miércoles, 3 de septiembre de 2014

LOS MORETTI DE NARDI





Seguro que su diseñador, Giulio Nardi, jamás pensó que aquella joya homenaje a Otelo y que debía servirle para pedir la mano de su novia se convertiría en un fetiche de las famosas. 







Esta es la historia de una de las joyas más codiciadas.







Giulio Nardi fue un artista, artesano, empresario, hombre de negocios y, sobre todo, un experto en gemas y piedras preciosas. 
Nació en Florencia, pero se trasladó a Venecia en 1920, donde abrió su primera joyería en la mundialmente famosa Piazza San Marco. 
Empezó trabajando con plata y cristal, pero pronto desarrolló una pasión por la creación de joyas. 
Él comenzó a diseñar y hacer piezas muy elaboradas en su taller detrás de la Piazza. 
Hoy, todavía se trabaja en este mismo taller, en el que es inspirado en su obra por su intenso amor por esta ciudad de agua y luz. 
Significaba mucho para él que a través de sus creaciones fuera capaz de traer de Venecia al mundo. 
Nardi pronto ganó reconocimiento como primera clase de joyería gracias a las técnicas artesanales que él empleó. 
Estas técnicas fueron inspiradas por el trabajo de los orfebres venecianos del siglo 18, su búsqueda incesante de la belleza, su talento artístico y su uso de materias primas exquisitas. 
Una combinación de genio artístico y el amor por lo exótico llevó Nardi reinterpretar uno de los iconos venecianos más querido y más famoso: el Moretto. 








Todo comenzó con el deseo de Guilio Nardi de confeccionar una joya especial para pedir la mano de su novia, Giuseppina, la mujer por la que lo dejó todo y se mudó a Venecia abriendo su joyería en la plaza de San Marcos número 68 en el año 1920. 
Quería huir de los típicos anillos o las pulseras.







Así que se decidió por un broche al que bautizó con el nombre de El árbol de la vida, en alusión a la nueva familia que deseaba formar junto a su amada. 







Lo que fue una joya de pedida de mano a principios del siglo XX, en 1931, se convirtió con el paso de los años en una exclusiva pieza digna de las solapas más ilustres del mundo.







Enamorado de la ciudad de Venecia, quiso rendir homenaje al Otelo de William Shakespeare con este moretto (morocho) de oro de 18 kilates y esmalte al que se pueden añadir, brillantes, perlas y todo tipo de gemas preciosas y cuya pieza central, generalmente, está realizada en ébano u ónice.







Cada pieza, elaborada minuciosamente por un artesano, es única, ya que cada una de ellas posee detalles diferentes que las convierten en exclusivas. 







Estas joyas poseen elementos bizantinos, motivos barrocos y, según los expertos orfebres, tratan de reflejar el eclecticismo de la ciudad que las vio nacer: Venecia.







Historia y tradición

Lo que no sabía Guilio es que, la tradición de colgarse la figura de un moro en la solapa venía de antaño y tenía orígenes militares. 







Ya en el siglo XVIII, los soldados de lo que por entonces era la república del norte de la penísula italiana, la unificación de Italia no tuvo lugar hasta el siglo siguiente, entre los años 1859 y 1879, solían lucir en su chaqueta un pendiente con la cara de un turco como símbolo de su bravura en el campo de batalla. 







Los orígenes de estas figuras se remontan a los tiempos en que los piratas sarracenos acechaban las costas de Dalmacia. 







Durante los siglos de la invasión turca, los marinos de los pueblos del litoral llevaban un pendiente con la figura de un moro, en caso de naufragio pagaban con el pendiente el viaje de regreso a casa, o los donaban a las iglesias para agradecer haber escapado del peligro.







Lo que fue primero una muestra de buen hacer en el arte de la guerra, posteriormente, gracias a Nardi, se convirtió en un capricho para grandes figuras de la realeza y, más tarde, para celebridades de todo tipo. 
Después de la boda de Giulio y la inclusión de la pieza en el catálogo de la casa, se convirtió en el regalo preferido por los novios en Venecia.







Los primeros encargos de estos Moretti de nombres ilustres fueron de Grace Kelly y la reina Paola de Bélgica. 
Esta última, cuyo primer Moretti le fue regalado por su esposo, Alberto, como regalo de pedida, llegó a dar nombre a uno de estos broches, el Moretto Paola, recordando el primero que encargó y del que ella dijo que era su preferido. 







Estas dos figuras tan solo fueron las encargadas de dar el grito de partida a una moda que perdura en la actualidad y que son consideradas como ideales para adornar vestimentas de alta costura.







Adictas a esta pieza

Entre los personajes de la crónica social a los que hemos podido ver con esta joya, encontramos a la modelo Nieves Álvarez, las empresarias María León y Esther Koplowitz, la socialité Carmen Lomana o la política Esperanza Aguirre. 







Sin olvidarnos de cómo la Infanta doña Elena se colocó uno de estos Moretti en la solapa de su americana el día del bautizo de Victoria Federica, por citar algún acto concreto en el que se ha observado a la hija de los Reyes con él. 







El mundo de Hollywood también se rindió a sus encantos. 
Dicen que Ingrid Bergman estaba enamorada del suyo. 
Y Elizabeth  Taylor también sucumbió a los encantos del moretto.
Entre otors famosos que se han rendido ante la belleza de esa joya figuran, Grace Kelly, Ernest Hemingway, Arthur Rubinstein, la princesa Paola de Lieja. 
Hay muchos otros nombres famosos que tienen patrocinado la tienda Nardi largo de los años, de las familias reales de España y Grecia, a Marilyn Monroe, Barbara Hutton, Joe di Maggio y Elton John.







Tercera generación

Hoy, quien está al frente del negocio es Alberto Nardi, que pertenece a la tercera generación, nieto de Giulio, de una saga que vive por y para este negocio. 
Alberto quiso continuar con la tradición familiar y, tras realizar un doctorado en Historia del Arte y cursar estudios de gemología y de diseño de joyas, comenzó a trabajar al lado de su padre para preparar lo que sería el relevo lógico.







Y tal y como hicieran sus ancestros, trata de conservar la esencia de lo que se considera el joyero ideal. 
O lo que es lo mismo, en el taller veneciano de los Nardi se sigue trabajando cada pieza de manera artesanal, sin caer en la rapidez de la fabricación industrial. 







Sin embargo, los numerosos encargos venidos de Estados Unidos provocaron que, hace unos años, se abriera un show room de la firma en Nueva York, en plena Quinta Avenida, con un objetivo claro que Alberto siempre ha defendido así: "Llevar un poco de Venecia a Manhattan".







Además de que por estas extraordinarias piezas, la casa Nardi ha sido reconocida con premios internacionales gracias a otras joyas que han incluido con el paso del tiempo en su catálogo. 







Para los que quieran mas información les paso la página de ellos.
http://www.nardi-venezia.com/en/index.php







Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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