miércoles, 3 de abril de 2013

PRINCIPIOS DE LA GEMOLOGÍA PARTE 9


Zafiros



ZAFIRO Y RUBÍ, LA MAGIA DEL COLOR

Rubí y zafiro son dos términos que hablan del mismo mineral, el corindón. 
Son muchas las piedras o gemas de color rojo o azul, pero cuando se habla de una roja, instintivamente pensamos en el rubí. 

Del mismo modo, hablar de una piedra azul muchas veces equivale a pensar en el zafiro. Para conseguir el "rojo adecuado" o el "azul adecuado" se precisa un poco de oxígeno y un poco de aluminio bien cristalizados. Son dos elementos químicos abundantes, pero escasos conjuntamente, son dos componentes ligeros, pero que al unirse dan un compuesto pesado. Podemos decir que la naturaleza a veces tiene estos caprichos de crear tales contrastes.




Zafiro



El rubí, suma rareza

De entre todas las piedras preciosas, el rubí, con un color en el que contribuye ligeramente el cromo, es con diferencia la más rara y, por tanto, la más cara. 
Los comerciantes las venden a precios de fábula, y no siempre. 
Hablamos, claro está, del rubí "sangre de pichón" el birmano, no del rojo pálido, o del rojo violáceo de Ceylan (o mejor dicho Sri Lanka), ni tampoco el rojo oscuro de la mayor parte de los rubíes de "Siam". 

Si el ejemplar supera los tres quilates de peso (la uña del dedo meñique, para entendernos), no tiene fracturas y muestra pocas inclusiones, su valor puede superar fácilmente los 300 millones de pesetas por quilate, es decir, más que el diamante de buena calidad. 




Rubí



No en balde los orientales, que entienden bastante de joyas, han puesto en primer lugar el rubí, junto con el jade oriental de color verde esmeralda. 
El valor del rubí desciende vertiginosamente si el peso es inferior a dos quilates y más aún, si se trata de piedras menores, inferiores al quilate.


Zafiro, elegante, pero menos "noble"

El zafiro es mucho más accesible por ser menos raro, y el motivo es simple: el hierro y el titanio que, uniéndose al óxido de aluminio, dan lugar al típico color azul añil, son elementos muy extendidos en
la litosfera, bastante más de lo que está el cromo de los rubíes. 
Las minas son más numerosas en casi todos los continentes, si bien, pocas poseen el bello color azul-violeta profundo del "Birmania" o el "flor de lis", de "JasHmir": en estos casos la rareza es casi igual a la de los más apreciados rubíes. También muy bellos son algunos ejemplares de "Ceylan", con un color azul intenso, y algunos otros de "Camboya". 

Por suerte, la mayor parte de los compradores considera que los zafiros mejores son los azul oscuro, casi negros, procedentes de Australia y Thailandia. Decimos, por fortuna, porque se pueden comprar a precios razonables cuando las piedras de calidad ya no bajan de la decena de millones por quilate.




Rubí



Los otros corindones, bellos y descuidados

Otras variedades del corindón poco conocidas, pero muy bellas, son las de color mandarina ("flor de loto"), de elevado precio; las de color amarillo oro ("topacio oriental"): la rosa y la azul clara (de tonalidad muy distinta a la del aguamarina). 

Menos atractivas son las variedades violetas o las verdes, e incluso las verdes amarillentas. 
Todas estas variedades, transparentes y talladas como los rubíes y los zafiros, se denominan impropiamente zafiros amarillos, zafiros rosas..., cuando lo correcto sería llamarlas corindón amarillo, corindón rosa...




Rubí



Un poco de historia y curiosidades

Tanto los rubíes como los zafiros se han llevado siempre: con sus colores vivos e intensos no podían escapar a la curiosidad, incluso de los hombres de la prehistoria. 
Estas piedras orientales son las primeras, y ni siquiera las esmeraldas y los diamantes pueden desplazarlas, formando las cuatro el "grupo de los cuatro grandes".

