jueves, 5 de junio de 2014

CRÓNICA DE EL PRÍNCIPE NEGRO





El llamado Rubí del Príncipe Negro.

El llamado Rubí del Príncipe Negro es una espinela sin tallar, únicamente pulida. Presenta  la forma de un octaedro irregular. Su eje más largo es de 5,08 cm. Tiene 170 quilates. 
Es de un espectacular color rojo brillante. 







Para poder ser utilizada como colgante, ha sido agujereada con un taladro en el centro de su parte superior. 
Hoy un pequeño rubí tapa la abertura efectuada por el taladro.
Está engarzado en la Corona Imperial del Estado inglesa (The Imperial State Crown). Fue creada 1838 para la coronación de la reina Victoria, que, una vez acabada, por su excesivo peso la hizo remodelar antes de la coronación. 
En 1937 fue prácticamente rehecha por la joyería Garrard & Company para la coronación de Jorge VI.







Historia del llamado Rubí del Príncipe Negro hasta abril de 1362.

Sobre la procedencia  del llamado Rubí del Príncipe Negro hay numerosas hipótesis  místico-esotéricas y dos opiniones fundamentadas.
La hipótesis más tradicional sitúa su origen en Birmania o Tailandia. 
Las minas de rubíes de Birmania  son tan viejas como la Historia misma; herramientas de minería de la Edad de Piedra y de la del Bronce han sido encontrados en el área minera de Mogok.







Pero, en inglés a la espinela se le viene llamando tradicionalmente “balas ruby” (balas rúby), en español: “rubí balás” o “balaj” o “balaje”.
En inglés ese “balas”  de “balas ruby” deriva “from Old French balais, from Arabic balakhsh, from Badhakhshan, region in Afghanistan where the gem is found”.  
O del latín “Balascia”, el antiguo nombre de Badajshan, una región en el centro de Asia situada en el valle superior del río Kokcha, uno de los principales afluentes del río Oxus. La provincia de Badajshan fue durante siglos la principal fuente de espinelas rojas y rosadas.







El sustantivo masculino español “balaje” procede del árabe baˈla.Xe, (balaẖšī), “badajshaní”. 
Y tiene como sinónimo al también sustantivo masculino “Balaj”.
Hoy los mejores especialistas le dan la razón a la lengua. Piensan, después de reunir y reestudiar debidamente  las abundantes fuentes históricas, que las minas de Badakhshan o Badajshán, a lo largo de la Edad Media, fueron el origen de la mayoría de las de grandes espinelas que hoy poseen los tesoros nacionales de Irán, Gran Bretaña, Turquía o Rusia. 







Hoy se piensa que la fuente histórica tradicional de esas espinelas, muchas de ella las más famosas del mundo como el Rubí del Príncipe Negro y el rubí de Timur, es concretamente la mina de Kuh-i-Lal, situada en el actual Tayikistán.







El defensor más conocido de esta teoría es el muy prestigioso gemólogo americano Richard W. Hughes, miembro de la Gemmological Association of Great Britain (1982), es una autoridad en rubíes y zafiros. 
Su primer libro, Corindón (1990), fue muy apreciado, y su libro auto-publicado, Ruby y Zafiro (1997), se ha convertido en un texto clásico.
Lo más probable es que el llamado Rubí del Príncipe Negro, después de haber concluido la Ruta de la Seda en algún importante mercado del Próximo Oriente y de haber pasado de allí a Génova, llegara a Granada. 
La monarquía granadina mantenía estrechas relaciones con comerciantes genoveses.








Granada,  13 de abril de 1362. Sevilla, 25 de abril del mismo año.

En 1354, comienza a gobernar en Granada Muhammad V, uno de los grandes sultanes nazaríes a quien debemos la construcción de importantes estancias de la Alhambra. 
En 1359 es depuesto por su hermanastro Ismáil II y salva la vida huyendo disfrazado de esclava, primero a Guadix y posteriormente refugiándose en Fez.
El usurpador Ismail, sólo diez meses después, en junio de 1360, era asesinado y sucedido por su cuñado Mohammed Abú Said que tomó el nombre de Muhammad VI, aunque los castellanos lo conocieron como “el Bermejo”.
Regresó entonces Muhammad V con la intención de recuperar el trono granadino, para lo que se alió con el rey castellano Pedro I el Cruel.







El corto reinado de Muhammad VI llegó a su fin cuando a principios del año 1362 estalló una rebelión  en varias ciudades del reino, encabezada por Málaga que se declararon partidarias del destronado sultán Muhammad V.
El 13 de abril de 1362, viéndose en Granada abandonado por todos, Muhammad VI, después de apropiarse del tesoro real nazarí, huyó con un pequeño grupo de seguidores a Sevilla con la intención de comprar, si necesario fuese, la protección de Pedro I.
Dice don Pedro López de Ayala:
“Y acordó el rey Bermejo de irse para el rey don Pedro, y de llevar las mejores e más ricas joyas que tenía, que fueran de la casa de Granada, para aprovecharse de ellas si tal caso le aconteciese.” (Crónica del rey don Pedro, año III, 1362, cap. III).
Y entre los investigadores de la historia del llamado Rubí del Príncipe Negro, es suposición común que él era una de esas “mejores y más ricas joyas”. Veamos en qué se basa su conjetura.







