viernes, 10 de julio de 2015

LA CRUZ DE CARAVACA




Separando el matiz religioso que conlleva el símbolo, la leyenda es bastante curiosa. 
La comparto desde el punto de vista de un joyero y sin querer entrar en discusiones religiosas.





Cuenta la tradición desde la Edad Media, que la Cruz de Caravaca es la verdadera cruz, el leño donde fue crucificado Jesucristo. 
Los templarios la llamaban Vera Cruz. Hay distintas versiones que relatan el encuentro de esta reliquia por Santa Elena o por su hijo Constantino en el siglo IV.
Lo que parece estar claro es que perteneció al patriarca Roberto de Jerusalén, primer obispo de la ciudad santa después de ser conquistada a los musulmanes en 1099 durante la Primera Gran Cruzada. 
Y en 1231 empieza la parte interesante, la cruz aparece milagrosamente en Caravaca.





Reinaba Fernando III el Santo en Castilla y León y Jaime I en Aragón. El reino taifa de Murcia estaba regido por el famoso Ibn-Hud, que se reveló contra los almohades y dominó gran parte de Al-Andalus. Caravaca era en aquel momento dominada por los musulmanes.


 


Ceyt Abuceyt, rey almohade de Valencia y Murcia, se encontraba en sus posesiones de Caravaca interrogando a los cristianos prisioneros para conocer sus oficios y atribuirles una ocupación en consonancia con sus habilidades. 
Entre ellos estaba el sacerdote Ginés Pérez Chirinos, misionero en tierras sarracenas donde predicaba el Evangelio. Quien respondió al rey moro que su oficio era el de decir misa. 
Ceyt Abuceyt sintió curiosidad y ordenó al prisionero dar pues una misa. Para ello, se mandaron traer los correspondientes ornamentos y el 3 de mayo de 1232, en la sala noble de la fortaleza, el sacerdote comenzó la liturgia, pero enseguida se detuvo. 





Faltaba un elemento imprescindible en el altar: un crucifijo.
Se produce entonces el milagro. Dos ángeles descendieron desde el cielo y depositaron delicadamente una cruz de doble brazo en el altar. El sacerdote continuó con la Eucaristía y, ante tal acontecimiento, el rey moro se convirtió al cristianismo.






Posteriormente se documentó que la cruz aparecida era el pectoral del obispo Roberto de Jerusalén, confeccionado con la madera de la Cruz donde murió Jesucristo. 





Parece ser que dichos documentos desaparecieron, por lo que la historia tilda el acontecimiento de leyenda. 





A partir de la histórica aparición de la cruz en Caravaca, surgió el nacimiento de las órdenes militares para luchar por la Reconquista. 
Los cristianos que llegaban al pueblo se sentían tocados y cobijado por una fuerza sagrada. 





Muchos liberados del cautiverio acudían a depositar sus cadenas como exvotos a la pequeña capilla interior del castillo, en donde los Templarios custodiaban la Cruz.






Desde entonces, es costumbre regalar una Cruz de Caravaca en el pueblo como muestra de amor. 





La Cruz de Caravaca tiene un poderoso significado de protección y buenos augurios. Actualmente, muchas personas en distintas partes del mundo, aun no siendo cristianas, conservan una Cruz de Caravaca en plata o en oro, ya que siendo un regalo, otorga protección contra todo tipo de males, protege al hogar y a sus habitantes, rechaza las malas energías y los daños, y tan importante en los tiempos que corren… protege la economía familiar y brinda prosperidad.





Fernando Gatto
Kaia Joyas Uruguay

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