lunes, 4 de agosto de 2014

PORQUE KAIA JOYAS TRABAJA CON DIAMANTES COLOMBIANOS

Antes que nada no quiero comprar calidades ni culpar a otros estados africanos que cumplen con todas las leyes, con este post solo quiero informar lo que sucede en algunas partes y que se entienda el porque en Kaia Joyas optamos por trabajar con diamantes importados desde Colombia.







Hay mucho dolor, muerte y desconcierto tras la explotación del diamante en África, situaciones que para la mayor parte del mundo son poco conocidas o que son poco evidenciadas por la prensa mundial, muchas veces más interesada en obtener la publicidad de la industria del diamante que en denunciar lo que sucede en los lejanos parajes africanos.  







Si seguimos la ruta del diamante, llegaremos a Marange, en el este de Zimbabwe, donde podemos encontrar el que sería el mayor yacimiento de diamantes de aluvión de la historia de la Humanidad. 







Tiene una extensión de 60 mil hectáreas y podría contener el 25% de las reservas mundiales de diamantes, proyectándose sus beneficios a unos 3 mil millones de ingresos anuales para el país.







Pese a los ingentes recursos que generará la extracción de diamantes de Marange, la historia de su explotación está plagada de situaciones dolorosas y conflictivas que llevaron en el año 2009 a que se le prohíba a Zimbabwe vender las piedras porque se le acusó de que eran, los ya por todos conocidos, diamantes de sangre.







Esta prohibición fue motivada por los numerosos casos de violación a los derechos humanos que se habrían dado en las minas. Así tenemos que en el año 2008, se realizó la llamada operación “Hakudokwi” (que significa “sin retorno” en shona, uno de los idiomas oficiales de Zimbabwe), en la que, según se denunció, el ejército durante tres semanas realizó disparos de artillería indiscriminadamente sobre mineros ilegales y población cercana, ocasionando unos 200 muertos.







Desplazamientos, reubicaciones, restricciones a la libertad de movimiento, pérdida de las tierras ancestrales son parte de la historia del diamante en este lugar del mundo, en donde se repiten las mismas historias que podemos encontrar en nuestros países cuando empiezan los grandes proyectos de las industrias extractivas. 







Sin consulta previa, la población fue arrancada de sus localidades como si de piedras se tratase, de un momento a otro, como lo señala una mujer afectada al preguntársele cómo participaron de la decisión: 







“No teníamos tiempo para participar, no tuvimos oportunidad para participar, nuestra responsabilidad fue tomar las maletas e irnos.” 







Se les notificó verbalmente que iban a ser reubicadas y a las familias se les dio 1000 dólares por  las incomodidades. 







Cuando la Unión Europea estaba a punto de levantar la prohibición y permitir que los diamantes de Marange se vendan en el mercado internacional, un programa de la BBC denunció la existencia de campos de detención en las proximidades de las minas. 







Un entrevistado en dicho programa testificó: 

“Esposaban al prisionero y liberaban al perro para que mordiera…  Había muchos gritos”.
El recuerdo de estos hechos permanece en la memoria de la población que lo vivió, formando parte de su narrativa. 
Lo contaron actuándolo, porque en la actuación, aunque no entendíamos el idioma, pudimos llegar a sentir la angustia, el dolor, el sonido de los perros atacándoles.







Pese a todo, en noviembre del 2011, el Proceso Kimberley retiró la prohibición de venta de los diamantes de Marange, lo cual posibilitaría a las compañías que habían hecho la extracción vender sus piedras en el mercado internacional. 







Con seguridad, una de las más felices fue la compañía Anjin Investment, de copropiedad china, la cual, apenas levantada la provisión, vendió en diciembre del 2011, 50 mil quilates de diamantes, del millón que se supone posee, compartido con la empresa estatal Zimbabwe Mining Development Corporation.







Esta empresa habría acumulado durante la prohibición entre 2 y 3 millones de quilates de diamantes, que tendría listos para vender. Fue esta misma empresa la que realizó la reubicación de un grupo de pobladores y pobladoras, a casas aparentemente cómodas, pero sin respetar los usos, el manejo del espacio, sus modos de vida, y sin que se consideren las diversas actividades que realizaba la población para su sustento, como el pastoreo, la agricultura. 







“Ahora sólo tenemos jardincitos pequeños y no podemos cultivar, no tenemos para hacer nuestras artesanías,” señala una joven mujer, integrante de una de las 500 familias desplazadas, mientras la mayor cuenta que “las casas chinas tienen grietas, las hicieron con materiales malos, los techos de amianto se caen y vivimos en habitaciones sin techo”, mientras levanta la mirada. “Somos como los hijos de Israel saliendo hacia Canaán,” concluye.







Que se haya permitido que Zimbabwe pueda volver a entrar al mercado con sus diamantes, existiendo aún serias dudas sobre si estos son diamantes limpios, pues aún persisten las violaciones a los derechos humanos, implicó que en diciembre último Global Witness deje de ser parte del Proceso Kimberley, lo cual ha significado un duro golpe para el organismo.







Lo que pasa en Marange se repite en nuestros países; la riqueza que se genera con las industrias extractivas no parece beneficiar a las comunidades locales, de donde se extrae el producto. 







Son ellas las que, por el contrario, viven duramente los procesos de exploración y explotación, viendo reducirse sus niveles de vida, arrancadas de sus localidades en donde se reproduce su cultura, donde se desarrollan sus conocimientos, sin que en la mayoría de casos tengan siquiera la posibilidad de opinar, menos aún de consentir, sobre lo que se proyecta para su futuro.







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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