martes, 3 de septiembre de 2013

JOYAS MESTIZAS MEXICANAS





Con la conquista y colonización españolas, las antiguas poblaciones mesoamericanas sufrieron una reordenación socio-política acorde con los intereses de los europeos.

La Península de Yucatán no fue la excepción, pero debido a su relativo aislamiento geográfico continuó conservando su historia y tradición cultural propias. Situada en una planicie caliza rodeada por mar en tres de sus puntos cardinales, la Península mantuvo poca comunicación con el resto de la Nueva España, primero, y con la República mexicana, después de la Independencia.  

Durante la Colonia y el siglo XIX, los puertos de la Península de Yucatán eran punto de desembarque de las tecnologías y modas provenientes de España y otras partes de Europa. 
Una de esas técnicas fue la orfebrería, introducida por artesanos españoles que viajaron a América enrolados como frailes y soldados conquistadores.







AsÍ, con los procedimientos y organización del trabajo propios del oficio de la joyería, se inició principalmente la elaboración de objetos para el culto religioso y también para el adorno personal. Esta última variante fue ampliamente acogida por los habitantes autóctonos, al igual que por la naciente población mestiza, quienes hicieron suyos el uso y la elaboración de la platería, la cual desde entonces ha experimentado pocos cambios en cuanto a técnicas y diseños se refiere.


Materiales y técnicas

El oro y la plata constituyen las materias primas fundamentales a partir delas cuales los artesanos logran sus obras. 
A menudo, incluyen en ellas cuentas de coral o cocoyol, piedras preciosas o imitaciones de ellas, o bien las decoran con esmalte. 
Estas materias primas, en su mayor parte, son conseguidas por los artesanos a través de intermediarios pues, con excepción del cocoyol, provienen de otras partes del país o incluso del extranjero, como es el caso del coral. 







El cocoyol se obtiene del fruto de una palma nativa del mismo nombre. 
La corteza del fruto, llamado también coquito baboso, se parte en trozos, los cuales se pulen para obtener cuentas de un color negro brillante, muy apreciado por los mayas actuales y, posiblemente, también por sus antepasados prehispánicos.

Varias son las técnicas que el platero emplea para trabajar y decorar los metales preciosos. 
Entre ellas destaca la filigrana, que consiste en estirar barras de oro o plata hasta formar delgados filamentos de diferentes grosores, con los que se delinean y rellenan distintas figuras. 
Uno de los pasos críticos es el proceso de soldadura, donde el artesano está obligado a recurrir a su máxima capacidad de improvisación. 
La filigrana es un arte distintivo de las antiguas zonas henequenera y azucarera, madres de regulares fortunas.








El laminado, el troquelado y el grabado con buril son técnicas que generalmente se aplican juntas y dan por resultado joyas como los llamados aderezos o "campechanas", denominadas así por ser características de la zona de Campeche. Están conformadas por una sucesión de láminas grabadas con motivos vegetales y llevan un pasador en forma de hojas de vid, detalle que inmediatamente nos remite a su origen europeo.








Es de mencionar también el soplillo, utensilio mediante el cual se obtienen cuentas huecas con facetas, antecesoras de las piedras poliédricas. Debido a la dificultad de su manufactura y a la fragilidad de las piezas, el uso del soplillo se encuentra prácticamente en vías de extinción.

Encontramos así mismo el esmalte, que consiste en la aplicación y fundido de polvo de vidrio de colores sobre superficies previamente grabadas. 
Los motivos más recurrentes en el esmalte son los pájaros posados en las ramas de un arbusto llamado ch'ilib y las leyendas "cariño" , "amor" o "recuerdo". Esta técnica decorativa es casi exclusiva de los talleres de Valladolid, en Yucatán.








Para producir sus obras, los plateros disponen de un pequeño taller -por lo regular montado en el rincón de una habitación- que consta de una o dos mesas con sus respectivas sillas y el yunque o tas. Dispuestos en las mesas se hallan todas las sencillas herramientas y medios de trabajo -muchas veces de fabricación casera-, con ayuda de los cuales los artistas logran las finas joyas que contrastan con su modesta cuna.








Los artesanos

Por lo regular, en los talleres trabajan el maestro platero y uno o dos ayudantes, futuros maestros, quienes poco a poco van siendo iniciados en los secretos de la platería. 
Algunas veces se trata del hijo del propio artesano, pero cuando ningún descendiente se interesa en el oficio -lo cual no es raro- entonces es otro joven, ajeno a la familia, quien hereda los preciados conocimientos.

Actualmente, la producción de joyería tradicional se encuentra sujeta a muchos contratiempos: la aparición de talleres en serie, donde trabajan varios obreros especializados sólo en una parte del proceso; el aumento del precio de las materias primas; la política fiscal impositiva; la competencia que por su bajo costo representa la joyería de fantasía importada, y la disgregación de los gremios como una instancia de protección del oficio y de los artesanos.








En su origen, los gremios de plateros, llegados a América junto con las técnicas de trabajo, tenían la finalidad de vigilar el desarrollo del oficio, la calidad de sus objetos y la protección de sus asociados. 
Cada agrupación de joyeros se congregaba en torno de una imagen religiosa, a quien rendían culto y festejaban en su día. 


Las mestizas

Los objetos de uso religioso, como coronas o resplandores para esculturas de santos, casi han dejado de elaborarse, por lo que la producción principal de los artesanos consiste en joyas de uso personal, básicamente femeninas, aunque para los hombres se hacen botonaduras propias del adorno de las filipinas.








Son las mujeres mayas, llamadas mestizas, quienes a través de su identificación con las joyas mantienen viva la tradición de la platería y vuelven necesario el trabajo de los orfebres. 
Así, diversos tipos de aretes, rosarios, cruces, medallas, anillos, soguillas y pulseras, invaden los arcones femeninos y se han convertido en accesorios indispensables en las ocasiones especiales como bodas o fiestas religiosas. 

Al mismo tiempo, las joyas vinieron a desempeñar una función especial en la economía de las familias mayas. 
Cuando una pareja se une en matrimonio, la novia recibe de sus suegros una jícara con granos de cacao y algunas alhajas.



 



Esta costumbre, originada quizás a mediados de la época colonial, se sigue conservando en varios pueblos del área maya.

A partir de su matrimonio, la mujer procura alimentar su cofre en los tiempos de bonanza económica para, en caso de presentarse un gasto imprevisto, poder vender o empeñar parte de sus joyas, decisión en la que nunca interviene el marido.

Mientras la contingencia económica no ocurre, la mestiza se pone sus joyas: a diario usa un par de aretes, a los que agrega algún anillo y una medalla cuando sale del pueblo. 







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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