domingo, 15 de febrero de 2015

EL MICRO MOSAICO EN JOYERÍA


Italia siglo XIX


El arte del mosaico se creó en Grecia alrededor del cuarto siglo A.C., cuando no cumplía ninguna función estética; se desarrolló a lo largo de la era helénica (siglo IV al 31 A.C.) y tuvo un gran éxito en la Roma imperial, donde comenzó a adquirir connotaciones puramente decorativas. 



Roma 1870


Precisamente en Roma, en la segunda mitad del siglo XVIII, tuvo lugar la evolución natural del arte del mosaico y se creó entonces el micromosaico. 



Waldmann inc


La historia de la joyería miniatura comenzó también en el siglo XVIII en Roma a partir de la creación y la evolución de la refinada técnica del esmalte moldeado. 



Le Sibille


Se originó en la Fábrica de San Pedro, fundada en Roma en la segunda mitad del siglo XVI, en virtud de la necesidad práctica de preservar las obras de arte de vidrio del Vaticano, para que no se deterioraran con el tiempo. 





Hasta el siglo XVIII los mosaicos se fabricaban con un procedimiento bastante rudimentario, en comparación con el “mosaico miniatura romano”, utilizando esmalte cortado. 



Hemmerle


El esmalte no se moldeaba aún, sino que se elaboraba mezclando pastas de vidrio en pequeños recipientes metálicos que se colocaban delante de la llama para que adquirieran una forma compacta, aproximadamente circular. 





Una vez frío, el material se colocaba en una pequeña cuña filosa y se martillaba cuatro veces con un pequeño martillo, una vez por cada lado de la tesela, que de esta manera adquiría una forma cuadrada que progresivamente se reducía a la forma deseada. 





Las teselas grandes y regulares no podían llenar de manera uniforme los espacios infinitamente pequeños que conformaban una miniatura. 





Fue entonces cuando Giacomo Raffaelli, el gran maestro romano, ideó el proceso de moldear la pasta de vidrio, procedimiento que permitió crear teselas de pocos milímetros de grosor. 



Circa 1890


El esmalte se fundía a una temperatura de aproximadamente 800 grados y, en cuanto la masa incandescente se volvía maleable, se extraía con pinzas para obtener varillas largas del grosor deseado. 
Esta técnica revolucionaria se ha mantenido prácticamente invariada hasta hoy.





Para darse una idea del alcance de la moda del micromosaico entre la aristocracia y la realeza de Europa, basta considerar que la colección de joyas de la emperadora Josefina Bonaparte se componía de más de 200 artículos, la mayoría de los cuales estaban ornados con micromosaicos. 



Le Sibille 


Napoleón y Josefina aportaron grandiosidad a la corte: vestidos luminosos y líneas rectas combinados con joyas decoradas con piedras preciosas y esmaltes coloridos. 
La familia Bonaparte amaba los micromosaicos y también el Papa que asistió a la coronación de Napoleón en París en 1804 era un gran amante de los micromosaicos romanos: hablamos de Pío VII, nacido como Barnabas Chiaramonti en Cesena, a breve distancia de la cuna de los mosaicos romanos y bizantinos, Ravenna.



Circa 1865


A la muerte de Josefina, el 29 de mayo de 1814, el Zar Alejandro I de Rusia se encontraba en el Castillo de Malmaison y compró todas las joyas de la Emperadora por 800.000 francos, el equivalente de varios millones de euros.



Chuk Domitrovich y Cynthia Toops


Para la segunda boda de Napoleón, entre los regalos que recibió María Luisa de Austria estaba la famosa colección de joyas de Françoise Regnault Ninot: un collar, un peine, dos pulseras y aretes de micromosaicos, con marco de vidrio azul, hechos probablemente por expertos en mosaico romanos del siglo XVIII.



Siglo XIX


Los mosaicos muestran algunas de las ruinas más famosas de la antigua Roma, como la tumba de Cecilia Metella, el Foro y Tívoli.





