lunes, 21 de julio de 2014

IMPRESORAS 3D





"Lo que no se puede hacer es aquello que no se haya pensado"







Es que los procesos de desarrollo de la tecnología van en dos líneas, por un lado, nuevos inventos para procesos que ya se conocen, y por otro, procesos más creativos donde los inventos ya existentes se adapten a nuevas aplicaciones.







Por lo que yo veo las impresoras 3D han recorrido ambos caminos. 







Las impresoras comenzaron su historia en 1952 cuando investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) conectaron una máquina a una computadora y así crearon un equipo controlado digitalmente.







Uno de los cambios fundamentales apareció en la década del 80, cuando el proceso de producción de las nuevas máquinas de prototipado pasó de ser sustractivo a ser aditivo.







Resumiendo, antes había solo máquinas fresadoras o sea sustractivas, y en esas épocas comenzaron las máquinas aditivas o sea impresoras que funcionan agregando material.







En vez de cortar o pulir, las impresoras 3D crean volúmenes agregando plástico derretido capa sobre capa, con un diseño estipulado en planos específicos para ellas. 
Así, se pueden imprimir objetos tridimensionales extremadamente complejos que no podrían ser tallados a mano.







Esto produce un cambio sustancial en la producción, tanto artesanal como industrial. Ahora todo pasa por el desarrollo del concepto, la tecnificación y la capacidad humana de darle a todo el toque final.







Lo mas complejo de toda esta tecnología no es el desarrollo, sino que como las impresoras 3D se han colado en la esfera doméstica, y las empresas para continuar con su desarrollo deben hacerlas cada vez mas simples, si ellos quieren que todo el mundo tenga en su casa una impresora 3D no pueden pedirle a todo el mundo que vaya a estudiar diseño para usarlas, dogo esto porque los programas que nos permiten hacer tantas maravillas continúan siendo complejos.







El costo de una impresora 3D doméstica es cerca de US$ 1.000 para los modelos más económicos, las posiciona a un nivel similar al de un electrodoméstico. 
Además, existen en Internet modelos para crear con ellas vasijas, cintos, championes de marca, e incluso las partes de otras impresoras 3D.







En el MIT, Amit Zoran creó una flauta traversa que suena casi tan bien como el instrumento clásico, y el estudio de arquitectos holandeses DUS Architects, desarrolla ahora los planos de la primera casa impresa en 3D, cuyas partes se ensamblarán durante la construcción.







Tan extenso puede ser su uso, que el norteamericano Cody Wilson creó el prototipo de un revólver impreso en 3D que podía disparar balas y publicó el diseño en el portal Mega. 
Tuvo 100.000 descargas y al Congreso de Estados Unidos le llevó varios días prohibir la divulgación de los planos.







Las reglas que regirán cómo el público debe usarlas todavía no están formuladas, ya que no se sabe con exactitud que tan peligrosas pueden ser, porque lo peligroso no son las impresoras y si la gente que las use.







Es que ni a mitad del siglo XX, ni en la década del 80 era previsible el giro creativo que estas máquinas iban a tener en el siglo XXI.







Los usos de las impresoras 3D recién comienzan a diversificarse. 
Su alianza con la medicina, por ejemplo, es aún muy reciente.







En marzo de 2013, después de cuatro años sin mejilla, el británico Eric Moger recibió un implante de plástico que calzaba perfecto en el orificio que una cirugía para extraer un tumor le había dejado en la cara. 
El implante se confeccionó en una impresora 3D.







No fue el único caso: hace una semana una tráquea generada con una impresora así salvó la vida de un bebé. 
La biotecnología, en cambio, explora su uso desde hace años, aunque los resultados todavía permanecen en los laboratorios.







Con la misma ingeniería de la impresora, los científicos han logrado imprimir tejidos muy similares a los vivos. 
En lugar de utilizar plástico, usan células vivas que luego inyectan a un material que la impresora puede trabajar, como el colágeno.







Valiéndose de esa técnica, y usando cartílago de vaca se creó una prótesis de oreja con la textura de una real.







Una receta similar se piensa aplicar a la gastronomía. 
Los carbohidratos, proteínas y azúcares diluidos en aceite son el material que utiliza la impresora 3D de la compañía Systems Materials Research Corporation para fabricar comida cuya creación es financiada por la NASA. 
Ya lograron imprimir chocolate. Me imagino el nuevo mundo que se abre para los astronautas.







A todo esto ni hablé de la joyería, les resumo que ya se puede hacer lo que se quiera, y les repito la frase con que abrí este artículo.

"Lo que no se puede hacer es aquello que no se haya pensado"







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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