lunes, 9 de septiembre de 2013

TURQUESA -- SOLO UN COLOR? O UN POEMA EN JOYA?





Si somos prácticos, diremos que la turquesa es un simple fosfato de aluminio y cobre, pero si miras la gema unos instantes, su belleza atrapará tu mirada, y quizá evoque un paisaje marino, o un cielo claro y nítido.
Su bellísimo azul provocó fascinación durante miles de años; civilizaciones como los antiguos egipcios, incas, persas, y aztecas, vieron en ella una piedra única y poderosa.
En el Tibet, la turquesa no se considera una piedra preciosa, para los budistas tibetanos es GYU, es  algo diferente en sí mismo, es, turquesa. Una gema a la que atribuyen propiedades medicinales, espirituales, y energéticas; es utilizada en rituales, ceremonias religiosas, y como ofrenda a los grandes lamas.
Los tibetanos creen que la turquesa refleja en su color el estado de salud del portador, y que si son regaladas con cariño, traen fortuna a quien la recibe, y a quien la ofrece.
 Gyu es, tanto y tan sólo, Gyu.



 



General

Categoría Minerales fosfatos
Clase 8.DD.15 (Strunz)
Fórmula química CuAl6(PO4)4(OH)8·4H2O

Propiedades físicas

Color Azul, azul claro, gris verde, verde, verde azul
Raya Blanca a Azul-verdoso-pálida
Lustre Céreo, Vítreo o terroso
Transparencia Opaco a subtranslúcidao
Sistema cristalino Triclínico
Hábito cristalino Prismas cortos, usualmente masivo, de grano fino, venas
Exfoliación Perfecta
Fractura Concoidea
Dureza 5-6
Densidad 2,7 g/cm3
Índice de refracción nα = 1.610 nβ = 1.615 nγ = 1.650
Birrefringencia +0.040
Pleocroísmo Débil
Propiedades ópticas Biaxial (+)
Solubilidad Soluble en HCl

Minerales relacionados

Calcosiderita







La turquesa es un mineral de la clase 9 (fosfatos), según la clasificación de Strunz, de color azul verdoso. 
Es un fosfato de aluminio y cobre. 
Su fórmula es: CuAl6(PO4)4(OH)8·4H2O. 
Es escaso y valioso por su calidad. 
Ha sido muy apreciado como piedra preciosa y ornamental durante miles de años debido a su color inigualable. 
En la actualidad, como tantas otras gemas, tiene gran popularidad en el mercado debido a la introducción de tratamientos e imitaciones, algunas muy difíciles de detectar aun por expertos.
La palabra "turquesa"' es muy antigua y de origen indeterminado. 
Deriva del francés pierre turquoise, significando "piedra turca". 
Se piensa que esto surge de una confusión, ya que en Turquía no hay turquesas, pero eran comercializadas allí, y entonces la gema fue asociada con ese país.







En Turquía no se extraen turquesas, sencillamente porque no hay yacimientos. 
Si viajas allí, encontrarás una amplia oferta en bazares y tiendas, pero son importadas de otros lugares como, Mexico, Arizona, Australia, e incluso China. 
Cosa que los comerciantes no te dirán, ya que tienen verdadero interés en hacer creer, que por ser país de origen, venden las turquesas más bellas  a un precio inigualable.
Entonces, por qué Turquesa? 
Durante la edad media, fueron los comerciantes turcos los que llevaron estas gemas a Europa desde Persia, el lugar donde se encontraban las más bellas. 
Así, el nombre de la gema quedó vinculado con Turquía para siempre.
Las más bellas proceden de las minas en la zona de Nishapur, en Irán, la antigua Persia. Cuando un joyero se refiere al color "azul persia", en realidad describe un color singular, como es el de las gemas de alta calidad que se encuentran en Irán.






Incluso la más fina de las turquesas es bastante frágil, llegando a un máximo de dureza justo por debajo de 6 en la escala de Mohs, o ligeramente menos que un vidrio de ventana común. 
Es un mineral criptocristalino y casi nunca forma cristales simples y todas sus propiedades son altamente variables. 
Su sistema cristalino es triclínico. 
A menor dureza presenta menor peso específico (oscilando entre 2,9 y 2,3) y mayor porosidad. 
El brillo de la turquesa es ceroso a casi vidrioso, y generalmente es opaco, aunque puede ser semitraslúcida en pequeñas secciones. 
El color es tan variable como el resto de sus propiedades, abarcando desde el blanco hasta el azul oscuro y el azul cielo, y desde el azul-verdoso hasta el verde-amarillento. 
El color azul es atribuido a cobre, mientras que el verde puede ser el resultado de impurezas de hierro o la deshidratación.







