jueves, 7 de agosto de 2014

MITOS, LEYENDAS Y DIAMANTES





Decir en qué momento exacto se descubrió el diamante es difícil. 
En época de los faraones, el diamante simbolizaba el sol, sinónimo de fuerza, de valor y de verdad. 
Lo colocaban en el centro del signo Ankh, jeroglífico que significa “la vida”.







En el siglo IV a. C., aparece alguna información en los textos sánscritos de la India. 
Queda claro que ya existía el comercio de diamantes. 
El primer emperador de las Indias había establecido en un manuscrito el importe de los impuestos gravados en la explotación de los “vajra”, y un proverbio hindú afirma que “el vajra sólo lo raya otro vajra”; si cruzamos estas dos informaciones, legítimamente podemos pensar que este material explotado, el vajra, seguramente era el diamante.







Uno podría preguntarse por qué se le atribuía tanto valor cuando todavía faltaba mucho para saber tallarlo. 
Parece que los motivos eran puramente míticos: la forma del diamante, el octaedro, es “ideal” (6 puntas agudas, 8 facetas muy planas y 12 aristas rectas y afiladas, dedicada a la diosa Indra, terrible encarnación de la tormenta, el trueno y los rayos.







Luego fue gracias a su pureza, a su brillo, llamado brillo adamantino, y a sus incomparables irizaciones provocadas por la descomposición de la luz, que nacieron múltiples creencias. 







“El que lleva los diamantes alejará a los peligros », se decía en aquel entonces en las Indias. 
Esta noción de invencibilidad sirvió como argumento a los comerciantes Indios para valorizar y vender estos cristales dentro del Imperio Romano. 







Presentado como un talismán, el diamante escapaba de los criterios estéticos. 
Las piedras de forma perfecta nunca debían salir de las fronteras de las Indias. 







Se reservaban estos cristales fabulosos para las castas superiores: para los Brahmanes, mientras que las castas inferiores debían conformarse con piedras de color.







Todavía antes que eso, en el siglo VIII a.C., el término “adamas” aparece en ciertos textos greco-romanos. 
Este término significa « el indomable », « el invencible ». 
Conocido por su dureza única, el diamante es sinónimo de “adamas” y se le designa con este término. 
Según la mitología, Cronos había convertido a un joven llamado Diamante en piedra preciosa. 
Se convirtió en la piedra preciosa por excelencia, que otorgaba una fuerza y una suerte increíbles.







Refuerza el amor entre cónyuges mientras aleja las discordias, mantiene a distancia todos los animales salvajes, los fantasmas y todas las presencias terroríficas de la noche. Incluso es un antídoto maravilloso contra los venenos.







Habrá que esperar al siglo I a.C. para encontrar la primera descripción de la piedra. Plin el Viejo habla del diamante como de un “gozo raro de la opulencia invencible e impermeable a cualquier tipo de violencia que se rompe bajo la acción de la sangre del macho cabrío”. 







El macho cabrío, símbolo del mal, de la mezquindad y de las fuerzas demoníacas aquí se opone al diamante, símbolo de la pureza y del Bien.







En la Edad Media, se atribuía al diamante virtudes curativas. 
Según las creencias populares podía curar con una simple aplicación en el cuerpo. 
No fue sino hasta el Renacimiento cuando se descubrió que la ingestión de polvo de diamante mataba más que curaba, cuando el Papa Clemente VII murió por la ingestión de una medicina a base de polvo de diamante que le habían prescrito. 
Entonces se consideró al diamante como un veneno y se convirtió en un instrumento de las intrigas de la Corte.







Piedra de poder, a lo largo de los siglos, fue reservada a personas potentes, como reflejo de su riqueza y de su influencia. 
A Francisco I le gustaba llevar trajes de lujo, tenía en particular un collar con once diamantes grandes. 







Luis XIV, gracias al famoso viajero y comerciante, J.B. Tavernier, enriqueció su tesoro con joyas inestimables. 
Gran conocedor de las piedras preciosas, y dotado de una gran inteligencia, Tavernier fue el primer occidental en ser apreciado y aceptado por los potentados orientales. 
Trajo de sus numerosos viajes mucha información valiosa. 
Gracias a él, conocemos la historia del diamante Koh-I-Noor.







El diamante siempre ha alimentado las leyendas humanas. 
La del Valle de los Diamantes, por ejemplo, que cuenta cómo Alejandro Magno descubrió este valle cubierto con diamantes durante una de sus campañas en la India.







Como estaba custodiada por serpientes innumerables, Alejandro Magno tuvo que demostrar astucia para penetrar en él: utilizó espejos para asustar a las serpientes con su propio reflejo. 
Más recientemente, algunos afirmaron que con su sola presencia, el famoso diamante Hope hubiera hundido el Titanic.







De tradición relativamente reciente, el diamante, para nosotros los Occidentales, está reservado para el anillo de compromiso. Debemos esta costumbre a María de Borgoña quien, en 1477, recibió un anillo en diamantes de parte del archiduque Maximiliano de Austria.







El hecho de llevar el anillo de compromiso, o de la alianza en el tercer dedo de la mano izquierda remonta a la época de los Egipcios, quienes creían que “la vena del Amor” unía el corazón con el anular izquierdo. 
Hoy en día asimismo se le asocia al mes de abril y a las virtudes de fuerza y de paciencia.







La India fue el primer país productor de diamantes. 
La calidad de sus piedras es excepcional. 
Las minas, hoy agotadas, son las que vieron nacer a diamantes famosos como el Régent, el Koh-I-Noor o el Orloff.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

No hay comentarios.:

Publicar un comentario