viernes, 27 de marzo de 2015

DIAMANTE SINTÉTICO VS DIAMANTE NATURAL

 


“Los diamantes sintéticos no son diamantes falsos”.  Es una declaración reciente de Paul Cassarino, vicepresidente de una compañía estadounidense dedicada a la fabricación de esas gemas. 





Los fabricantes de diamantes sintéticos, seguramente ven en su actividad un negocio con grandes expectativas, al parecer por la ofensiva publicitaria, nadie duda de su legitimidad, que están realizando en todos los medios de difusión para desdramatizar lo que, sin mencionarlo, consideran un punto débil en su producto.





Varios son los argumentos que esgrimen, frente a la resistencia que presumen encontrarán en el mercado por  parte del consumidor final cuando se le invite a comprar algo sintético como sustituto más barato, frente a uno natural.





El precio es su principal arma. 
Hablan de que resulta entre un 30 y un 40% más barato que uno extraído de la mina. 
Es un porcentaje realmente tentador.





También emplean  el chantaje emocional, y obviamente desmesurado cuando se incluyen frases, malintencionadas a sabiendas, como esta: 

¿Podrían los diamantes de laboratorio acabar con las atrocidades del mercado de diamantes africanos?





La realidad es que solo el mercado dará respuesta a la gran pregunta; 

¿El comprador de un anillo de compromiso aceptará  la pérdida de la naturalidad a cambio de emplear menos dinero para un regalo que tiene un enorme componente emocional?





Un diamante sintético y uno natural son, química y físicamente,  exactamente iguales. Es indiscutible.





Pero, reflexionemos, ¿Realmente el comprador de un diamante piensa en comprar una porción de carbono puro cristalizado en el sistema cúbico? 
Si se tratase de algo así, las minas de diamantes. 
La producción de diamantes sintéticos es ilimitada, frente a las reservas, agotables, de diamantes en la naturaleza.





El comprador de un diamante, en general, está buscando algo cargado de un componente romántico. 





Esto solo se lo da ese trocito de carbono cristalizado al modo geológico, con todo su historial añadido, que se formó hace millones de años, que ha requerido una extracción de toneladas de fango y mineral para sacarlo a la luz.





Que es único, no hay otro igual.

Por eso pienso que los diamantes sintéticos tienen corto recorrido emulando a la naturaleza, salvo que se presenten como otra alternativa al diamante auténtico, como ya lo hicieron la moisonita, la zirconita, conocida como zircón en Latinoamérica, y otras muchas más gemas de diferentes precios, o incluso un vidrio bien tallado.





Hay cuadros de pintores renombrados que son copiados y los resultados son auténticos y perfectos clones.





El valor entre uno y otro no viene dado por los elementos que lo componen: aceite coloreado, tela de lienzo y algo de madera. 





El valor lo da el Autor.

Un diamante sintético no es falso, un sintético es simple y claramente una inmejorable IMITACIÓN de un diamante natural.





¿Qué Autor será más reconocido, buscado y valorado, la naturaleza, o un laboratorio industrial? 
¿Qué será  más apetecible, lo genuino o su imitación?





El tiempo nos lo dirá. 

Aunque, discúlpenme, tengo ya mi propia respuesta.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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