Pero, qué consideraciones  determinan la calidad ?
La turquesa, está compuesta por un aglomerado de cristales microscópicos que forman una masa sólida.
Si los cristales están muy juntos, el resultado es una piedra poco porosa y de textura fina, que una vez pulida refleja un precioso brillo; por el contrario, si la estructura cristalina es menos densa, la piedra es porosa, de textura gruesa, y no refleja bien el brillo.

La porosidad no sólo afecta la belleza de la piedra, también su durabilidad, ya que las gemas porosas son menos duras, y más susceptibles a la agresión de perfumes, al PH ácido de la piel, o componentes cosméticos.
Las turquesas porosas normalmente son tratadas para darles más dureza o brillo.
La mayoría  presenta imperfecciones superficiales, o vetas naturales de diferentes minerales que se han formado junto a la turquesa; algunas son como hilos finos ( turquesa spiderweb, o tela de araña) otras, como manchas, estas vetas restan valor a la gema, pero son adecuadas para un tipo de joyería de estilo desenfadado o étnico, y con monturas en plata. 
Las turquesas que contienen estas vetas, se llaman turquesa matrix.







Es un mineral raro, de formación secundaria y se encuentra principalmente en regiones desérticas. 
La turquesa se encuentra entre las primeras gemas en ser extraída, y aunque muchos sitios históricos han sido mermados, algunos se encuentran en funcionamiento hasta la actualidad. 
Estos son todos a pequeña escala, generalmente operan temporalmente debido a la lejanía de los yacimientos entre otras razones. 
La mayoría son extracciones a mano, con escasa o ninguna mecanización. 
Sin embargo, la turquesa algunas veces es obtenida como un subproducto en las explotaciones mineras de cobre a gran escala, especialmente en los Estados Unidos.







Las tonalidades de la turquesa han sido apreciadas en muchas culturas importantes de la antigüedad: han adornado a los gobernantes del Antiguo Egipto, a los incas, moches, chimúes, aztecas (y posiblemente otras culturas mesoamericanas precolombinas), a los persas, Mesopotamia, Civilización del valle del Indo y China desde al menos, la Dinastía Shang. 








A pesar de ser una de las gemas más antiguas, y probablemente la primera en ser introducida a Europa a través de Turquía, junto con otros productos provenientes de la ruta de la seda, la turquesa no se convirtió en una piedra ornamental importante hasta el siglo XIV. 
Aparentemente fue desconocida en la India hasta el período Muhgal, y en Japón hasta el siglo XVIII. 
Una creencia compartida por muchas de estas civilizaciones sostiene que la turquesa posee ciertas cualidades profilácticas: se pensaba que cambiaba de color de acuerdo al estado de salud de quien la usaba y protegía de fuerzas malignas.







Los aztecas incrustaban turquesas junto con oro, cuarzo, malaquita, azabache, jade, coral y conchas en objetos posiblemente ceremoniales, tales como máscaras (algunas de las cuales tenían como base una calavera), cuchillos y escudos. Resinas naturales, betún y cera eran usados para unir las turquesas a la base de material, que generalmente era madera, aunque también se utilizaban huesos y conchas marinas.







La pureza de color es el factor determinante del valor de una turquesa: en general, el color más apreciado es el azul oscuro, decreciendo el valor con el incremento de matices verdosos, el desvanecimiento del color y las manchas. 
Sin embargo, en el Tíbet se prefieren en color azul más verdoso. 
Cualquiera sea el color, la turquesa no debe ser excesivamente blanda o calcárea, incluso si está "curada", tal material (que la mayoría de las turquesas poseen) es capaz de desvanecerse o decolorarse después de cierto tiempo y no es apropiado para el uso en joyería.







