicas (densidad media 2,70, dureza entre 5 y 6, índice de refracción 1,60). Además parece que el sistema cristalino de la ceruleita se corresponda al triclínico.




Smithsonita


Amazonita



Las imitaciones, los falsos y los sintéticos

A partir de las vulgares imitaciones en cristal, en plástico, en esmalte o en porcelana coloreada, merece la pena recordar aquí la "neolita", un material artificial muy bien logrado y, por tanto, muy abundante en el mercado. 
La howlita es a su vez un mineral blanco y de aspecto parecido al yeso, a menudo con vetas oscuras: coloreado adecuadamente gracias a su porosidad parece un discreto sustituto de la turquesa, si bien mostrando una dureza muy inferior (aproximadamente 4). 




Ceruleita



Mucho más preocupantes son las sofisticaciones, tanto porque sus valores físicos son a menudo casi idénticos a los del material de coloración genuina, como porque las piedras opacas son en general más difíciles de examinar que las transparentes. 
Partiendo de la base de que la turquesa es porosa y que la mayor parte de este material es de color celeste o verdoso, o bien resulta escasamente compacto, es natural esperar un grandísimo número de manipulaciones para reforzar y modificar el color y la consistencia de las piedras. 

Por esto se explica que sean innumerables las sustancias en que se impregnan las turquesas: ceras y aceites colorantes, tintes de anilina, soluciones de sal de cobre, azul de Prusia, etc. 
La técnica hoy en día muy refinada y consistente en hacer absorber a la piedra uno de los colorantes enumerados y de tapar después los poros con sustancias impermeabilizantes como parafina, silicato de sodio, plásticos y otros. 




Turquesa sintética



Los casos límites están constituidos por empastes obtenidos por polvos o detritos de turquesa natural conservados en recipientes de cristal. Desenmascarar estos trucos no es muy fácil porque no sucede como hace algún tiempo que la piedra se trataba con aceites o ceras o una simple exposición al sol o una modesta fuente de calor. 

Paralelamente al desarrollarse esta sofistificación se han perfeccionado las técnicas de laboratorio y a los acostumbrados ensayos con gotas de amoníaco o de ácido clorhídrico de hace algunos años se ha perfeccionado la denominada "punta caliente" (en inglés, hot point). 
Entre los materiales sintéticos recordemos el excelente obtenido por el francés Pierre Gilson, un valioso químico ya mencionado a propósito de los ópalos sintéticos.







Los consejos para los compradores

Sabiendo que existen más o menos decenas de materiales sofisticados todos ellos de un aspecto parecido, es fácil que el elector haya quedado desconcertado, de momento se jurará a sí mismo no comprar jamás turquesas, sin embargo, si accediese a ello debe tener presentes estos consejos. 

Primero de todo debe acudir a un establecimiento que tenga un cierto prestigio, obteniendo así una garantía de que no se trata de una imitación del tipo "neolitas" o semejantes. 
Ya con esta certeza podremos estar convencidos de que se trata de turquesas naturales, dando por descontado que su coloración siempre habrá recibido un cierto "auxilio" será, por tanto, preciso exigir el tratamiento que ha sufrido la piedra y también en el caso de los pendientes de cierta importancia, es preciso obtener ulterior garantía sobre su estabilidad en la coloración a lo largo del tiempo.








Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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