martes, 21 de octubre de 2014

NOTICIAS JOYERAS -- CERTIFICADOS FALSOS





En septiembre del año pasado, los laboratorios GGTL de Ginebra recibieron dos diamantes transparentes para analizar (de 3,33 y 3,17 quilates), enviados por un cliente conocido por ellos y considerado honorable, que acababa de adquirir las dos piedras.




Ambas tenían el número de certificado en el filete y, tras verificarlo en su web, todo indicaba que habían sido analizadas y registradas por el GIA.




Un primer análisis en el espectrómetro apuntó que los dos diamantes eran de tipo IIa y otro posterior mostraba que las piedras habían sido tratadas por HPHT (Alta presión y temperatura). 
Este hecho fue el primer indicio de que algo no funcionaba bien, puesto que según el certificado, se trataba de piedras sin tratar.




Al mismo tiempo, las fotocopias de los informes que le habían entregado al laboratorio suizo no eran demasiado claras y el diagrama de inclusiones aparecía algo confuso. 




"Es notorio que algunos laboratorios no indican rigurosamente la situación de las inclusiones", indica el laboratorio. 




Algunas de las inclusiones en una de las piedras mostraban modificaciones que podían ser producto del tratamiento HPHT.




Sin embargo, el resultado del scanner correspondía bastante ajustadamente con los informes, con algunas desviaciones que podían ser fruto del tratamiento, o de una menor rigurosidad a la hora de indicarlas.




Pero todo cambió al recibir finalmente los certificados originales. 
A simple vista, el laboratorio pudo ver que se trataba de una falsificación: la calidad era bastante mediocre y además aparecían incluso varios errores tipográficos, afirman desde el GGTL.




Y así se descubrió la farsa: Aparentemente, los falsificadores buscaron en la base de datos del GIA los informes de piedras que podían corresponder con las piedras tratadas que ellos tenían, o que podían conseguir. 




Una vez obtenidos, los estafadores encontraron la forma de inscribir con láser en el filete los números de esos informes del instituto americano, para luego imitar el propio documento y vender los diamantes a un precio interesante pero no demasiado bajo, para evitar sospechas, añade el laboratorio.




Llegados a este punto debemos aclarar algo muy importante, y es que los falsificadores copiaron un certificado ya existente, por lo que, esas piedras certificadas son reales. 




Las dos piedras originales fueron identificadas y son naturales y sin tratar, y además pertenecen a una compañía honesta que nada tiene que ver con este fraude, pero que ha sido una víctima más de él, señalan los suizos.




Poco tiempo después, uno de los individuos involucrados en esta estafa regresó a Ginebra para ofrecer piedras y, con las autoridades sobre aviso, fue detenido y le encontraron otros dos diamantes tratados, con sendos certificados falsos del GIA. 




Las pesquisas posteriores acabaron descubriendo que se trataba de una red con ramificaciones internacionales que aún hoy se sigue investigando.




Como conclusión, el laboratorio recuerda a los gemólogos que la inscripción láser en el filete no es siempre una garantía de autenticidad y además, que los informes deben ser examinados con mucha atención, tanto en el fondo (datos de la piedra), como en la forma, y a ser posible, comparados con otro de indudable autenticidad. 
Nunca fotocopias o scanners. 




Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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