El rey Bermejo y su séquito llegaron a Sevilla y fueron recibidos por el rey don Pedro en los Reales Alcázares. 
El rey de Castilla pareció darles buenas palabras y fueron alojados en la judería sevillana.







El 25 de abril, con los más nobles de sus acompañantes, fue invitado a cenar en el palacio del maestre de Santiago, don García Álvarez de Toledo. 
Después de la cena, cuando iba transcurriendo una plácida sobremesa, el rey Bermejo y sus acompañantes  fueron  detenidos y desvalijados por orden del rey don Pedro. 
Lo mismo les ocurrió, en sus posadas, a los granadinos que no habían sido invitados a la cena.
Cuenta Pedro Pérez de Ayala:
 "Y luego que el rey Bermejo fue preso, fue catado (registrado) aparte, (por) si tenía algunas joyas consigo, y halláronle tres piedras balajes, muy nobles y muy grandes [tan grande cada una como un huevo de paloma], y  hallaron a un moro pequeño que venía con él un correón en que traía setecientas y treinta piedras balajes;  y hallaron a otro moro pequeño, que era su paje, aljófar tan grueso como avellanas mondadas, cien granos; y a otro moro pequeño (le) hallaron otra partida de aljófar tan grande como granos de garbanzos, que podía haber un celemín (4,6 dm3); y a los otros moros (les) hallaron a cada uno, a cual aljófar, a cual piedras; y  lleváronselo luego todo al Rey. Y a los moros que fueron presos en la judería (les) fueron halladas doblas y joyas; y todas las tuvo el Rey". (Crónica del rey don Pedro, año III, 1362, cap. V).
Una de las tres piedras balajes  se supone que era nuestro protagonista. 
El texto citado texto sería su acta de nacimiento para la Historia.







El 27 de abril de 1362, el rey de Castilla, fiel a su amistad con Muhammad VI, mandó que el rey Bermejo fuese alanceado en el campo de Tablada, tomando parte el mismo rey en el cruel castigo. 
Su cabeza fue enviada a Muhammad V, repuesto en el trono nazarí un mes antes, el 16 de marzo.



 



De cómo es lo más probable que, entre agosto de 1366 y enero de 1367, el famoso rubí pasara a manos del Príncipe Negro, en Bayona (Francia).



 



Eduardo de Woodstock, nacido en 1330, era el hijo mayor del rey inglés Eduardo III. En 1343, con 13 años de edad, se convirtió en Príncipe de Gales.
No hay constancia de que a Eduardo de Woodstock  se le denominara en vida "Principe Negro". 
EL apodo no aparece hasta que Richard Grafton  escribe su Crónica de Inglaterra en 1563. 
Es posible que este mote fuera inventado por los cronistas franceses, dados los duros métodos de guerra y de gobierno del Príncipe.
Fue un brillante militar al servicio de los objetivos de su padre, uno de los protagonistas de la primera fase de la Guerra de los Cien Años (1337-1453) que enfrentó en Francia, y también en amplias zonas vecinas de la Europa Occidental, los intereses y los ejércitos ingleses y franceses.







Se portó como un hombre a los 16 años en la Batalla de Crécy (el 26 de agosto de 1346) y a los 26 aniquiló a la caballería francesa en la Batalla de Poitiers (19 de septiembre de 1356). 
En ella apresó al rey Juan II de Francia, al que llevó como rehén a Inglaterra. Con la firma del Tratado de Brétigny (1360), el rey de Francia recuperó su libertad después de ceder valiosos territorios a los ingleses.
En 1356 es nombrado por su padre duque y lugarteniente de Guyena y Aquitania, y responsable de la tutela de los intereses ingleses en la Península Ibérica.
Diez años más tarde, el 16 de marzo de 1366, en Calahorra (La Rioja), Enrique de Trastámara comienza la guerra civil castellana al proclamarse rey de Castilla con el apoyo de aragoneses y franceses, mandados estos últimos por  Bertrand du Guesclin.
El 1 de agosto de ese año, Don Pedro, perdido casi del todo su reino, va a Bayona a pedirle ayuda al Príncipe Negro.
 Dice don Pedro López de Ayala:
“Y llevó consigo sus hijas y el tesoro que traía allí consigo, que eran treinta y seis mil doblas, y no más, en moneda de oro; ca todo lo al ( porque todo lo demás  lo) dejara en la galea (nave) que había de traer Martín Yáñez su tesorero; pero llevaba muchas joyas de oro y aljófar y piedras preciosas.” (Crónica del rey don Pedro, año XVII, 1366, cap. XIII).
El barco donde Martín Yáñez traía el resto del tesoro [“treinta y seis quintales de oro y muchas joyas”] nunca llegaría a su destino. Fue apresado por las fuerzas de don Enrique  en el Guadalquivir y devuelto a Sevilla.
Durante su estancia en Bayona, el rey don Pedro se muestra pródigo en comprar voluntades regalando joyas.