Cabe destacar asimismo que en casi todos sus retratos, María Luisa aparece con un medallón de micromosaicos de Napoleón, realizado en la ocasión de la visita del Emperador a Murano, Venecia, en diciembre de 1808.



Siglo XVIII


El Nacimiento de La Joyería Con Mosaicos

Al finalizar sus obras en la Basílica de San Pedro, los artistas del mosaico se quedaron sin trabajo y tuvieron que recurrir a clientes privados. 





No había oportunidades de trabajo en gran escala fuera de la iglesia, por lo que empezaron a producir copiosas cantidades de mosaicos miniatura de temas de la vida cotidiana, más que religiosos, decorando toda una serie de objetos, como arcones, cajas de rapé y adornos y, en lo sucesivo, joyas. 





Hacia fines del siglo XVIII, Piazza di Spagna y las calles a su alrededor, la zona de Roma más popular entre los visitantes extranjeros, estaba repleta de talleres privados entre cuyos clientes figuraban grandes personalidades, como los banqueros Rothschild y numerosos miembros de las familias reales europeas. 



Circa 1870


Roma era el destino preferido del Gran Tour del siglo XVIII. 
La clase medio alta y la aristocracia viajaban para descubrir maravillas artísticas y literarias, historia antigua y folclore, en busca de atracciones del mundo clásico, escapismo y hedonismo. 





Para darse una idea del valor y la exclusividad de las joyas de micromosaicos de la época, en 1823 se denunció un robo de 90 "mosaicos con disfraces" de la tienda de bellas artes del joyero Giovanni Dies; esta descripción de los artículos robados sugiere que se trataba de placas con dibujos de personas en trajes folclóricos, como el famoso juego montado en oro atribuido a Michelangelo Barberi.





Los temas de los micromosaicos abarcaban desde escenas bucólicas de campesinos con vestimenta tradicional hasta flores y animales o ruinas de la antigua Roma. 



Período Victoriano


La joya más popular era el broche, para lucir visiblemente sobre los vestidos. 
Quien lo llevaba lo consideraba una obra de arte única, a menudo traída como recuerdo de un viaje a la Ciudad Eterna, como para aferrarse un poco a su eternidad. 
Es posible ver un buen ejemplo de ornamento de corsetería en el retrato de la hermana de Napoleón, Carolina Bonaparte, esposa de Joaquín Murat, reina de Nápoles y del Reino de las Dos Sicilias, aparentemente apasionada por las joyas. 





Pero la técnica de elaboración del mosaico estaba por beneficiarse con un nuevo importante descubrimiento.





En la Roma de comienzos del siglo XIX, el gran maestro Antonio Aguatti mezcló diferentes colores en un mismo hilo de vidrio moldeado para crear distintas combinaciones intercalando una amplia paleta de tonos.





El resultado fue “malmischiati”, una importante innovación que dio origen a muchas más posibilidades para los micromosaicos. 





El rendimiento del color era asombroso porque estos nuevos esmaltes desvelaron unos pasajes de luz hasta entonces desconocidos, ideales para los mosaicos miniatura. 





La paleta de colores era ilimitada. 
Ofrecía hasta 10.000 matices diferentes, con una infinita variedad de tonalidades para desvelar hasta los más sutiles efectos de luz. Detalles como flores, hojas y animales adquirían vida con un increíble realismo. 





Un mismo fragmento asociaba efectos de claroscuro con una gran variedad de colores para crear mosaicos sumamente refinados. 



SICIS


Tres factores condujeron al éxito de la técnica de los micromosaicos en toda Europa: el realismo logrado con los esmaltes opacos, el moldeo de teselas miniatura y los miles de tonos posibles con la técnica “malmischiati”. 



Castellani


En aquella época, la corte de Napoleón, primero con Josefina y luego con María Luisa, se convirtió en el centro de la moda de las joyas de micromosaicos, en Francia y fuera de Francia.