La tradición popular ve en el rubí el símbolo del amor ardiente, de la pasión, el entusiasmo, la fuerza y la victoria. 
Representa también la fe ciega y es el talismán contra la tristeza y la obesidad. 
Es la piedra de los nacidos en julio, bajo el signo de Cáncer. 
El zafiro es símbolo de nobles ánimos, calma las pasiones amorosas, induce al amor idealizado e incluso a la castidad. Para los orientales es un antídoto frente a las inflamaciones de los ojos y de las vísceras. 
Es la piedra de los nacidos en septiembre bajo
el signo de Virgo.







Entre los ejemplares famosos debemos mencionar el "Rosser Reeves", del Smithsonian Museum de Washington, que pesa 138 quilates y está considerado el más bello rubí estrellado del mundo. 

El "De Long" (100 quilates), en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Pocos son los rubíes de considerable peso que se exponen y, desde luego, están custodiadísimos. 
Merecen citarse los que posee la Maharaní de Baroda y de Rosenthal. Cecilia de Rotschild posee, en su colección, el rubí más perfecto de cuantos se conocen, con un peso de 26-27 quilates.

Debemos recordar un considerable número de piedras preciosas consideradas como rubíes y que, sin embargo, son espinelas: el caso más clamoroso es el del rubí del Príncipe Negro, una piedra de 50 mm de longitud, propiedad de la corona inglesa, y que está solamente pulida. 




Zafiro


Los zafiros, por su parte, son, como ya hemos dicho, más habituales en la Naturaleza: los ejemplares pueden alcanzar varios centenares de quilates, sobre todo si son estrellados. 
Recordemos solamente la "Estrella de las Indias", de 563 quilates (más de 100 gramos); la "Estrella de Asia", de 330 quilates, y el "Ruspoli", de 132 quilates, perfecto por su color y su talla.


La talla de los corindones

En la talla de los corindones el papel del hombre es de vital importancia. 
Las proporciones no siempre se respetan, pues se trata de aprovechar al máximo la piedra y evitar las pérdidas de peso, por lo que se toleran las gemas con la parte inferior asimétrica. 
Tampoco se respetan los ángulos, como requeriría el índice de refracción del mineral, según la dirección. 

Siendo el corindón pleocroico una "tabla" girada en pocos grados respecto a la dirección correcta, confiere al zafiro un desagradable color verduzco, y al rubí, un tinte rojo amarillento.

El tallador deberá tener cuidado y considerar las inclusiones de acículas de rutilo (bióxido de titanio), a menudo presentes en los cristales hexagonales, prismáticos o bipiramidales del corindón. 
Estas acículas se ponen de manifiesto cuando la piedra ya se ha pulido, bajo forma de un reflejo plateado
"móvil" sobre la superficie. 







Cuando estas acículas son muy visibles, el valor del ejemplar cae en picado.
Esto no sucede si el rutilo se entrecruza formando ángulos de 120 grados, en tal caso, la piedra se talla formando superficies curvas en la dirección adecuada, y si la base es esmirilada, aparecerá un precioso reflejo en forma de estrella de seis brazos, brillante,"móvil" y luminosa, a medida que la fuente de luz que ilumina la gema sea más intensa y puntiforme. 

Estos corindones estrellados -zafiros y rubíes- se denominan también estrellas, y, si bien, para el gran público no merecen atención, para los entendidos de países como USA, Inglaterra o Alemania, son de gran interés.


El uso de rubíes y zafiros

Por lo duros y resistentes que son, los rubíes y los zafiros, se pueden utilizar para todo tipo de joyas, incluso para anillos, pese a ser los más expuestos a percances. 
Merece la pena combinarlos con diamantes para realzar su belleza.







Conviene recordar que mientras que el rubí es una espléndida joya de noche, pues brilla con luz artificial, el zafiro es preferible usarlo de día. 
Sólo las piedras de Ceilán pueden mostrar su color turquesa y su elevado brillo, aunque la luz no sea natural. 
Con los corindones naranjas, amarillos, rosas y azul claro se pueden crear magníficas fantasías. Menos bellas son las variedades verdes y violáceas. 

Por el contrario, los anillos montados sobre piedras estrelladas confieren un toque de misterio muy sugerente (el problema será su credibilidad).


Las "parecidas" de menor valor

Se asemejan bastante a los rubíes solamente la espinela roja y la turmalina (rubelita), que, si bien son de valor, este es sensiblemente inferior al de los rubíes. 
Algunos granates (almandino, piropo) pueden parecer rubíes oscuro del tipo "Siam", pero siempre tienen un valor muy inferior al de las piedras que imitan.



