martes, 18 de noviembre de 2014

SAN ELOY EL SANTO DE LOS ORFEBRES




San Eloy fue el más famoso orfebre de Francia en el siglo VII.
San Eloy o san Eligio, que es igual, significa: el elegido, el preferido.





Dios le concedió desde muy pequeño unas grandes cualidades para trabajar con mucho arte el oro y la plata. 
Nació en el año 588 en Limoges (Francia). 





Su padre, que era también un artista en trabajar metales, se dio cuenta de que el niño tenía capacidades excepcionales para el arte y lo puso a aprender bajo la dirección de Abon, que era el encargado de fabricar las monedas en Limoges.





Cuando hubo aprendido bien el arte de la orfebrería se fue a París y se hizo amigo del tesorero del rey. 
Clotario II le encomendó a Eloy que le fabricara un trono adornado con oro y piedras preciosas. 





Pero con el material recibido el joven artista hizo dos hermosos tronos. 
El rey quedó admirado de la honradez, de la inteligencia, la habilidad y las otras cualidades de Eloy y lo nombró jefe de la casa de moneda, todavía se conservan monedas de ese tiempo que llevan su nombre.





Nuestro santo fabricó también los preciosos relicarios en los cuales se guardaron las reliquias de San Martín, San Dionisio, San Quintín, Santa Genoveva y San Germán.





Eloy se propuso no dejarse llevar por las costumbres materialistas y mundanas de la corte. 





Un día Clotario le pidió a nuestro santo que como todos los demás empleados jurara fidelidad al rey. 
Él se negaba porque había leído que Cristo recomendaba: No juren por nada. 





Y además tenía miedo de que de pronto al monarca se le antojara mandarle cosas que fueran contra su conciencia. 
Al principio el rey se disgustó, pero luego se dio cuenta de que un hombre que tenía una conciencia tan delicada no necesitaba hacer juramentos para portarse bien.





San Eloy se propuso ayudar a cuanto esclavo pudiera. 
Y con el dinero que conseguía pagaba para que les concedieran libertad. 
Varios de ellos permanecieron ayudándole a él durante toda su vida porque los trataba como un bondadoso padre.





Al santo le gustaba alejarse a rezar y meditar. Y entonces el nuevo rey Dagoberto le regaló un terreno en Limousin, donde fundó un monasterio para hombres. 
Luego el rey le regaló un terreno en París y allá fundó un monasterio para mujeres. 
Y a sus religiosos les enseñaba el arte de la orfebrería y varios de ellos llegaron a ser muy buenos artistas. 





Al cercar el terreno que el rey le había regalado en París, se apropió de unos metros más de los concedidos, y al darse cuenta fue donde el monarca a pedirle perdón por ello. 





El rey exclamó: Otros me roban kilómetros de terreno y no se les ocurre pedir disculpas. 
En cambio este buen hombre viene a pedirme perdón por unos pocos metros que se le fueron de más. 





Con esto adquirió tan grande aprecio por él que lo nombró embajador para tratar de obtener la paz ante un gobierno vecino que le quería hacer la guerra.





Por sus grandes virtudes fue elegido obispo de Rouen, y se dedicó con todas sus energías a obtener que las gentes de su región se convirtieran al cristianismo, porque en su mayoría eran paganas. 





Cada año el día de Pascua bautizaba centenares de ellos.
Se le recuerda por haber contribuido a la extinción de creencias propias de la cultura mediterránea a manos del cristianismo, al haber prohibido la veneración de las Trivias, deidades protectoras de las encrucijadas, que aún eran veneradas por el pueblo, en una tradición que se remontaba a la Antigua Grecia con el culto a la diosa Hécate, previa al panteón olímpico.





Cuando ya llevaba 19 años gobernando a su diócesis, supo por revelación que se le acercaba la hora de su muerte y comunicó la noticia a su clero. 
Poco después le llegó una gran fiebre. Convocó a todo el personal que trabajaba en su casa de obispo y se despidió de ellos dándoles las gracias y prometiéndoles orar por cada uno. 





El 1º de diciembre del año 660 murió con la tranquilidad de quien ha dedicado su vida a hacer el bien y a amar a Dios.





Leyenda sobre milagro de San Eloy.

La leyenda cuenta que, siendo san Eloy herrero, debía herrar a un caballo que, poseído por el demonio, no dejaba de dar patadas. 





Para realizar su tarea con mayor facilidad, le corto la pata delantera y la herró sobre el yunque, volviendo a colocar el miembro al animal milagrosamente. 





Como apunta Louis Réau, la leyenda debió nacer tiempo después de la muerte del santo, ya que la práctica de herrar caballos no se generaliza en Occidente hasta el siglo XI y san Eloy, como ya hemos señalado, vivió en el siglo VII.





Este artífice de los metales nobles y de las gemas preciosas que no se dejó atrapar por la idolatría a las cosas perecederas ha sido adoptado como patrono de los orfebres, plateros, joyeros, metalúrgicos y herradores.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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