En el siglo siguiente, los micromosaicos de Roma hicieron furia en Rusia. 
En 1842 el Zar Nicolás I demostró interés en la joyería de micromosaicos de Fortunato Pio Castellani durante una visita a Roma; muchas de sus piezas se encuentran hoy en la Ermita de San Petersburgo, que cuenta con una de las mayores colecciones de joyería de este tipo, conjuntamente con los Museos del Vaticano y Somerset House en Londres. 





Tras ofrecer sus servicios sin éxito a la Fábrica de San Pedro, el maestro de mosaicos Vincenzo Raffaelli aceptó la oferta de trabajo del Zar Nicolás I. 





Impresionado por el trabajo realizado en el estudio Vaticano en 1845, el Zar le pidió que abriera un estudio de mosaicos y formara a artistas rusos en San Petersburgo para decorar la iglesia de San Isaac sobre la base del modelo de San Pedro, ofreciéndole un salario muy apetecible. 





Sin embargo, el artista tuvo dificultades al alejarse del clima templado y seco de su Italia nativa. 





Las diferencias del clima y de los materiales en aquella parte de Rusia tenían efectos perjudiciales; el humo producido por las resinas de la madera dañaba los colores y hacía emerger los metales en los óxidos colorantes. 





Para paliar a estos problemas, Raffaelli tuvo que concebir nuevas técnicas de fusión y finalmente logró obtener todos los colores necesarios con el brillo necesario. 





Las primeras pinturas reproducidas en los micromosaicos de su taller fueron las de Tomofej Andrievitch. 





El siglo XIX fue la época de la joyería victoriana, que se oscureció cuando en 1861 falleció el esposo de la reina, el Príncipe Alberto: joyas estrictamente negras, pero hechas con una variedad de materiales que abarca desde el ónix hasta el vidrio y el azabache. 






La reina Victoria era una figura de prominencia internacional, no sólo porque representaba la importancia del Imperio Británico sino también por sus numerosas relaciones en las principales cortes de Europa, lo que le valió el apodo de “bisabuela de Europa”. 





Ocho de los nueve hijos de la reina Victoria se casaron con miembros de las familias reales europeas. 





Sutiles maravillas en vidrio Un colgante de micromosaicos de estilo claramente victoriano: diminutos trozos de vidrio llamados teselas se ensamblan con inaudita habilidad para conformar escenas complejas. Este exquisito colgante de micromosaicos de la época victoriana es un perfecto ejemplo evocativo del estilo antiguo. 





En el centro del óvalo hay dos palomas en un jardín de rosas. 
Los colores rosa, verde, gris y blanco aparecen en las aves y en las flores en el fondo. 
El óvalo que los rodea es igualmente precioso, con su dibujo abstracto de pequeñas teselas rojas, blancas y negras. 
El conjunto está montado sobre un soporte de oro decorado con finas cuerdas trenzadas y pequeños globos de oro. 
Una miniatura de inusitada belleza, hecha en Italia, que destaca las características típicas de los micromosaicos de la Roma de los siglos XVIII y XIX.





Hasta el Renacimiento, las mangas se decoraban y sostenían con un lazo.
Los gemelos aparecieron un siglo después bajo la forma de botones de oro y plata unidos por una pequeña cadena; la moda pasó a ser sinónimo de elegancia, y la realeza británica encargaba gemelos conmemorativos especiales para acontecimientos importantes como bodas, nacimientos y coronaciones. 





Este par de gemelos de plata es del siglo XVII y fue creado para la boda de Carlos II de Inglaterra y Catalina de Braganza. 





En el siglo XVIII, cuando la joyería de micromosaicos se puso muy de moda entre la aristocracia, la pasta de vidrio empezó a utilizarse a menudo en lugar de los diamantes y las piedras preciosas. 





En el siglo XX, Eduardo VIII, Duque de Windsor, encargó 20 piezas para su boda con Wallis Simpson. 
Los mosaicos de pasta de vidrio realizados por Fabergé estuvieron muy de moda en Rusia hasta comienzos del siglo XX. 





Cuando después de la revolución los orfebres rusos abandonaron su país, extendieron su estilo a todo el occidente. 





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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