Dice don Pedro López de Ayala:
“Y aún después otra vez partió (don Pedro) de Bayona, y fue a una villa del Príncipe que dicen Angulema y vio a la Princesa, su mujer del Príncipe, e dióle muchas joyas.” (Crónica del rey don Pedro, año XVII, 1366, cap. XXIII).
También era su propósito que las joyas le sirviesen para contratar tropas.
Dice don Pedro López de Ayala:
“Y el Príncipe hizo saber al rey de Inglaterra su padre, como dicho es, todo lo que el rey don Pedro le dijera del menester que estaba, y cómo era echado de su reino, y por quién; que traía tesoros para pagar las gentes que le hubiesen de servir y de ayudar.” (Crónica del rey don Pedro, año XVII, 1366, cap. XXIII).
Propósito que cumplían debidamente:
Dice don Pedro López de Ayala:
“Y de allí adelante el Príncipe envió catar (a captar, reclutar) todas las más compañas que pudo haber para esta cabalgada; e hallaba asaz dellas (bien de ellas), lo uno por cuanto el príncipe estaba entonces muy poderoso, y señor de Guyena; y había paces con Francia; y otrosí por buenas pagas que el rey don Pedro llevaba, señaladamente en joyas de oro y de piedras preciosas, sobre las cuales el Príncipe le acorría con grandes cuantías.







E hicieron y acordaron el rey don Pedro y el Príncipe de Gales todos sus tratos de lo que habían de haber todas las gentes de armas; y así los pagó el rey don Pedro; de ello en oro que llevaba y el Príncipe le prestaba, y de ello en joyas muy nobles e muy preciadas que llevaba consigo; según la ordenanza que el Príncipe hizo con todas las gentes de armas que habían de ir en esta cabalgada.” (Crónica del rey don Pedro, año XVII, 1366, cap. XXIII).
A finales de año el ejército estaba preparado. Es difícil evaluar su número. 
Lo más probable es que fuesen unos 6.000 hombres, corriendo a cargo del Príncipe el mantenimiento de este ejército. 
Los gastos fueron enormes y desequilibraron gravemente sus finanzas.







Pedro I contaba como únicos recursos con impresionantes cantidades de joyas, riquísimas joyas que había logrado salvar y que para hacer frente a los gastos que le correspondían hubo de vender. Después de la segunda batalla de Nájera, se quejará ante el Príncipe de que fue presionado para malvender sus joyas y que de ello se beneficiaron sus súbditos de Gascuña. 
Lo que parece cierto es que esta venta urgente y apresurada hundió los precios de las joyas en Gascuña durante mucho tiempo.








De cómo, después de ganada la Batalla de Nájera, el rey Don Pedro no le pagó al Príncipe Negro con joya o dinero alguno.

Pedro el Cruel y Enrique de Trastámara convirtieron los alrededores de Nájera (La Rioja) en campo de batalla en 1360 y 1367. Las dos veces venció Pedro el Cruel y las dos veces dejó escapar la ocasión de acabar definitivamente con su mortal enemigo.
Como un episodio más de la guerra civil castellana (1336-1339) y de la ya larga guerra anglo-francesa de los Cien Años (1337-1453) –tanto Inglaterra como Francia ambicionaban poner a su servicio la poderosa Marina de Castilla y convertir  al Cantábrico  en un mar propio —, hay que situar la segunda Batalla de Nájera.



Philippe Brunot holding a spinel crystal from Mahenge



El 3 de abril de 1367, sábado de Lázaro (la víspera del Domingo  de Ramos), en un terreno llano dividido en dos mitades por el camino de Nájera a Logroño (la hoy carretera nacional 120), en un radio de 8 Km a partir del puente najerino sobre el Najerilla, se enfrentaron.



Ruby from Lukande, near Mahenge




Murió en Westminster el 8 de junio de 1376. Fue enterrado en la catedral de Canterbury.
Eduardo III, su padre,  murió  un año después, el 21 de junio de 1377. 
Le sucedió su nieto Ricardo II, el único hijo vivo de Eduardo, y con él se supone que pasó el Rubí del Príncipe Negro a formar parte del tesoro de la corona británica.
En Agincourt, el 25 de  octubre de 1415, Enrique V lo lucirá en su casco-corona



Dealing gems in Morogoro



Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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