lunes, 6 de mayo de 2013

LA MUJER COMO MUSA INSPIRADORA


Retrato de la Marquesa de Sévigne. Claude Lefèbvre. c. 1665 y el señorial “moño Sévigné”, que hizo furor en la moda desde mediados del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII.


Louise Françoise de La Baume Le Blanc (1644-1710)

La Marquesa de Sévigné pudo hacer la vida que quería luego de quedar viuda de un matrimonio desafortunado y su personalidad deslumbró a la corte de Luis XIV. 

Escritora y destacada oradora en las tertulias de su tiempo, sólo le faltaba a su prestigio tener una joya con su nombre. 
Y gracias al “Moño Sévigné”, como se denominó a cierto tipo de broche con moño, que reemplazó a los textiles en la vestimenta, pudo alcanzar ese logro. 
La pieza estuvo muy de moda desde mediados del siglo XVII hasta fines del siglo XVIII. 
Originalmente era un moño plano y simétrico, que se llevaba en el centro del escote, realizado en oro o plata con diamantes o perlas, pero su diseño se fue haciendo más complicado con el tiempo. 
De forma asimétrica y con mayor volumen, llegó a ser doble o triple y a incluir gemas que pendían de la parte central del Sévigné.




Ejemplar de Lavallière con engarce de coral y una perla barroca colgante en su extremo inferior. Retrato de Madame de La Vallière. Jean Nocret. 


Louise Françoise de La Baume Le Blanc (1644-1710)

La Duquesa de La Vallière fue llevada a la corte de Luis XIV, con un propósito desconocido por ella. 
Se necesitaba una joven ingenua a la que hacer pasar por amante del rey, mientras él tenía efectivamente un affaire con su cuñada. 
Louise sería la dama de compañía de aquella y eso justificaría ver al soberano merodeando por las cercanías de sus habitaciones. 
Lo que comenzó como una fachada, se convirtió en realidad. 
El monarca reparó en su belleza y Louise se enamoró profundamente de él, llegando a crear un tipo de nudo de corbata, que hoy conocemos como “lavallière”, para anudar al cuello de su adorado rey. 
En su honor fue bautizado un conjunto de cadena corta de pequeños eslabones y un dije alargado y elaborado. 
El “lavallière”, fue retomado por el período Victoriano e hizo furor durante el Eduardiano y el Art Decó.




De izquierda a derecha: Sarah Bernhardt - El brazalete de serpiente de Mucha y Fouquet para “Cleopatra” 1890. - Afiche de la obra “Medea” protagonizada por Sarah Bernhardt en 1893.


Anillo con el rostro de Sarah Bernhardt en su representación de “Cleopatra” c. 1890-1900.



Emperatriz Elizabeth de Austria (1837- 1898)

No es común que la sola contemplación de una joya recuerde a su poseedora original. 
Pero cualquiera que vaya a Viena, notará que no hay negocio relacionado con la ornamentación que no tenga una réplica de las “Sissi Sterne” o “Estrellas de Sissi”. 

Aunque la Casa A. E. Köchert, joyeros de la corte, las realizó en oro, plata y diamantes, no formaban parte de las Joyas de la Corona Imperial Austro-Húngara, sino de la colección personal de la Emperatriz, apodada Sissi por sus allegados. 

Podrían haber quedado en el anonimato, apagadas por tanta opulencia, si no fuera por el maravilloso retrato de Franz Xavier Winterhalter de 1864, que las convirtió en favoritas de todas las recreaciones mediáticas que se hicieron del personaje. 
Nunca se omite caracterizar a la emperatriz con su hermoso cabello largo trenzado, adornado por sus atractivas estrellas.

Sarah bernhardt (1844-1923)

Fue la primer “celebrity mediática” cuyo rostro pobló las calles parisinas gracias a los afiches de los artistas del Art Nouveau. 
Su hipnótico encanto como actriz, representando personajes de carácter como “Medea”, “Juana de Arco” o “Salomé”, hizo que muchos joyeros y vestuaristas afamados, deseasen trabajar con su figura. 

Y “La Divina”, como se la apodaba, supo dar una vida especial a estas creaciones haciéndolas suyas, tal como sucedió con el brazalete de serpiente, realizado por Fouquet y Mucha, en 1899, para su personaje de “Cleopatra”. A pesar de su calidad, éste no hubiera trascendido de la misma manera sin la ayuda de Sarah y su presencia escénica. 

Su rostro fue plasmado también en anillos, un claro antecedente de lo que sería el merchandising de las figuras del espectáculo, que el público, a partir de la diva, adoraría consumir.




El broche de estrella de mar, uno de los íconos de la Maison Boivin - Broche de zafiros con paloma de la paz. Diseño de Juliette Moutard sobre una idea de Germaine Boivin. c. 1939  



Jeanne Poiret Boivin (1871-1959)

Hermana del innovador vestuarista Paul Poiret y esposa del maestro joyero René Boivin, fue diseñadora de la Maison Boivin. 
Comenzó a trabajar en la producción y la administración de la empresa en 1917, año del fallecimiento de su marido. 
Dando testimonio de su confianza por el género, se rodeó de mujeres diseñadoras, cosa inaudita en la industria hasta entonces. 
Su capacidad para contratar talentos es comprobada por los siguientes nombres: Susan Vuillerme (futura Susan Belperron y antigua vendedora de la Maison), Juliet Moutard y su hija Germaine Boivin, quien la reemplazó en el momento de su retiro. 
Si bien nunca estuvieron firmadas, las joyas producidas durante la gestión de Jeanne, tenían características reconocibles: tamaño inusual, gusto por lo exótico, la mezcla de metales y un siempre presente amor por la naturaleza, no tan al corriente de la moda.



Izq. arriba: Broche realizado por Margaret de Patta. c. 1956 - Izq. abajo: Broche de Margaret. c. 1941 - Derecha: Margaret De Patta en su estudio, 1939



Margaret de Patta (1903-1964)

Fue una joyera estadounidense que en la década del ‘30 se rebeló contra la producción en masa. 
Creía que una pieza de joyería debía ser un objeto dinámico capaz de cambiar la percepción del espacio y el movimiento, creando reflejos y efectos ópticos. 
A diferencia de la mayoría de sus colegas contemporáneas que sólo diseñaban, Margaret realizaba ella misma sus obras. 
Pero lamentablemente nunca pudo alcanzar un desarrollo económico sustentable. 
Al adquirir una joya, el gran público apreciaba más el valor intrínseco de la misma que el diseño. Esta situación y el tilde de subversiva que recibió por ser fundadora del Gremio de las Artes Metalúrgicas de San Francisco, la colocó en las Listas Negras del Macartismo, impidiéndole así desarrollar cualquier actividad laboral, y llevándola como consecuencia a un estado de decaimiento del que nunca se recuperaría. 
Aunque finalmente se quitó la vida, la obra y las ideas de esta pionera, así como su singular pasión, siguen iluminando hoy en día.




El Retrato de F. Winter- halter de la Emperatriz de Austria, que inmortalizó las “Estrellas de Sissi”.



Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay


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