La roca madre en la cual se encuentra la turquesa algunas veces puede ser vista como una mancha irregular o como una red de vetas marrones o negras que surcan la piedra. 
Estas vetas pueden aumentar el valor de la piedra, o disminuirlo. 
Las turquesas con vetas son muy apreciadas en el Sudeste de los Estados Unidos, pero no en Asia, ya que se prefiere la pureza y las piedras sin vetas. 
La uniformidad del color es muy apreciada, y en las piezas terminadas, la calidad del trabajo también es un factor positivo: como el brillo y la simetría de la piedra. 
Las piedras ajustadas o calibradas -piedras adheridas a la bisutería ajustando su medida- suelen ser las más codiciadas. 
Al igual que el coral y otras gemas opacas, la turquesa es comúnmente vendida a un precio acorde a su tamaño en milímetros más que por quilates.







Las turquesas pueden ser tratadas de diversas formas, algunas de manera más radical y permanente que otras. 
Existen controversias sobre si algunos de estos tratamientos deberían ser aceptables, pero el más aceptado es aquel que mediante la aplicación de cera o aceite se mejora la coloración y el lustre de la gema: si ésta es de alta calidad, absorbe poca cera o aceite, y la turquesa no necesita de este tratamiento para conservar el color y belleza. 
Ante la igualdad de todos los factores, la turquesa que no han sido tratada siempre será la más cara.
Siendo un material de fosfato, la turquesa es intrínsecamente frágil y sensible a los solventes; los perfumes y otros cosméticos pueden alterar su color, al igual que las pieles grasas. 
Exposiciones prolongadas a la luz solar también pueden decolorarla o deshidratarla. 
Deben tomarse ciertos cuidados cuando se utiliza como joya: los cosméticos, incluyendo los bronceadores o protectores solares y el aerosol para cabello deben ser aplicados antes de ponerse los accesorios, y no debe ser utilizada en la playa u otros lugares soleados. 
Después de su uso, la turquesa debe ser limpiada con un paño suave para evitar la acumulación de residuos, y debe guardarse en un recipiente, aislada de otras piezas, para evitar rayaduras ocasionadas por otras gemas más duras y mejor pulidas.







La turquesa es una de las gemas más falsificadas, imitadas, tratadas, y adulteradas en el mundo de la joyería.
Ya en el Antigo Egipto se elaboraban imitaciones de turquesa, como la llamada Kyanos, una mezcla de cuarzo, malaquita, y calcita, también se utilizaban cristales teñidos, alguna de estas imitaciones se encuentran en las joyas de Tutankamón.
Es una piedra escasa, mucho más las turquesas de alta calidad, por ello, y ante la demanda creciente del público, se han desarrollado diferentes sistemas para "crear" nuevas "turquesas"o imitaciones de turquesa.
La turquesa reconstituida, o lo que se conoce normalmente como: "polvo de turquesa", se elabora con polvo o fragmentos de turquesa natural de menor calidad, que se compactan mediante un procedimiento en el que se utiliza calor y presión, en algunos casos añadiendo componentes que mejoran el color.


Turquesa reconstituida



Imitaciones de turquesa: Existen minerales como la crisocola, o la variscita, que pueden parecerse a la turquesa aunque su composición sea diferente, y otros minerales naturales que se tiñen para imitar la turquesa, como son la magnesita o la calcita; se comercializan con el nombre de turquenita, turquesa blanca, o howlita.




Howlita teñida



También existen materiales completamente artificiales que imitan la turquesa, como es el plástico, la resina, cerámica, o vidrio.

Turquesas tratadas: existen  diferentes tratamientos que  consiguen dar a las turquesas de baja calidad mejor apariencia, como son los recubrimientos con ceras o teñidos que potencian el brillo y color, o la estabilización, que consiste en endurecer e intensificar el color de piedras de baja calidad, por medio de inmersión en polímeros.

Turquesa sintética: Es una turquesa creada artificialmente en laboratorio, en ella se reproducen las mismas características y composición que en la natural. Una de las más conocidas es la turquesa sintética Gilson.




Vidrio imitación turquesa



La turquesa de alta calidad se vende por quilates, y alcanza precios elevados en el mercado, esto es debido a su escasez, por ello, casi todas las turquesas limpias y de color uniforme que se ven en las vitrinas de las tiendas, son probablemente imitaciones de turquesa. 

La venta de estas imitaciones no es un fraude, la condición: que se explique al cliente lo que se está ofreciendo, y no se presenten como turquesas auténticas o naturales.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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