Rubelita



Semejantes al zafiro son la benitoita (acaparada por coleccionistas y muy rara de un peso superior al quilate), la espinela azul (monorrefringente, un poco más gris o verdosa que el zafiro), la cianita (piedra azul cielo que asemeja a los zafiros de "Ceylan") y la zoisita azul o "tanzanita" (con fuerte pleocroismo rojo-púrpura-violáceo). 




Benitoita


De todas estas piedras, todas naturales, solamente la última puede alardear de tener un valor semejante al de los zafiros. 
La distinción, en el caso de material sin trabajar, es sencilla, pues ninguna especie tiene la dureza del corindón, sólo atacable por el diamante.




Cianita



Las imitaciones y los corindones sintéticos

Las imitaciones siempre han existido, y los expertos notan rápidamente los cristales falsos, por ser más fríos al tacto y más ligeros; además, la talla es menos perfecta, el aspecto es más "líquido", y, por último, suelen aparecer pequeñas burbujas en el interior.

Los corindones sintéticos se iniciaron hace casi un siglo y tienen las mismas constantes físicas que los naturales, tratándose del mismo material, aunque hecho por el hombre. 
Comprobar el peso específico, la dureza o el índice de refracción no servirá para nada, además, el ojo del experto o una lente de 10 aumentos seguirán sin decirnos nada.




Zoisita



Los casos más sencillos en que se pueden descubrir el carácter sintético son aquellos en que, por análisis microscópico, se descubren pequeñas burbujas internas o bien estrías, que aun conservando el paralelismo de las piedras naturales, muestran en conjunto una línea curvilínea. 

La presencia de zonas de tinta menos fuerte se debe al hecho de que el color del corindón está casi siempre repartido de forma poco homogénea, a excepción de los amarillos y los que están poco coloreados. 

Tales bandas aparecen en los ejemplares naturales siempre rectilíneas o en línea entrecortada (lados de hexágono); si la piedra a examinar es muy pequeña, resulta muy difícil decidir si las zonas están verdaderamente derechas. 
No debemos olvidar que existen tambien piedras dobles, es decir, piedras partidas en dos y
encoladas, que parecen a primera vista elementos sintéticos. 
Existen también, por último, piedras estrelladas sintéticas muy parecidas a las naturales.







Algunos consejos para una buena compra

A parte del argumento del precio que deberá de tratarse sólo ante la mercancía (se dice que cada piedra tiene su precio), recordemos que el color de un rubí debe ser rojo intenso, sin tendencias al rosa, al
violeta o al granate; las inclusiones no deben ser fáciles de ver, las fracturas emergentes sobre la superficie exterior pulida deben de evitarse. 

El zafiro debe aproximarse al azul "flor de lis" o al "manto de la Virgen", no demasiado oscuro ni muy claro, sin reflejos grisáceos y menos aún verdosos. 

En los casos estrellados, la estrella debe estar centrada, móvil, nítida y luminosa, incluso cuando la luz no sea intensa, además, no debe de faltar ningún brazo. Las estrellas rojas, muy raras, y las azules valen mucho más que las rosadas, grises acero o rojas oscuras. 

Cuando color y peso sea el mismo, más valor tendrán las piedras transparentes (no pueden serlo del todo) y las que tengan una superficie visible amplia. 
Téngase cuidado con las llamadas dobles y con las sintéticas, de aspecto de porcelana y con la
estrella demasiado definida, pero poco móvil con el rotar de la piedra.




Corindón



Al margen de lo dicho, será preciso siempre relacionarse con comerciantes serios y de prestigio, y evitar a los "ambulantes". 
Además, no estará de más huir de las “ocasiones", pues incluso con los aparatos sofisticados de hoy resulta difícil desenmascarar los fraudes. 
Se acude, a veces, al calentamiento, pues hay veces que calentando a 1.500 grados los zafiros de tonos pálidos, como los australianos, se toman aceptables zafiros. 
Otras veces se acude a radiaciones, y en el caso de materiales fisurados, a aceites de colores. 

Con el tiempo, el color se irá perdiendo y el engaño se descubre.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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